Los aficionados, con la angustia de no poder jugar

Para los más grandes, y en torneos de 11 contra 11, la situación es complicada: no hay fútbol desde marzo, y nadie sabe cuándo se podrá volver a las canchas.

28 Jun 2020 Por Carlos Werner
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JUEGO Y AMISTAD. Para los futbolistas adultos, hay competencias para todas las edades y de distintos tipos a lo largo y ancho de la provincia.

“¿Sabe qué pasa? Cuando uno llega a cierta edad, y encima es pobre, los placeres son pocos. Jugar a la pelota es uno. Y también estar con los amigos”.

La voz de Juan Manuel Molina, desocupado, vecino de las canchas del “Cura” Borges, en la zona cercana al cementerio del Norte, suena resignada. Aquellas tardes de sábado, aún de domingos a la mañana, de ir a patear una pelota con el equipo de toda la vida, bajo el cobijo de una liga cualquiera de fútbol de aficionados, son ya casi un vago recuerdo. “Hoy son un placer que nos está prohibido” dice por teléfono. “Y nadie sabe cuándo vamos a volver a sentirlo”, agrega.

El tum tum de la redonda, que hacían picar hasta marzo unos, aproximadamente, alrededor de 12.000 tucumanos cada fin de semana -sólo tomando en cuenta la pléyade de canchas que existen en el Gran San Miguel de Tucumán-, ya no se oye como solía hacerlo. El virus le puso una mordaza al juego genuino y esperado durante toda una semana. Porque antes se lo puso a la salud.

SE SACAN EL GUSTO. Cada fin de semana hasta marzo fue un encuentro en las canchas, con amistad de por medio.

José “Pupino” Gasperini, 52 años, se considera un futbolista amateur de toda la vida. Es un comerciante de Yerba Buena a quien, literalmente, la cuarentena “mató” por dos frentes. “Recién desde la semana pasada pude vender algo. Estuve tres meses viviendo con lo que pude. Y encima esta pandemia me quitó el fútbol”, dice. Y suspira.

Ligas de veteranos, de profesionales, de gastronómicos, de transportistas, de personal de la salud, de empleados estatales, de barrios. En fin. Cualquier agrupación era buena para mantener viva esa increíble sensación de pegarle al balón de zurda o de derecha, sea en ataque o en defensa, la camiseta llena de sudor, con 21 tipos cerca.

“El fútbol es amistad, m’hijo. Y un cable a tierra de todo lo que nos pasa en el día a día”. Miguel Baldi no escatima elogios para el deporte que ama. Recién cumplidos los 63 años, dice que de sus tiempos mozos mantiene la pegada de media distancia. En Alderetes tomaron nota de eso hace rato. “Cuando todo se paró, sentí frustración. Mucha. Yo esperaba con ansiedad cada sábado o cada domingo. En casa ya todos sabían que eso era algo sagrado para mí”, advierte este volante, de profesión herrero.

Es imposible saber con exactitud cuántas personas se movían en todo el territorio provincial por el fútbol amateur. Lo de 12.000, en capital y alrededores, surge de una proyección, a partir de datos brindados por los propios protagonistas, tomando en cuenta la cantidad de equipos por liga, jugadores necesarios entre titulares y suplentes, además de auxiliares.

Oscar Dante “Cacho” Sosa, también conocido como “Bardahl”, es un contador público nacional de 66 años a quien el parate le preocupa en lo personal, pero también en lo grupal. “Los jugadores queremos volver, entrenar, movernos. Pero pensamos más allá: hay gente que trabaja en el complejo que tenemos los profesionales en Bajo Grande. Hay sueldos que pagar. Los solventamos hasta ahora con la cuota que cobramos a los socios. Y nada más. Hasta que llegó la pandemia, cada jugador pagaba mensualmente para poder jugar. Con ese dinero había que responder por la tarea de veedores y árbitros, y también por los servicios, incluyendo la luz si los partidos eran nocturnos”, monologa.

¿Hay chances de volver, aunque más no sea en el mediano plazo? Nadie lo sabe, pero la tendencia no es buena. Hay varios factores que conspiran con esta posibilidad. Uno de ellos es que por el momento no se habilitarán más actividades deportivas. Más todavía, el fútbol, por ahora, no está en la lista del Comité Operativo de Emergencia para ser habilitado. Y, si así fuera, sería sólo para prácticas, al aire libre, de forma individual y sin contacto.

Florencio Robles, empleado municipal, que vive en la zona de avenida Francisco de Aguirre y Junín, suele jugar en ligas de San Miguel de Tucumán y de Yerba Buena. Es él quien pone de manifiesto qué dificultades más hay para pensar acerca de un pronto regreso. “Somos sociables, y eso es algo que hoy casi no se puede practicar, o al menos en las cantidades en las que nosotros solemos hacerlo. En casa nos estamos cuidando, pero no sé qué puede pasar si volvemos a una cancha. Será clave mantener el distanciamiento. Y eso es algo que se da mucho en lo nuestro. Pienso que es difícil que se ponga en práctica el protocolo del COE. Depende de la conciencia de cada uno. Además, somos personas en riesgo. Y se viene el invierno, y las enfermedades”.

Embretados en una circunstancia en la que el impacto psicológico está haciendo cada día un mayor efecto y sin una salida para atender el aspecto físico, los días que pasan son angustiantes para los futbolistas aficionados. Saben que el mal de ausencia que sufren va para largo.

El final, para Florencio: “No quiero pensar que el año está perdido. Y aunque si volvemos en agosto o septiembre va a costar mucho, sé que llegará ese día en que vuelva a abrazar a mis amigos en la cancha, gritar un gol con ellos, jugar y divertirnos. Esto que nos pasa no será para siempre”.

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