Una cuarentena embarazada y sin poder volver a su casa

La historia de Connie Sagripanti, una poeta tucumana que no puede volver a su hogar.

15 Jul 2020 Por Lucía Lozano
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EN CARLOS PAZ. En esta imagen ya se le nota la pancita a Connie Sagripanti. Abajo, con su pareja, cuando estaban en el sur en verano, antes de que los sorprendiera la cuarentena lejos de su hogar.

Cuando el coronavirus ni siquiera era una noticia lejana, Connie Sagripanti y su pareja, Federico Guevara, emprendieron un viaje hacia el sur país como mochileros. La idea era difundir la poesía de ella y trabajar como voluntarios en el transcurso del viaje, y también aprender sobre permacultura. Estaban en Bariloche cuando se enteraron de que iban a ser papás. Decidieron irse a El Bolsón. Estaban emocionados aún por la noticia del embarazo cuando escucharon la palabra cuarentena. En pocas horas todo se transformó. Estaban lejos de casa y sin trabajo. Ni siquiera tenían un techo. Ni abrigo. Y no podían volver.

“Al principio fue muy traumático. Como madre primeriza me invadieron muchos miedos. Ni siquiera podía ir a hacerme un control al hospital, ni una ecografía para ver que estuviera todo bien. Por suerte, unos vecinos nos ayudaron un montón. Nos dieron lugar en su cabaña y abrigo. Gracias a unos contactos nos pudimos trasladar hasta Córdoba en mayo. Llegar a Tucumán hasta ahora nos ha sido imposible”, cuenta la joven futura mamá, que cursa la semana 23 de embarazo y tiene fecha de parto para la primera semana de noviembre. En estos días, ella y su pareja están en Carlos Paz y han empezado a vender productos de alimentación saludable para subsistir.

Combo de sensaciones

Dudas. Temores. Explosión hormonal. Mayor sensibilidad. A todas las sensaciones que genera estar embarazada se suman la pandemia y el aislamiento. Como si este combo no fuera suficiente, Connie está lejos. “Eso es todo un tema. Hay veces en que me siento muy sola, porque es un momento súper especial en mi vida. Además, a mi familia no la veo desde el año pasado, cuando iniciamos el viaje hacia el sur, y es la primera vez de mis padres como abuelos, entonces hay una sensación de querer compartir con ellos”, explica.

Gracias a la tecnología puede acercarse a su gente. “Entre mi círculo de amistades me siento recontenida porque nos relacionamos por medio de las artes, estamos en grupos de poesía y suelo participar de varios eventos virtuales, eso nos hace muy bien porque nos sentimos cerca. ¡Seguir recitando poesía me mantiene viva y feliz!”, cuenta Connie, quien ha decidido escribir un diario de embarazo.

Connie Sagripanti, con su pareja, cuando estaban en el sur en verano, antes de que los sorprendiera la cuarentena lejos de su hogar.

“Empecé el diario cuando quedamos varados en El Bolsón y nos invadió esa incertidumbre de no saber si íbamos a volver a nuestra casa, y sin saber qué iba a pasar con nuestra idea soñada de ser padres. Un poco para descargar y contar nuestra experiencia pero otro poco también para contarle a este bebé el momento especial en el que está llegando”, detalla.

Aún no saben el sexo del bebé. Por eso, han decidido ponerle un nombre neutro, Limay. “Elegimos ese nombre porque la primera vez que me metí al río Limay, en Neuquén, sentí una sensación muy extraña. Y luego confirmamos en Bariloche el embarazo”, cuenta Connie.

Lo primero que hizo para sentirse menos sola fue buscar una partera, Ana Lipoveski. “Sentirme acompañada emocional y físicamente por una partera es algo que en un momento como este es más que importante, sobre todo cuando estoy lejos de mi ciudad y de mi círculo más cercano. Las parteras o comadronas tradicionalmente acompañaron a las mujeres gestantes y madres en todo el proceso, algo que de a poco se fue perdiendo y terminó convirtiéndose en una actividad de rutina en hospitales y sanatorios. En mi caso, cuando voy a hacerme los controles en el hospital me toca ir sola igual que a las ecografías. Esto es un poco triste porque es algo para compartir con la pareja y sumado a que el trato es indiferente, muchas veces hasta me sentí atacada”, confiesa.

Connie no tiene miedo de la enfermedad del momento, la covid-19. “Muchas veces me invade la angustia, lloro porque me da bronca cómo se dieron las cosas o porque me hubiese gustado darle un embarazo más tranquilo a mi bebé, pero me tranquiliza saber que con mi compañero estamos dando lo mejor de nosotros para salir adelante con mucho amor y recibirlo de la mejor manera que podemos: un parto en casa”, cuenta. Admite que nunca sintió tanta incertidumbre en su vida. Pero está llena de esperanzas de que todo puede mejorar. “Recitar poesías con mi bebé adentro es lo que siempre quise, y espero ansiosa el momento de tenerlo en mis brazos para presentarle todos los lugares maravillosos que existen. Este nacimiento que viene también es el nuestro”, resume.

“Feliz y al mismo tiempo triste”

No son pocas las historias de mujeres embarazadas a las que la pandemia las dejó lejos de su casa e incluso de su pareja. Adriana Beramendi es una salteña que viajó a Buenos Aires a hacer un trámite y allí la agarró la cuarentena. No pudo volver. Además, como presentaba un embarazo de alto riesgo y esperaba cuatrillizos, no tuvo más opción que tenerlos allá. Los bebés fueron sietemesinos: nacieron el 7 de mayo, en el día 58 de confinamiento. El papá de los pequeños es chofer y quedó varado en Bolivia. “Fue un momento muy feliz y al mismo tiempo triste porque estoy lejos; mi esposo conoció a sus hijos por foto y no tiene idea de cuándo podrá alzarlos por primera vez”, contó a LA GACETA la joven madre, de 24 años.

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