Talentos ocultos y antiguas pasiones que se destaparon durante los días de encierro

El confinamiento por el avance del coronavirus fue para muchas personas una oportunidad para aprender y desarrollar nuevas expresiones artísticas.

12 Jul 2020 Por Lucía Lozano

Podrías ser un gran cantante. O tener un don natural para la actuación. Tal vez en tu interior se esconde un gran poeta. Todos tenemos fortalezas que no explotamos porque seguramente no las hemos identificado. O porque hemos priorizado otras. Hasta que un día decidimos explorarnos mejor. Y darnos una oportunidad.

Es lo que le pasó a Kikín Díaz: pasó de cantar en sus caminatas callejeras a ganar un show musical. Eliana Fernández no sabía que su cuerpo poseía tanta facilidad para bailar merengue. Y Romina Paz descubrió ser una gran relatora de cuentos: por medio de su celular esparce la magia con las ficciones que ella misma inventa para que escuchen todos los niños de su familia.

Todas estas historias tienen algo en común. Sus protagonistas son tucumanos que han pasado el aislamiento obligatorio tratando de aprender algo nuevo, retomando proyectos abandonados o antiguas pasiones. En el camino destaparon un talento que tenían oculto.

Es común que por el vértigo cotidiano no nos demos tiempo para pensar qué es lo que nos gusta, qué actividad podríamos probar y descubrir que somos realmente buenos en algo, explica Nancy Pedro, docente de canto y gestora cultural. Es por eso que la disponibilidad de tiempo fue el puntapié inicial que llevó a muchos a contactarse con su propia creatividad. Y, en ese sentido, una gran cantidad de gente se inclinó por el arte.

PARA CANTAR. Nancy Pedro es una de las docentes del Ingenio Cultural.

“Tal vez por eso que tiene el arte, que calma y tranquiliza. La música y la danza fueron grandes ayudas en estos días de encierro. La posibilidad de acceder por la televisión, el celular y las redes sociales a los recitales en vivo, videos y talleres hizo que las puertas de acceso se multiplicaran. Y mucha gente que no se animaba a aprender algo nuevo ahora lo hizo. He visto a muchos tejiendo, cantando, pintando”, enumera Pedro.

Directo a las tablas

La vida de Karen Sparr se puso en pausa, de repente y sin aviso, por la cuarentena. Tuvo que cerrar su centro de estética y empezar a remarla para sobrevivir: pasó a vender barbijos, termómetros infrarrojos, alfajores y aceite de oliva, entre otras cosas. Lejos de desesperarse, aprovechó para incursionar en algo que había quedado muy lejano en el tiempo: la actuación.

“Cuando era chica estudié teatro con Lito Cruz. Pero nunca había explotado esa faceta de actriz. La verdad es que la estaba pasando mal y decidí abrirme una cuenta de Tik Tok para pasar el rato y divertirme. Me sorprendió la cantidad de gente que se empezó a sumar y a darme mensajes positivos. Eso me motivó a hacer más videos”, cuenta Karen (43 años), dueña de un don especial para los relatos humorísticos.

También subió sus videos a Facebook e Instagram (@karensparr), donde alcanzó una repercusión increíble. “Jamás me había pasado algo así -admite-. Evidentemente la cuarentena y el poner la energía en otras cosas hicieron que de golpe se destapara obligadamente este talento que tenía muy oculto y que disfruto muchísimo. Al principio sentía algo de inseguridad, me preocupaba lo que iban a pensar los demás. Ahora, es mi terapia; un momento en que me distiendo. Reinventarme y salir adelante fue la mejor decisión”.

Una gran sorpresa

Los teatros se cerraron y la vida hasta ahora conocida para el actor Kikin Díaz quedó en un stop impensado. El hecho de tener más tiempo lo motivó a hacer cosas que antes le gustaban y que las tenía olvidadas: por ejemplo, el bordado y la cocina.

“Mientras pasaban los días me preguntaba qué podía hacer. Algo que nunca había hecho era tomar clases de canto. Y cantar era algo que siempre me hizo feliz: hablo de hacerlo en la calle mientras caminaba o mientras cocinaba en la casa. Así fue que me anoté en un taller que dictó Cecilia Paliza. Alentados por ella, iniciamos una especie de competencia entre los compañeros que compartimos los dos meses de clases”, detalla.

Para su sorpresa, tenía un talento oculto: una voz digna de escenarios. Luego de interpretar “New York New York”, recibió la mayoría de los votos del público.

“Para mí la cuarentena fue una gran oportunidad para hacer esas cosas que uno no se anima, aquellos hobbies o pasiones que por falta de tiempo no les podemos dar la importancia que merecen”, resume a sus 31 años, quien ahora seguirá perfeccionándose en canto y ya proyecta hacer su propio show musical.

CONVOCANTE. Danzas populares de la región en “Soy Latinoamérica”.

El deseo está en todos

El músico Emanuel Molina cree que todos tenemos, en algún lugar, guardado el deseo de hacer algo creativo. “Lo que seguramente nos falta a muchos es el tiempo y la oportunidad de percibir nuestra sensibilidad y así poder proyectar lo que queremos”, sostiene el artista, a cargo del taller de composición musical que se dicta en el marco del programa “Misión: quedate en casa”, del Ministerio de Desarrollo Social de la Provincia.

“Por eso este período fue una gran oportunidad. Cada uno de nosotros tuvo que encontrar formas de acallar el espíritu. Para muchos, el día se hacía demasiado largo”, explica el docente, y confiesa que él también se decidió a estudiar dibujo porque era algo que tenía pendiente en su vida.

En el caso de la música, para la gente significó expandir sus horizontes, basados en que la idea no es hacer una gran obra de arte, sino aprender cosas nuevas y crear algo que nos conecte con nuestro interior.

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