“Soy discapacitado y deseo igual que todos”

Los prejuicios dificultan que las personas con diversidad funcional gocen de sus derechos sexuales y el ejercicio de una vida afectiva integral.

12 Jul 2020 Por Guadalupe Norte
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OMS. En 2019, creó una guía para fomentar la salud sexual y reproductiva de las personas con discapacidad.

Aunque pasaron seis años, Samia Molina aún recuerda vivamente el día en que su exnovio la invitó a almorzar en familia. Cualquier atisbo de emoción se le borró al bajar del auto y ver las caras de sorpresa. “Nunca me dijiste que tu pareja era... especial”, comentó la madre dirigiéndose exclusivamente a su hijo.

“Cuando era adolescente tuve un accidente vehicular que me dejó hemipléjica. En esta época recién estaba reconciliándome con mi cuerpo y sus palabras me desajustaron. Incluso el padre le recriminó que a futuro yo no estaba capacitada para ser madre. Duré dos años con Fabián y en ese tiempo ellos nunca vieron otra cosa que mi silla de ruedas”, lamenta la abogada.

Víctima de aquel dedo social que juzga y limita, la historia de Samia es apenas un relato más de los tabúes que condicionan los vínculos sexo-afectivos de las personas con discapacidad. Los prejuicios giran en varias direcciones y conllevan a que se las deje al margen del deseo erótico.

“Una de las creencias frecuentes es que las personas con diversidad funcional son asexuadas o no piensan en sexo porque sólo necesitan cariño. Al contrario, como cualquiera, tienen sus fantasías y necesidades. Y muchas veces deben pasar por serias barreras para obtener alguna experiencia sexual. Además de que por la falta de educación sexual están expuestos a riesgos físicos y psicológicos” comenta la sexóloga Mileva Pavicich.

En esta línea, los casos de abuso y de violencia sexual hacia este sector son notables. Y se remiten a un histórico juego de jerarquías de poder o de dependencia económica y física. Para Adrián Bautista la recurrente (y errada) mirada está en una imagen de inocencia o de “niñez/infantilismo eterno”. Motivo por el cual muchos se horrorizan al pensar en la autoexploración corporal.

“En mi caso veo bastante temor a la fragilidad. Lo que se traduce en preguntas como ¿será que él entiende de romanticismo? ¿Podrá abrazarme? O, si encaro y le digo que es lindo, ¿sabrá a qué aplica el término aunque sea ciego?”, explica el conductor de televisión. En otras instancias, acepta que los comentarios rozan lo absurdo. “Hay quienes tienen miedo de salir con gente discapacitada por la crítica de terceros. Cómo si fuéramos unos bichos raros que no supiéramos demostrar cariño y contención”, recalca Adrián.

Primero, la información

En un trabajo de investigación a cargo del Inadi -titulado “Sexualidad sin barreras”- entre los calificativos negativos se señala a la gente con discapacidad cognitiva o intelectual como hacedores de una sexualidad impulsiva e incontrolable.

Al respecto, Pavicich enfatiza que la otra cara de la misma moneda es la falta de educación sexual. “El comentario surge a causa de los niños o adolescentes con retraso madurativo o síndrome de Down. Ellos tienen conductas que socialmente son interpretadas como impulsivas. La ESI sirve para que comprendan el significado de lo público y lo íntimo. Y también para que la sociedad pueda interpretar estas reacciones espontáneas sin cargarlas con el tinte de perversión”, aclara la presidenta de la Fundación para la Salud Sexual.

Acorde a las métricas que manejan las empresas del rubro pornográfico, cada año el consumo de material XXX aumenta, al igual que lo hacen las categorías discriminatorias o fetichistas en las mismas webs.

“Es otro problema porque la pornografía en que se muestra a personas con discapacidad suele ocupar el lugar del morbo. Está la idea de que (por ser críticos con los videos de cuerpos hegemónicos) debemos conformarnos con este lugar que invisibiliza y espectaculariza a la discapacidad. La hace una mercancía en sí misma, pero de segunda mano, en la cual lo raro es lo que se debe consumir”, increpa el comunicador social Sebastián Castellano (padece miopatía nemalínica y es electrodependiente).

Desde hace un tiempo, él se dedica a dar charlas sobre el tema en ferias y plataformas digitales dedicadas al erotismo. “Hay espacios que habilitan el deseo de las personas con discapacidad como las producciones independientes. Aunque igual siguen en el sendero de la sexualidad especial o aparte, cuando debería ser para todos”, recalca el periodista.

Los limitantes aparecen en las relaciones de pareja. “Cuando tenés discapacidad se construyen expectativas que la sociedad tiene hacia vos. Entre ellas están las formas de vincularnos con otros. El concepto es que los cuerpos ‘anormales’ se agrupen entre sí para no alterar la norma. Por eso las personas sin discapacidad no pueden sentirse atraídas por nosotros, como si tuviéramos un atisbo de belleza que fuera percibido sólo por aquellos cuyos cuerpos son sufrientes, imperfectos y rotos”, reflexiona.

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