“Convivimos con más de 165 impuestos”

“La Argentina es un país que se caracteriza por vivir en déficit fiscal permanente”, dice el economista del Iaraf.

05 Jul 2020 Por Marcelo Aguaysol
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Argañaraz calcula que la emisión equivale a 5 puntos del PBI. lanacion.com

La competitividad de los países se mide en términos de carga fiscal. El costo de vida de los argentinos es más alto cuando el peso de los impuestos es tan alto como para que un asalariado formal deba trabajar medio año para pagar gravámenes y la otra mitad para sobrevivir con inflación. Las empresas toman en cuenta ese componente antes de adoptar una decisión de inversión. La Argentina está entre las naciones con mayor mochila tributaria. A tal punto que “convivimos con más de 165 impuestos” en todos los niveles (Nación, provincias y municipios), dice el economista Nadin Argañaraz. Desde el Instituto Argentino de Análisis Fiscal (Iaraf), este cordobés viene sosteniendo los serios problemas que tiene el país para salir del déficit. “La Argentina es un país que se caracteriza por estar en déficit fiscal permanente, no hay manera de sostener eso en el tiempo”, señala en la entrevista telefónica con LA GACETA.

-¿Cuántos impuestos pagamos los argentinos?

-Es el segundo año que en el Iaraf hacemos este estudio: cuantificamos cómo está compuesta la carga fiscal e identificamos 165 impuestos, a los que ahora hay que sumarle otros que surgieron a raíz de la covid-19 en algunas municipalidades y también en provincias. Sigue creciendo la carga impositiva.

-¿Cómo estamos respecto de otros países?

-Si bien todavía no tenemos estudios comparativos, debe resultar difícil encontrar un país que tenga tanta cantidad de impuestos como los tiene la Argentina. Probablemente lo haya, pero no abundan. Estamos hablando de un país federal que cuenta con más de 80 tasas municipales, 40 impuestos provinciales y una misma cantidad a nivel nacional.

-Viendo el último reporte, el Iaraf ha llegado a la conclusión de que se necesita trabajar la mitad del año sólo para pagar los impuestos…

-El grado de independencia impositiva está dado por la carga tributaria legal, es decir, la que termina incidiendo en un asalariado formal. Hay países que hacen este ejercicio a través de un indicador de recaudación efectiva, pero en nuestro caso lo hacemos con alguien que trabaja en blanco, que consume en blanco, que ahorra en blanco, que paga sus impuestos a la propiedad (casa y auto) y que se determina en función de un ingreso anual de esa persona. Para obtener el resultado, llegamos a la conclusión de que el peso de los impuestos termina por quedarse con el 50% de aquel ingreso. Esa es nuestra realidad que lleva a que exista una porción importante de la economía dentro de la informalidad. Probablemente ese escenario siga expandiéndose, pero deberíamos tratar de evitarlo.

-¿Por qué en otros países hay productos que, en ponderación, terminan siendo más baratos que en la Argentina, siendo aún de la misma marca y tamaño?

-Un claro ejemplo de lo que venimos sosteniendo: la elevada carga fiscal que tenemos. Por ejemplo, una vez hicimos un análisis sobre un producto específico (una gaseosa de primera marca) y vimos que el 52% de lo que paga el consumidor es impuesto. Y es el más elevado de la región que se traslada a más costos. Dado un mismo costo, el precio es mayor por la carga, sería la ecuación. Pero en los precios no sólo incide la carga tributaria; también los costos de logística, la mano de obra, entre otros. En todo esto, de nuevo, aparece la informalidad, la que te lleva a vender u obtener más ganancias, pero en un mercado negro.

-Para las empresas, para los contadores y hasta para cualquier contribuyente, la liquidación de impuestos suele ser una tarea compleja. ¿Se puede simplificar la estructura?

-La cuestión tributaria tiene que ir de la mano del rol del Estado en la economía. En otras palabras, tenemos que preguntarnos qué bienes públicos va a prestar el Estado, cuánto gasta, qué debería tener para lograr el mismo nivel de eficiencia del sector privado a la hora de desarrollar proyectos. Entonces, está la cuestión del gasto y la meramente impositiva. Mi hipótesis es que en la Argentina se está buscando financiar un gasto que prácticamente nunca lo logras. Por eso se crean impuestos o se aumentan los existentes y casi todos los impuestos nuevos, que se presentan como transitorios, terminan siendo permanentes. Entonces, el sistema es y seguirá siendo más complejo. Y vuelvo a la idea anterior: implícitamente, se alienta una mayor informalidad.

-Los tributaristas suelen decir que los impuestos están hechos para pagarse y que las tasas necesitan una contraprestación que las justifique…

-Desde el punto de vista económico, los impuestos causan desaliento en ciertas actividades cuanto más elevado son. Hacen al funcionamiento de la economía. Creo que es necesario hallar un mix que permita alcanzar objetivos. Todos queremos una economía que crezca y que sea inclusiva, que haya desarrollo y no sólo crecimiento económico. Tenemos que encontrar la manera de definir el rol del Estado, desde el punto de vista del gasto y del financiamiento. No es factible que, como ciudadanos, pretendamos que se cobren muy pocos impuestos y que el Estado brinde más servicios. La economía es la ciencia de la escasez; todo tiene que tener una lógica. La Argentina es un país que se caracteriza por estar en déficit fiscal permanente, pero no hay manera de sostener esto en el tiempo, porque de alguna manera, eso hay que ajustar. Y esto es con impuestos o emisión, que a su vez genera más inflación.

-Para financiarse, en tiempos de escasez de crédito y de pandemia del coronavirus, el Gobierno ha decidido imprimirle más velocidad a la emisión de dinero. ¿De cuánto estamos hablando?

-Hay una gran cantidad de emisión; calculo el equivalente al 4,5 o 5 puntos del Producto Bruto Interno (PBI). Eso es significativo. Todos los países están actuando de la misma manera, emitiendo plata para inyectar liquidez. El punto es que la Argentina viene ya con 30 meses de recesión y eso hace que debamos pensar en generar un consenso político para analizar cuál será la salida o el escenario pospandemia en aspectos socioeconómicos centrales para el país. Debemos saber ya qué medida tomaremos cuando la economía empiece a retornar a la nueva normalidad, porque aquella liquidez (sobreemisión) puede generar inconvenientes en materia inflacionaria.

-El FMI pronostica casi 10 puntos de caída del PBI para este año y un rebote de 3,9% para 2021. ¿Coincide con ese escenario?

-La economía argentina va a tener una salida, porque hubo una caída significativa. El tema es que será como una “V”, sino que será un proceso más lento. Probablemente en 2022 podamos recuperar los valores de actividad prepandemia. Insisto; no será una salida rápida porque no veníamos con una economía pujante que luego se cayó, sino con otra de tres años de recesión.

-¿Por qué cree que naufraga cualquier intento de debate de una nueva ley de coparticipación federal de impuestos?

-Porque es un juego de suma cero, en el que no hay manera que una provincia gane sin que la otra pierda. Me parece que la discusión primaria es más factible porque los gobernadores se pueden poner de acuerdo para esa discusión, pero en la secundaria todo es más complejo. Hay que encontrar mecanismos que garanticen que, al menos nominalmente, ninguno pierda. Juntos se puede hallar también el rol del Estado en la economía y el financiamiento en la distribución de recursos intergubernamentales.

-¿Pensar hoy en eso puede sonar utópico?

-Hoy no vemos voluntad alguna para este tipo de discusiones, pero creo que, en algún momento, la Argentina tendrá que hacer reformas, que sean sostenibles en el tiempo. De lo contrario, estaremos siempre expuestos a estos cambios cíclicos del “pare y siga”. Hace 10 años que estamos con la economía estancada.

-Entonces, ¿de dónde sacamos plata para cubrir el agujero fiscal?

-Plata no hay, Hoy todo es emisión de pesos. Creo que es esencial llegar a un acuerdo con los acreedores y de la mejor manera posible para el país. Pero si no lo logramos, será todo más complejo. El acuerdo es una condición necesaria, pero no suficiente para encarar una salida económica no tan traumática para la Argentina. Hace falta un contrato social que sostengamos en el tiempo.

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