Vivir sin miedos

21 Junio 2020

Por Pbro. Marcelo Barrionuevo.-

“No les tengáis miedo a los hombres, pues nada hay oculto que no vaya a ser descubierto, ni secreto que no llegue a saberse. Lo que os digo en la oscuridad, decidlo a plena luz; y lo que escuchasteis al oído, pregonadlo desde los terrados. No tengáis miedo a los que matan el cuerpo, pero no pueden matar el alma; temed ante todo al que puede hacer perder alma y cuerpo en el infierno. ¿Acaso no se vende un par de pajarillos por un as? Pues bien, ni uno solo de ellos caerá en tierra sin que lo permita vuestro Padre. En cuanto a vosotros, hasta los cabellos de vuestra cabeza están todos contados. No tengáis miedo: vosotros valéis más que muchos pajarillos. A todo el que me confiese delante de los hombres, también yo le confesaré delante de mi Padre que está en los Cielos. Pero al que me niegue delante de los hombres, también yo le negaré delante de mi Padre que está en los Cielos” (Mateo 10, 24-33).

Nos pide el Señor que vivamos sin miedo, como hijos de Dios. Nos encontramos con gentes angustiadas y atemorizadas por dificultades, acontecimientos u obstáculos que se agrandan cuando sólo cuentan con las fuerzas humanas. Vemos a cristianos que parecen atenazados por un miedo vergonzoso para hablar claro de Dios, decir que no a la mentira y mostrar su condición de fieles discípulos de Cristo; se teme al qué dirán, al comentario desfavorable, a ir contracorriente, a llamar la atención... ¿Cómo no hacerlo en ambientes en los que los valores económicos son los supremos valores? Jesús nos dice que no nos preocupemos demasiado por la calumnia y la murmuración. ¡Qué pena si más tarde se descubriera que tuvimos miedo de proclamar a los cuatro vientos la verdad que el Señor nos había confiado! Si alguna vez callamos debe ser porque en ese momento lo oportuno es callar, por prudencia sobrenatural o caridad; nunca por temor o cobardía.

No somos los cristianos amigos de la oscuridad sino de la luz, de la claridad en la vida y en la palabra. Se hace necesario proclamar la verdad sin ambigüedades, porque la mentira, la corrupción y la confusión están perdiendo a muchas personas. La verdad, las normas morales, la rectitud de conciencia en una profesión o a la hora de vivir las exigencias del matrimonio, el sentido común gozan algunas veces de poco prestigio. No obstante, no tengamos miedo de profesar y manifestar nuestra Fe.

Ánimo y a seguir luchando por la verdad, la fe y la libertad.

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