Pararse, observar, conectarse

Por Juan María Raggio, presidente de Aves Argentinas.

27 Jun 2020

Durante la cuarentena hubo un fenómeno que se dio en distintos centros urbanos. Se lo ve aquí, en Buenos Aires. La gente está más metida en sus casas. Por un lado, eso genera que los animales se animen a salir un poco más. Pero también sucede otra cosa: la gente está observando más, hay una conexión más grande con la naturaleza. Si bien hay un porcentaje muy alto de “pantalla” en la vida cotidiana, también estamos más pendientes del jardín, del patio, del balcón. Tenemos muchas consultas de personas que nos llaman sorprendidas porque notaron la existencia de aves rapaces. Se creyó que alguien había introducido halcones y caranchos, pero Buenos Aires tiene una población enorme de palomas, y de eso se alimentan (las rapaces); vinieron solas. La pandemia nos dio eso: frenar. A los que nos apasiona la naturaleza, quizás nos dábamos el lujo de disfrutarla. Pero muchas personas viven envueltas en su vorágine. Y ahora, obligatoriamente, pararon. Entonces se dio esta conexión. Por otro lado, también generó impacto el hecho de que la covid-19 sea probablemente producto de un mal manejo en la relación del hombre con el medio ambiente.

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