En Amaicha: la tecnología trepa los cerros a lomos de mula

La película “Señales de humo”, nueva producción de Luis Sampieri, se estrena en Cine.ar y revela cómo internet cambió la vida de los habitantes del valle.

16 Jul 2020 Por Ricardo Reinoso

Los tres jinetes que trepan la montaña se asemejan a personajes de un western. La antena parabólica que llevan cargada sobre una mula parece anacrónica y fuera de contexto. Es un signo de la tecnología de la nueva era, que ha llegado hasta el último rincón del planeta pero todavía depende de la destreza de los baqueanos. En Amaicha del Valle, la cámara de Luis Sampieri ha urdido una historia (aventura) documental que retrata la vida de la comunidad y sus interacciones con la telefonía celular e internet. Mientras los lugareños continúan organizándose socialmente según las tradiciones ancestrales, no dejan de chatear por celular o sufren cuando el servicio de la web está caído. La película “Señales de humo”, que estrena hoy Cine.ar, muestra cómo los antiguos códigos de comunicación (las señales de humo) que reinaban en medio de aquel paisaje de ensueño han quedado abolidos por el WhatsApp, pero no del todo.

La película del reconocido cineasta tucumano se proyectará hoy y el sábado a las 20 por Cine.ar TV, y desde mañana estará disponible en Cine.ar Play, gratis por una semana.

IMPONENTE MARCO. La belleza del paisaje brinda un espectáculo aparte en el filme.

En diálogo con LA GACETA, Sampieri comentó detalles relacionados con este filme y además adelantó otros sobre el proyecto que rodará en Córdoba cuando finalice la cuarentena.

- La belleza natural del valle es uno de los protagonistas de “Señales de humo”.

- Así es. El paisaje envuelve a los protagonistas y ellos están incrustados en ese paisaje. Lo que yo quería mostrar con la película era cómo el devenir de esta gente, que vive tan alejada de la ciudad, también depende de un aparato tecnológico. En el caso del protagonista, Mario Reyes, tiene que repararle el internet a un pequeño pueblo llevando la antena en el lomo de su mula.

- ¿Cómo nació la idea?

- La película para mí significó un reto y volver al lugar donde estuve cuando era un joven estudiante de fotografía. Tenía 18 años cuando conocí a Mario, hace tres décadas. Él, a lomo de su caballo, me llevó a hacer unas fotos al cerro El Negrito, junto a otros amigos. Fue una gran experiencia. Siete años después volví a contactarlo, cuando volví a Argentina después de vivir en Europa y me establecí cerca de Santa María, en el campo. Se me cortaba permanentemente internet. Cuando fui a la compañía proveedora del servicio me dijeron que tenía que esperar al arriero para que volviera a conectar la antena. Ese arriero era Reyes. A partir de ahí nace la idea de hacer esta película. También están involucrados el artista Rodolfo Abella, que vive en Amaicha, los dos jóvenes que van chateando mientras cuidan las cabras y otras personas que transitan ese valle.

DESAFÍO. El clima de la montaña puso a prueba al equipo de filmación.

- ¿Qué cambió en esas tres décadas?

- Nuestras sociedades se han vuelto extremadamente dependientes de lo tecnológico. El filme muestra hasta qué punto eso incide en un pueblo totalmente alejado. En 30 años cambió muchísimo el lugar. Cuando fui por primera vez casi no había celulares y todavía internet era una palabra desconocida. Cambió el mundo, cambiamos nosotros y estos cambios se aceleran a una velocidad frenética. La película hace un anclaje en lo ancestral y en la naturaleza. La presencia de los animales está muy marcada. Por ejemplo, los burros como una especie exótica y dañina para la zona, porque van comiendo la base de los cardones y a causa de eso se destruyen muchos años de historia. Un cardón tarda casi siglos en crecer.

-¿Hoy está en auge la docuficción?

- Sí, ya hay una línea pequeña entre el documental y la ficción. Creo que avanza porque es un género accesible dentro de la producción. En cambio, producir una ficción es muy costoso y lleva mucho tiempo, a veces años. Ahora me encuentro, justamente, en la fase de preparar mi quinta película, que se titula “Piel”. Estaba a punto de iniciarse el rodaje cuando la pandemia nos detuvo. “Señales de humo”, más que una docuficción es un documental “intervenido”. Los personajes son reales y se muestran haciendo cosas que les son habituales. No quise que fuera un documental de entrevistas ni folclórico, sino darle un matiz cinematográfico con esa imagen de los chats en la pantalla, por ejemplo.

- ¿Hay cosas comunes con otras de tus películas?

- En cierta forma se vinculan todas mis películas. Por ejemplo, “Cabecita rubia” (de 2000) fue filmada en el desierto de La Rioja. Fue un proyecto bastante loco que hice a los 28 años y creo que quedó bastante honesta y potente. Tuvo su recorrido por festivales de todo el mundo. Era una banda de freaks que iba por el desierto, es decir personajes incrustados en un paisaje. Cuando hice “Fin” (2010) en España había una imagen que me había llamado mucho la atención cuando hacía fotos en Amaicha: los autos tapados en el medio de la nada. La usé en “Fin” como ámbito para la escena en que dos adolescentes se encierran en un auto para llevar a cabo una terrible decisión. También en esa película estaba el vínculo con internet. Otra película, “La hija” (2015), fue realizada en Tucumán.

- ¿Sobre qué trata tu próximo filme?

- “Piel” es la historia de una mujer soltera que contrata a un hombre, vía on line, para quedar embarazada. Se encuentran, aparece un tercero en disputa y la trama se vuelve más compleja. La película se va a rodar en Córdoba, aunque había sido pensada para hacerla en Tucumán. Lamentablemente, no tuvimos apoyos acá pero sí en Córdoba. Con esto quiero recalcar que si no planteamos en serio un respaldo al cine en nuestra provincia, se hace muy difícil filmar fuera de Buenos Aires. Por ejemplo, para hacer “Señales de humo”, tanto yo como el productor y el coproductor hemos gastado muchísimo dinero en hotelería, en caballos, en muchas cosas. En Tucumán todavía no hay un estamento, algo como un polo audiovisual, que pueda generar y apoyar proyectos. Significaría un derrame económico para distintos sectores.

- Los personajes del arriero y el ingeniero recuerdan un poco a “Dersu Uzala”, de Kurosawa.

- Gracias, es una comparación extrema con semejante obra maestra, pero es verdad que soy fanático de ese cine que muchos quieren enterrar como “viejo”. Y no es así. Ese cine del relato, de esos paisajes y de esos personajes que luchan contra las tormentas. Un referente importante para mí fue Abbas Kiarostami y una película fundamental, “Bajo los olivos” (1994), que la llevo en el alma. Es la historia de amor de una pareja, en Irán. Y también tuve presente la película de Akira Kurosawa.

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