Mario Riorda: “hoy la Argentina necesita consensos parciales y sectoriales”

Lo que pasará con la política tras la pandemia, según el consultor.

25 Jul 2020 Por Marcelo Aguaysol
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PERCEPCIÓN. Mario Riorda dice que en el oficialismo puede haber tensiones, pero no fracturas expuestas.

Hay vida política después de la pandemia, pero son inimaginables las derivaciones que podrá tener la covid-19 en el futuro argentino, en particular. Pero el mensaje de los políticos debe cambiar si es que pretenden tener cierta empatía con los ciudadanos, en general, y con el electorado, en particular. Porque, según considera el presidente de la Asociación Latinoamericana de Investigadores en Campañas Electorales, Mario Riorda, las instituciones, los gobiernos, las empresas y los partidos políticos no tienen la misma capacidad de aprendizaje que las personas en procesos de desastres o pandemias. De todas maneras, la Argentina ya venía cambiando su eje político: “pasó de ser un país con sistema bipartidista a otro con vocación bicoalicional”, dice el consultor y director de la Maestría en Comunicación Política en la Universidad Austral, en una charla con LA GACETA.

- ¿Cómo se está planteando el discurso, en tiempos de pandemia, dentro del Gobierno nacional?

- Cuando el presidente, Alberto Fernández, mantuvo una agenda de corte personal, asociada a su estilo, antes o en la propia pandemia, le ha ido mejor que cuando intenta mantener una agenda de corte polarizante. En esta orientación, cuando se da un contenido de altos niveles de polémica, tiende a reducir su nivel de aceptación popular. Pero tiene otras derivaciones. Causa tensiones y, por lo tanto, aquel que está al costado de la grieta deja de percibir con la misma credibilidad a la fuente, a la voz oficial, respecto del riesgo que está corriendo en estos tiempos. Por lo tanto, se torna menos eficaz la gestión del riesgo. Lo segundo es que cuando una agenda polemiza, causa ira y situación de potencial conflictividad, de afectación emocional en toda la ciudadanía. Entonces eso no es bueno ni para esa ciudadanía ni para el Gobierno, que además cede la agenda a los sectores opositores, preferentemente los más radicalizados que no tienen responsabilidad de gestión.

- ¿Y qué sucede con el discurso y con la agenda de la oposición?

- No lo tiene y no lo tendrá. El oficialismo mismo sufre tensiones, que son normales. Una cosa es la tensión y otra la fractura expuesta, que se vuelve más traumático en el proceso de rearmado. Cualquier sistema de partidos coalicionales, como los existentes en la Argentina, tendrá esas tensiones, que no son excepcionales, sino rutina si el sistema de partidos políticos se mantiene así. A nivel de la oposición, la situación es más cruda que la del oficialismo, ya que no tiene la necesidad de garantizar la gobernabilidad. Por lo tanto, se evidencias diferencias más fuertes en las que se potencian las voces más radicalizadas, en los sectores más duros de la oposición, que generalmente no pagan los costos como sí los pueden pagar aquellos sectores más centralizados, que no apuestan a los discursos duros. Y allí surgen las evidentes diferencias como la de Mauricio Macri o Patricia Bullrich, del lado más radicalizado, respecto del jefe de Gobierno porteño, Horacio Rodríguez Larreta, que tiene necesidades de sostener la gobernabilidad. En suma, no hay una sola oposición, sino múltiples oposiciones que, tal vez, en el futuro confluyan coalicionalmente. Pero ahora no están articuladas, ni coordinadas; son autónomas.

- ¿Cómo es que el sistema bipartidista argentino pasó a ser bicoalicional?

- El sistema bipartidista puede tener, en general, liderazgos claros, pero en los biocoalicionales esos liderazgos también pueden ser compartidos, tanto en el oficialismo como en la oposición. Y esto es una rareza. En la Argentina actual, daría la sensación de que una coalición está unida por un solo líder. Pero vemos que en el oficialismo hay dos figuras (Alberto Fernández y Cristina Fernández de Kirchner) o tal vez tres, si sumamos a Sergio Massa. En la oposición, asoman liderazgos múltiples, sabiendo que el último ha sido Macri.

- ¿Qué vida política hay después de la pandemia?

- Es inimaginable. Uno de los elementos más significativos, pero no el definitivo ni el único para la vida política futura está asociado a los oficialismos en el mundo, como variable independiente, es qué tan bien o tan mal le puede ir al gobernante en la gestión de la pandemia. Están más expuestos que otros. En la Argentina, el oficialismo está en esa situación, pero el presidente de la Nación -de acuerdo con las mediciones- está mejor considerado, con mejor imagen y una valoración positiva de su gestión frente a la pandemia.

- ¿Detrás de Alberto Fernández asoma el liderazgo de Cristina Fernández de Kirchner?

- No está detrás. Los opositores tiene esa percepción. Pero en el oficialismo señalan que está al lado, independientemente de las tensiones que puedan vislumbrarse entre ambos. Las tensiones son ruidos, pero no fracturas. Es bastante difícil pensar que una coalición fresca y nueva tienda a crujir innecesariamente, menos en una situación tan delicada como la que está viviendo la Argentina con esta pandemia del coronavirus. Creo que Cristina Fernández no echaría por la borda sus potenciales atributos de un día para el otro para complicar la gobernabilidad de una coalición que ella misma gestó.

- Mencionaste atributos, y la Argentina, en estos momentos, necesita recuperar dos en particular: la palabra de sus gobernantes y la confianza frente al resto del mundo, como el caso de la reestructuración de la deuda...

- La palabra es acción política. Construye escenarios y la confianza es un efecto. Creo que el Presidente goza de cierta confianza hoy, en lo institucional, por la gestión en tiempos de pandemia, que le ha dado su máxima aprobación. La política es tribal que se basa mucho más en atributos emotivos e ideológicos que racionales. Independientemente de lo que haga el Presidente, no depende tanto de su gestión, sino de las percepciones previas de cada ciudadano.

- La pregunta que se hacen los argentinos al observar la situación política y económica: ¿hacia dónde vamos?

- Como cualquier otro país, hacia una etapa de reconstrucción. En estos momentos no hay espacios para otro tipo de discursos que no sean el de rehacer, con ejes en los propósitos programáticos. En ese rehacer probablemente se reforzarán algunas cuestiones, como la necesidad de darle más asistencia a sectores vulnerables y una cantidad de etcéteras por secuelas de la pandemia, con la crisis económica y social que derivará de ella. El mundo no vivió antes una pandemia equivalente a lo largo de los últimos años. En la Argentina, no me imagino un gran plan para solucionar todo para hallar la salida a una crisis de semejante magnitud. Uno debe ser realista.

- Pero se necesitarán más consensos para ese proceso de reconstrucción...

- Consensos parciales, precisamente por la inestabilidad y el desconocimiento acerca del futuro. Estamos en una situación de pura anormalidad. El país necesita de acuerdos realistas, como el que se evidenció cuando todas las fuerzas políticas y la totalidad de los gobernadores (salvo San Luis) salieron a apoyar el plan oficial para reestructurar la deuda. Eso es bien visto por la sociedad y es realista. Pero ponerse a planear en un solo acuerdo lo que Argentina tendrá que hacer en los próximos dos años, me parece una quimera. Hoy se necesitan consensos parciales y sectoriales.

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