¿Quién de los dos paga la cuenta?

Sea en pleno noviazgo o durante el matrimonio, a veces decidir cómo abonar los gastos compartidos se vuelve una pelea. Cortejo, convencionalismos y economía doméstica poscuarentena.

30 Jun 2020 Por Guadalupe Norte
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Recién llevan unos pocos meses de conocerse, pero la química es palpable en las miradas, el horóscopo, la cama y -ahora también- la mesa del bar. Lo penoso es que la cita de reencuentro acabará pronto y sólo resta esperar la cuenta. Ahí es cuando ocurre la batalla campal…

“Pago yo”, afirma el primer soldado. “Ya lo hiciste la otra vez”, contraataca el enemigo al observar con atención el ticket. “Vos invitás el postre”, sugiere la diplomacia. “A medias...”, insiste el bando opuesto mientras apunta al mozo con la billetera.

Parece una nimiedad, y sin embargo, el momento de abonar por algún consumo compartido es una de las situaciones que más incomodan a las parejas. “La búsqueda de igualdad de género, la deconstrucción del amor romántico y la cuarentena llevaron a repensar la noción de obligación/deber en una relación. Así, hay gestos que antes significaban amabilidad y ahora son tildados de hostiles al justificarse en prácticas machistas. Esto ocurre, por ejemplo, con los hombres que se empeñan en cubrir todos los gastos familiares porque 'les corresponde'”, explica la terapeuta de parejas Maira Lencina.

En el peor de los pronósticos el resultado son algunas lógicas “ilógicas” de pensamiento. Fabiana Camanio salía con Federico desde hacía un año. Para evitar que en estos meses la distancia entre Las Talitas y el microcentro tucumano les cortase el romanticismo decidieron irse a vivir juntos.

“Un día estábamos sumando las facturas y me sorprendió el total del cable. Federico tenía un servicio premium para los canales deportivos y el monto superaba los $ 4.000. Le dije que no pensaba pagar por eso porque jamás veía tele y encima detestaba el fútbol”, recuerda la médica.

El diálogo acabó en nuevas recriminaciones económicas. “Él me llevaba los martes hasta el hospital en donde trabajaba, a una media hora de nuestro departamento. Y sacó el tema de que nunca le había dado plata para el combustible”, agrega Fabiana. Al final, los importes fueron saldados, pero el lazo quedó roto.

Para el psicólogo Gabriel Callejas este esquema responde a microjuegos de poder recurrentes durante el distanciamiento social. “Hay mujeres que sienten que les deben a su pareja una recompensa por la 'generosidad' de actos como salir a trabajar (con las alertas de salud) y cumplir con el pago de las expensas o las cuotas de los préstamos ante la crisis económica. Lo peor: estas asociaciones suelen desencadenar en la satisfacción sexual”, enfatiza el especialista.

Además, Lencina insiste en que las masculinidades hegemónicas se llevan su parte de la tajada. “Los hombres ven como algo necesario demostrarle a su pretendiente que son autosuficientes y que pueden mantenerla. En nuestra sociedad, el consumo es sinónimo de bienestar y es frecuente que se asocie la comunicación de sentimientos a un valor monetario… Gasto en vos y los chicos porque te quiero”, acota la psicóloga.

La apuesta

Otra modificación importante en la dialéctica del convite (sea a ver Netflix o retomar las visitas nocturnas a cervecerías) es la cantidad que se invierte en la experiencia compartida. “Los jóvenes le adjudicaron al dinero un valor sentimental mayor y se nota una gran apuesta por los regalos a la distancia, las comidas costosas y los productos que acorten la brecha física”, describe el dating coach Javier Trivino.

El especialista destaca que las charlas sobre administración se intensificaron. “Puede que dividir y contar los billetes sea poco decoroso, pero en esta época evidencia una predisposición a la equidad y al esfuerzo por concretar las reuniones. La idea de que el coqueteo implica ser servidos ya quedó vetusta”, argumenta.

Excel de a dos

Los flechazos amorosos podemos dejárselos al azar de Cupido, no así la contabilidad doméstica. “El panorama de esta normalidad alterna hace que los novios deban ahora esclarecer cuál es su capacidad adquisitiva y optimizar la distribución de los gastos fijos”, comenta Macarena Santillán, experta en economía doméstica.

En busca de evitar dramas, la opción de preservar cuentas bancarias separadas y una con doble titularidad sigue siendo la alternativa por excelencia. Por lo demás, hay que evitar la trampa del 50/50. “La desigualdad de sueldo entre hombres y mujeres resaltó con el cese de algunas actividades laborales. Eso hizo que en varias familias las inversiones dejaran de hacerse a medias. Por eso, lo que se recomienda es que la división de gastos sea proporcional al ingreso de cada persona; sin cantidades fijas”, acota Santillán.

Coditos y billetera

La diseñadora de interiores Marina Pedraza es otro caso de “resiliencia afectiva” en la pandemia. “Hacía unos dos años que salía con mi ex. La cosa iba bien hasta que Fabricio perdió su laburo en una agencia de turismo. Cuando creí que nos habíamos adaptado, encontré un aviso de corte de internet. Debíamos cinco meses y él se excusó diciendo que, al ser quien más usaba el servicio, lo justo sería que pague esa diferencia”, recuerda indignada.

La respuesta se repitió además en las compras del supermercado y la cuota del colegio de sus hijos. “Su orgullo le impidió que pidiéramos la colaboración de sus papás y a cada rato solía burlarse de que yo era la que llevaba los pantalones. Como dice la canción de Andrés Calamaro: el amor no basta para vivir, comer ni pagar deudas. En ese momento feo aprendí que ser conscientes de lo que aportamos -inclusive económicamente- al proyecto de construcción conjunta es parte de la responsabilidad afectiva”, reflexiona Marina.

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