Reproducción asistida: los desafíos de cuidar la fertilidad humana

Los motivos por lo que cuesta llegar a un embarazo pueden ser múltiples: desde la edad de las mujeres a falta de espermatozoides. Madres solas. La pandemia.

25 Jun 2020 Por Claudia Nicolini
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DESEO DE TENER UN HIJO. El derecho a procrear en Argentina está asegurado por la ley de Fertilización Asistida.

Junio es el Mes de la Fertilidad, con el que se busca generar conciencia sobre qué implica la capacidad de procrear; y también sobre que la infertilidad no es una condena sino una cuestión de salud. Eso, entre otros motivos, porque hace más de 70 años que la OMS cambió la clásica definición de salud a partir de su ausencia -es decir, de la enfermedad- por el “completo bienestar bio-psico-social”; y así poco a poco se fueron planteando cuestiones históricamente silenciadas, como la salud sexual y reproductiva, y la identidad. A su vez, las técnicas de fertilización asistida dan respuestas a condiciones de infertilidad, y también permiten maternidades y paternidades impensables hace un siglo.

Según la Sociedad Argentina de Medicina Reproductiva (Samer), en nuestro país se realizan unos 21.000 ciclos de fertilización asistida por año. Lógico y razón para celebrar: en la Argentina el derecho a procrear está garantizado por ley.

En Tucumán, además de varias instituciones privadas, en la Maternidad funciona desde hace un par de años el Servicio de Medicina Reproductiva, a cargo de Pablo Oliva, y su laboratorio de embriología. Pero, incluso siendo la fertilización asistida un derecho por ley, el proceso tiene costos altos, entre otros, afectivos. Y la pandemia los ha incrementado.

“Antes de la cuarentena se realizaban consultas médicas y psicológicas, punciones foliculares, fertilizaciones in vitro, transferencias embrionarias, preservación de ovocitos... Todo lo necesario para las prácticas” destacó a LA GACETA Federico Bonilla, doctor en Ciencias Biológicas, especializado en embriología clínica y fertilización asistida. Pero en estos meses el 90% de los centros de fertilidad acreditados debió suspender los tratamientos. Y esa situación no está resultando inocua.

Cuando hace falta ayuda

Querer concebir y no poder puede deberse a diferentes razones. Muchas de ellas están relacionadas con la fertilidad; pero también hay otras.

“Las técnicas de reproducción asistida son como un traje a medida; para cada dificultad se utiliza uno diferente”, cuenta Bonilla. Y agrega: “en esta sociedad anticuada y machista, las mujeres siguen sufriendo el peso de no lograr el embarazo. Pero lo cierto es que cuando se trata de infertilidad, un 40% de los casos se debe a factores masculinos; otro 40% a factores femeninos, y el resto, a causas mixtas... O no tiene causa aparente”.

“Algunos varones no liberan espermatozoides por la uretra, sino que los expulsan hacia la vejiga (retroeyaculación)”, explica. También ocurre que sean pocos, que su movimiento sea lento o que tengan algún daño morfológico. “Lo más grave es la azoospermia (no hay gametos en el semen), que le ocurre al 3% de la población masculina”, completa.

Entre los factores femeninos encontramos obstrucción de las trompas, trastornos endocrinológicos, poliquistosis de ovarios... “Y el tiempo -agrega Bonilla con firmeza-. Hay una tendencia muy marcada a postergar la maternidad por cuestiones laborales, sociales... Pero la biología se lleva mal con el paso de los años cuando se habla de reproducción”.

Y hay otros casos en los cuales puede necesitarse la asistencia para concebir: “hay mujeres que desean ser madres sin tener una pareja (o teniendo una pareja femenina) -destaca Bonilla-. En estos casos se recurre a bancos de esperma”. (Ver: “Preservación” y “Donación”).

Estrés

Pero querer concebir y no poder va acompañado además por emociones fuertes: incertidumbre, angustia, ansiedad, tristeza, culpa, frustración, entre otras. Todo ello causa mucho estrés, y el estrés impacta en la fertilidad. “Las hormonas vinculadas, como el cortisol, pueden afectar la circulación uterina, la implantación embrionaria y la función de la placenta -destaca Bonilla-. Además, el estrés puede tener gran impacto durante el primer trimestre del embarazo y generar una pérdida gestacional temprana”.

“Desde el punto de vista emocional, en la fertilización asistida lo que entra en juego son el deseo de lo inexistente (el hijo) y la intervención necesaria para intentar alcanzarlo, lo que convierte las reacciones emocionales de las personas implicadas en específicas y diferentes de las de, por ejemplo, pacientes con enfermedades crónicas”, señala la psicóloga Sofía Casella, jefa de la Unidad de Salud Mental de Maternidad y especialista en Psicología de la Reproducción Asistida de la Samer.

“Desear un hijo y no poder tenerlo es una experiencia considerada estrenaste para el 90% de las personas implicadas. Y el impacto llega a diferentes esferas de la vida: social, económica, sexual y emocional”, agrega.

En plena pandemia, con la vida puesta “patas para arriba”, en quienes buscaron el apoyo de la medicina reproductiva los componentes afectivos del proceso se potenciaron. “Si de por sí estas personas viven una situación estresante, la nueva situación de espera agrava el malestar emocional y hace surgir en muchos una inquietud difícil de gestionar y de manejar”, agrega Casella.

Y no sólo ocurre en Tucumán. Una investigación realizada por la organización internacional IVI (Instituto Valenciano de Infertilidad) muestra que la ansiedad de quienes están en el proceso de fertilización aumentó un 32% en comparación con tiempos prepandemia, y que en el 41% ha visto afectado su estado emocional. El estudio estuvo encabezado por María Villamil y Fernando Neuspiller, de IVI Buenos Aires, y Diana Guerra Díaz, de IVI Barcelona (con colaboración de IVI Santiago de Chile, Madrid, Bilbao, Pamplona, Ibiza, Mallorca y Lisboa).

“Abordar el impacto emocional durante los tratamientos de reproducción asistida es clave; tanto factores psicosociales relacionados con el estrés, como altos niveles de ansiedad afectan negativamente en el resultado”, explicó Neuspiller.

“Es importante reconocer estos cuadros como propios de un desajuste emocional y no como alteraciones psicopatológicas -destaca Casella-. Cómo afecten dependerá tanto de factores internos (psicopatología preexistente, edad, visualización de maternidad/paternidad como objetivo vital central) como externos: vínculo sólido de pareja (si la hay) o al menos de una red social que contenga”.

¿Qué pasa en Tucumán?

Que lo hayamos oído más de una vez no lo hace menos cierto: la pandemia es dinámica, y -respecto de casi todo- lo que reina es la incertidumbre. En ese marco, la situación de Tucumán, hoy, permitió retomar algunos tratamientos. “Bajo estricto protocolo -que incluye turnos espaciados, y elementos de protección personal para profesionales y consultantes- en al ámbito privado se están comenzando a realizar consultas presenciales y algunos procedimientos ”, informa Bonilla.

En la Maternidad eso aún no es posible. “Allí se realizan innumerables prácticas ginecológicas, obstétricas... hasta odontológicas. Y, como en toda institución de atención masiva, los riesgos de contagio de covid-19 son mayores. Por ese motivo no se reanudaron los procedimientos de reproducción asistida, pero se realizan consultas virtuales”, añade.

“Para quienes asistían al Servicio, el proyecto de vida en el que se encontraban inmersos quedó, al menos temporalmente, trunco y marcado significativamente por la incertidumbre -agrega Casella-. Con ellos mantenemos, desde la Unidad de Salud Mental, el apoyo emocional por medio de telemedicina”.

Criopreservación: la técnica permite conservar gametos e incluso embriones

“A partir de los 36-37 años los ovocitos (que al madurar serán los óvulos) diminuyen en cantidad y calidad -explica Bonilla-. Una solución para las mujeres que postergan la maternidad es congelarlos. Pero también congelamos ovocitos de pacientes jóvenes con algún tipo de neoplasia; eso nos permite resguardar las células sexuales mientras realizan el tratamiento oncológico”. La técnica más moderna se llama vitrificación, es utlrarrápida y se utiliza nitrógeno líquido a -196 ºC. También se criopreserva con frecuencia semen, ya que facilita los ciclos de fecundación in vitro e inseminación artificial intrauterina.

Donación de semen está asegurada por la Ley de Fertilización Humana Asistida

Es un acto voluntario, solidario y altruista mediante el cual un varón sano y con muy buena calidad de semen realiza la cesión. “Está prevista para casos de pacientes con azoospermia, de mujeres solas o de integrantes de un matrimonio igualitario”, explica  Bonilla. Pero -aclara- no hay recepción de muestras para donación (sí se congela para tratamiento de las parejas) ni banco de semen en Tucumán. Si es necesario, se trae de  Buenos Aires, desde donde las muestras viajan con hielo seco a -70° C. “Aquí lo conservamos en nuestros termos de nitrógeno líquido a -196 °C hasta su uso. El congelamiento no daña las células, pues se utilizan crioprotectores”, agrega.

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