Su hermano fue asesinado hace 17 años y el juicio se suspendió ocho veces: "que se pongan en nuestro lugar"

Adriana Miguel, hermana de la víctima, espera que el debate comience por fin este lunes.

11 Jul 2020
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LA VÍCTIMA. Oscar Miguel tenía 22 años cuando lo asesinaron, en 2003. Foto: Gentileza familia Miguel

Cuando a Oscar Miguel lo mataron de una brutal golpiza, cerca de las vías del ferrocarril de la Villa Obrera, Julio Miranda estaba terminando su gestión como gobernador de Tucumán. Faltaba un año para que Lionel Messi -todavía adolescente y casi desconocido- hiciera su debut en el Barcelona. Los celulares con cámara eran un lujo que se daban sólo en los países de avanzada. Ni siquiera existían el kirchnerismo y el macrismo. El mundo cambió de manera drástica en estas casi dos décadas. Lo único que permanece inalterable es el reclamo de justicia de la familia de la víctima.

Adriana Miguel, hermana mayor del joven, espera que por fin el juicio oral y público en contra del único acusado, José Rodolfo Acosta, se lleve a cabo este lunes. Sobre todo porque, a nueve días de cumplirse 17 años del homicidio, el presunto responsable por el crimen podría quedar en libertad por el vencimiento de los plazos procesales en el dictado de la prisión preventiva. “Lo único que pedimos es que miren una vez nuestra situación. Son casi 20 años. Y nuestra vida se paralizó en el momento en que mataron a mi hermano”, expresó la mujer, en diálogo con LAGACETA.com

- ¿Qué recuerda del día del crimen?

- Era el Día del Amigo. Ahora, el 20 de julio, se cumplen 17 años. A eso de las 7 de la mañana alguien fue a la casa de mis padres, en Villa Obrera (Tafí Viejo), a avisarnos que había un muchacho tirado en las vías del ferrocarril. Era a unas siete cuadras de la casa. Mi papá y otro de mis hermanos fueron a ver, y se dieron con la noticia más horrorosa de nuestra vida. Siempre mirábamos todas estas cosas desde afuera, sin pensar que pudiera pasarle algo así a alguien de nuestra familia. Y desde entonces vivimos con esta incertidumbre.

- ¿Cómo fueron estos años para ustedes?

- Desde que mi hermano fue asesinado, al otro día estuvimos en los tribunales. Había dos testigos que, desde el principio, lo señalaban a Acosta como el sujeto que lo golpeó hasta matarlo. Desde el principio se supo que había sido él. Y estuvo un año prófugo, hasta que lo encontraron. Pero fue terrible, porque siendo que ya había estado con pedido de captura, recuperó la libertad (por el vencimiento de la prisión preventiva). Ya en ese momento pensaba: ¿qué más tiene que pasar? Una persona que mata, que se sabe realmente quién es, ¿por qué dejaron pasar tanto tiempo sin dictarle la condena? Mi madre, a raíz de eso, quedó enferma. Nos destrozaron la vida. Yo tenía 30 años en ese entonces. Soy la mayor de mis hermanos, y por eso siento que tengo que llevar esta carga, para que Oscar descanse en paz. Su muerte fue horrible. Me quedé estancada ahí, porque para mí es como si hubiese pasado todo ayer. Y no tengo dudas de que somos muchísimas familias que no tuvimos respuestas, a las que los delincuentes destrozaron y siguen en las calles como si nada.

- ¿Alguna autoridad, de la Justicia o del Gobierno, los recibió para hablar del caso de su hermano?

- Nunca hemos tenido esa suerte. Sí quiero agradecer a la gente que atrapó a Acosta cuando estuvo prófugo. Pero jamás tuvimos esa fortuna de que alguien nos recibiera, o nos dijera: los apoyamos, acá estamos. Es una impotencia tremenda, supongo que por ser de bajos recursos nos tratan distinto, porque si fuésemos de plata, quizás sería otra cosa. Pero de todas formas no se entiende, estamos hablando de una persona peligrosa que ya estuvo prófuga de la Justicia. Y ahora, a casi 20 años (del hecho) y con los antecedentes que tiene, está en una comisaría (de Tafí Viejo), cuando debería estar esperando el juicio en la cárcel de Villa Urquiza. Y una piensa: pucha, un tipo que mató de esa manera, ¿por qué tiene esos privilegios?

- ¿Cómo vivieron el tiempo en que el acusado estuvo prófugo?

- Siempre dimos toda la información que teníamos. Siempre hemos sido nosotros, como familia, quienes investigamos dónde podía estar. Y de inmediato le avisábamos a la Policía. Fue un alivio cuando lo recapturaron. Pero en los próximos días podría llegar una fecha en la que, por lo que nos explicaron, podría quedar libre otra vez. Con mi familia sacamos un préstamo para pagar un abogado (Mario Mirra) y poder llegar al juicio. Estamos muy contentos con él, pero siempre por una cosa u otra, el juicio se suspende. El miércoles pasado tendría que haber comenzado de una vez por todas. Pero no sé qué pasó con el abogado defensor (Gustavo Morales), y otra vez lo pasaron para más adelante. Así nos tienen desde hace años. Ahora, el juicio debería empezar este lunes, a las 17. Estuve muy bajoneada por todo esto. Porque a mis hermanos, como soy la mayor, los considero como si fueran mis hijos. Nunca voy a superar este dolor, por eso es importante que se haga justicia.

- La sala II de la Cámara Penal contabilizó al menos ocho oportunidades en las que el juicio se suspendió. ¿Confía en que esta vez sí se llevará a cabo?

- Necesitamos que así sea. Mi hermano no se merecía lo que pasó. Nadie. Pero era de verdad una excelente persona. Él tenía sólo 22 años. Ni siquiera tuvo la oportunidad de formar una familia, de ser papá. Hasta esa posibilidad le quitó el asesino. Trabajaba por su cuenta, era jardinero, y si podía, ayudaba a los vecinos con lo que fuera. Nunca se metía en problemas con nadie. Eran otros tiempos, tampoco habían tantas cosas como hay ahora, pero ni siquiera era de salir. Por eso a nosotros nos dejó paralizados lo que le pasó. Su mejor amigo, que lo conocía desde la primaria, siempre lo está recordando. Lo veo a él y hacé de cuenta que estoy viendo a mi hermano, se me vienen todos los recuerdos a la mente. Para nosotros han sido 17 años durísimos. Por eso, tengo la esperanza de que esta vez las autoridades se pondrán en nuestro lugar y se hará justicia.

DOLOR. Los padres de Miguel exhiben una imagen de su hijo. Foto: gentileza Adriana Miguel

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