El Ojo Crítico: “Mucho, mucho amor”

No está a la altura de un gran personaje.

13 Jul 2020 Por Nicolás Iriarte
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WALTER MERCADO. El excéntrico astrólogo, una celebridad en los 90, es protagonista del documental.

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DOCUMENTAL / POR NETFLIX

Walter Mercado y su documental se paran frente a nosotros. El primero lo hace entre los 80 y los 90 y el segundo, en 2020 (“Mucho, mucho amor” fue estrenado el último miércoles). Aún con las décadas de diferencia, parecen despertar la misma sensación al tenerlos en frente: una estética increíble y un contenido algo vacío. ¿Puede una película biográfica mimetizarse con su personaje? ¿O en realidad es una obviedad que eso suceda?

Walter Mercado fue un astrólogo puertorriqueño con un alcance sorprendente. Sus consejos llegaron a todas partes de Latinoamérica, Estados Unidos y Europa. De hecho, condujo el primer programa de televisión exclusivo de astrología del continente. Su perfil excéntrico, su vestimenta colorida y su maquillaje luminoso llamaban la atención y completaban el personaje. “Mucho, mucho amor” era la manera en la que él se despedía, primero de las columnas astrológicas en programas a los que lo invitaban, y luego, de su propio show.

¿Y cómo nos ayuda el “amor” soplado de una mano como lo hacía Mercado? Segundos antes hablaba de cada uno de los signos e intentaba dar los consejos pertinentes.

Tampoco es que tenía mucho más que “amor” para dar. Energía, buena vibra y la ayuda de Dios (fervoroso creyente) eran su repertorio. Nada nuevo. Da la sensación de que el estudio de los astros (aún para los descreídos) implica mucho más que palabras “clave” lanzadas estratégicamente.

¿Y por qué el documental nos provoca algo similar? Así como Walter encandilaba con sus enormes y coloridas capas de superhéroe astrológico (clásicas en él), la película -dirigida por Cristina Constantini y Kareem Tabsh- llena los ojos con una ola de recuerdos noventosos y kitsch, la misma ola en la que se movía Walter. En ella surfean imágenes de personajes como Don Francisco, la famosa conductora de talk-shows Cristina, el recuerdo de Gloria y Emilio Estefan, informes del programa E! Entertainment Television y -atentos- una foto de Mercado con “Palito” Ortega. ¿Como no enamorarse y sentir nostalgia de esa época y de su memoria?

Pero lamentablemente no pasa eso. El documental no aporta mucho más. Los climas que quiere generar no son logrados, aún apelando a una fórmula sencilla como el clásico relato del regreso del ídolo caído. Por un momento nos preguntamos si es todo una broma o parte de lo que hoy llamamos “consumo irónico”. Y nada más lejos de eso en la vida de Walter. Quienes lo “consumieron” lo hicieron seriamente, con devoción y fanatismo.

De hecho, los entrevistados señalan la influencia positiva que tuvo en ellos, y sobre todo en los homosexuales. Llevar con soltura y sin ningún tipo de vergüenza (teniendo en cuenta la época) esa impronta tan femenina que tenía Mercado, para algunos fue inspirador. “Crecer como queer y ver a Walter Mercado me dio esperanza”, confiesa un activista por los derechos LGTB de Puerto Rico.

Que todo esto no termine de estar bien reflejado ni impacte como debiera, lamentablemente es responsabilidad de los directores. El último homenaje que le hacen a Mercado en Miami, sobre el final de esta hora y media de recuerdos, es quizás el pico de la biopic: Walter en un trono, llevado en andas y rodeado por la exposición de sus capas más famosas.

Las dudas sobre su sexualidad recuerdan a las que había alrededor del cantante mexicano Juan Gabriel. El mensaje del documental es positivo en ese sentido ya que no lo toma como eje, pero sí intenta obtener al menos una declaración del protagonista. Al terminar tenemos el “amor” de Walter, pero no mucho más.

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