Causa Nocturno: un largo camino para que se hiciera justicia

UN DEBATE COMPLICADO. Las audiencias del primer juicio por la causa Nocturno duraron casi un mes. UN DEBATE COMPLICADO. Las audiencias del primer juicio por la causa Nocturno duraron casi un mes.
Gustavo Rodríguez
Por Gustavo Rodríguez 14 Junio 2020

La “Causa Nocturno” fue mediática por dos razones. Sus protagonistas eran personas muy conocidas en la noche tucumana que habían apostado a un nuevo movimiento cultural. También fue una prueba más que en nuestra provincia, como en el resto del país, la Justicia no es sólo extremadamente lenta, sino muchas veces injusta para los que se sientan en el banquillo de los acusados.

En febrero de 2003, en la estación Terminal de Ómnibus, fue detenido un DJ -cuya identidad nunca fue revelada- con bochitas de cocaína. El sospechoso, para mejorar su situación procesal, se transformó en un testigo arrepentido y comenzó a contar detalles sobre la comercialización de drogas en la noche tucumana. Los boliches de música electrónica quedaron en la mira, pero fue Nocturno el que despertó interés de los investigadores. En octubre de 2004 la pesquisa llegó a su fin. En esa fecha comenzaba a desatarse el escándalo.

Por ser sospechosos de dirigir una organización que se dedicaba a la comercialización de éxtasis, fueron procesados:

- Ramón Diéguez (h): hijo de un reconocido empresario santiagueño y dueño del boliche Nocturno. Supuesto líder de la organización que se dedicaba a la comercialización de esa droga. Pese a la fuerte acusación que pesaba en su contra, fue el que menos tiempo pasó en la cárcel.

- Gerardo Epelbaum: socio de Diéguez en el boliche y a pesar de haber sido acusado de tener una participación secundaria en el grupo, fue el que pasó mayor tiempo tras las rejas.

- Ariel Aquines Wartski: el DJ riojano fue detenido después de que retirara del aeropuerto Benjamín Matienzo un envío de 158 pastillas de éxtasis.

- Pablo Silva: estudiante universitario de la carrera de Farmacia, que elaboraba las pastillas en un laboratorio casero que tenía en Buenos Aires. Fue extraditado a Tucumán, donde estuvo detenido casi dos años.

- Gonzalo “Mamadera” Farías: relacionista público de Nocturno, que estuvo acusado de haber sido el responsable de la comercialización de las pastillas en el boliche. Aportó numerosos datos sobre cómo era el tráfico de drogas en la noche tucumana. Pese a haber sido un estrecho colaborador, no sacó ninguna ventaja por cumplir con este papel.

- Silvina Jorge: miembro de una respetada familia de empresarios de la provincia, fue detenida con Wartski llevando la droga. Acordó con la Justicia una probation, es decir, se declaró culpable y se la condenó a realizar tareas comunitarias para evitar enfrentar un juicio.

EL PUNTO DE PARTIDA. Un DJ fue detenido en febrero de 2003 cuando transportaba bochitas de cocaína. Fue él quien aportó varios datos sobre cómo era el movimiento de drogas en la movida electrónica de Tucumán. Nunca se conoció su identidad. EL PUNTO DE PARTIDA. Un DJ fue detenido en febrero de 2003 cuando transportaba bochitas de cocaína. Fue él quien aportó varios datos sobre cómo era el movimiento de drogas en la movida electrónica de Tucumán. Nunca se conoció su identidad.

El juicio

En febrero de 2009, a casi cinco años de haber estallado el escándalo, la “Causa Nocturno” llegó a juicio. Las audiencias orales tuvieron un alto contenido emocional y las partes se jugaron de lleno por dos estrategias que estuvieron bien definidas. El fiscal federal Alfredo Terraf, a lo largo del debate, dijo que los cinco acusados formaban parte de una organización dedicada a comercializar éxtasis en Nocturno. “Todos los acusados tenían una participación específica en esa organización”, señaló en su alegato.

El fiscal consideró que Aquines Wartski se encargaba de conseguir las pastillas; Farías, de venderlas; Silva, de enviarlas y Diéguez (h) y Epelbaum, de disponer del lugar (Nocturno) para el consumo de la droga. Para eso, según Terraf, se había montado una organización que iba desde la promoción mediante tarjetas con mensajes subliminales hasta la instalación de aspersores de agua en el techo del local bailable. “Lo que agrava esta situación es que la droga estaba destinada a un lugar público al cual concurrían jóvenes. Es un daño muy grave”, agregó.

Los defensores, en cambio, pidieron la nulidad de la causa por las irregularidades que se cometieron durante la instrucción. El defensor Ciro Lo Pinto -representante del DJ riojano- lo hizo saber cuando habló por primera vez en la audiencia. “Si los policías durante la vigilancia encubierta no encontraron nada, ¿de dónde sacan los investigadores que en Nocturno se vendía éxtasis? Jamás se debería haber dado lugar a las escuchas, y menos durante tanto tiempo”, argumentó. El resto de los letrados sostuvo una postura similar. “Fue este el único medio de investigación. Para colmo, las transcripciones fueron arbitrarias”, aseveró Arnaldo Ahumada, representante de Diéguez (h).

Después de un mes de debate, el tribunal, integrado por Carlos Jiménez Montilla, Alicia Noli y Gabriel Casas, señaló que frases como “ahí venden el bichito”, “la botellita de agua mineral cuesta $ 20”, “tiran agua desde el techo para que los que se drogan no se mueran deshidratados”, las imágenes de pines y las tarjetas sobre una presunta venta de éxtasis eran sólo meros rumores y no pruebas para demostrar que en Nocturno se comercializaba éxtasis. Sin embargo, los jueces condenaron a cuatro de los cinco imputados por comercialización de estupefacientes.

“Soy inocente. Todavía no entiendo por qué estoy aquí”, dijo Diéguez (h). Y los jueces le creyeron y lo terminaron absolviendo. Sí hallaron elementos para condenar a Aquines Wartski a 5 años y ocho meses de cárcel por tenencia de estupefacientes con fines de comercialización. “Era para consumo personal y para compartir con uno o dos amigos. Yo jamás vendí drogas”, había asegurado el DJ riojano. Según el fallo, quien había realizado el envío de las pastillas desde Quilmes (Buenos Aires) había sido Silva. Por esto, el farmacéutico fue condenado a cuatro años de prisión.

Los jueces también consideraron que Epelbaum había cometido el delito de comercialización de drogas, pero como partícipe secundario, por lo que recibió una pena de dos años y seis meses. Durante una escucha telefónica realizada meses antes del secuestro de las pastillas, el empresario había acordado con un tal “Tato” que se enviara la droga. “Aquines tiene la plata”, había dicho durante el diálogo. Farías recibió la misma pena, pero al igual que Silva, los magistrados le ordenaron realizar un tratamiento de rehabilitación.

El fallo generó diferentes sensaciones. El supuesto líder de la organización quedó absuelto. Silvina Jorge, la joven que poco tenía que ver en el caso, por más que se acogió a una probation, recibió una pena más dura (dos años y ocho meses) que Epelbaum y Farías, a los que se los condenó por comercialización. El fallo no conformó a nadie, ni siquiera porque ninguno de los penados debía volver a prisión. Las marcas que les dejó su paso por la prisión fueron imborrables.

Epelbaum fue el que se animó a contarlo abiertamente, y Pedro Noli rescató sus palabras en una crónica publicada en “Tucumán Z”. “Entre octubre de 2004 y agosto de 2006 viví en el penal de Villa Urquiza. En ese periodo murieron allí 14 personas. Algunos murieron a metros de mí, acuchillados, suicidados”, escribió en Facebook.

“Recuerdo al ‘Ojorozo’, asesinado por poner la música a todo volumen, o Roldán, que le batió a la policía que habría un motín, y lo mataron en el baño con siete puntazos en la garganta. Lo vi allí sentado, en el rincón, con sus ojos abiertos y un babero de sangre. Recuerdo a Julio César, asesinado con un Tramontina en el corazón, escuché el rasguido de su piel y entendí, cuando gritó, que era su último grito”, destacó.

“Allí también encontré el amor, formé una familia y uno de mis hijos me salvó la vida cuando Menino, un tipo inmundo, me quiso matar. (Mi hijo, Lezcano, se cruzó en el camino de la punta que venía directo a mi panza, es una extraña sensación la de saber que alguien puede ofrecer su vida a cambio de la tuya)”, escribió.

¿Fue justicia?

Ese posteo de Epelbaum no fue casual. Lo escribió en un día especial y por una razón particular. “Estuve dos años en la cárcel porque un grupo de policías y funcionarios judiciales eran tan homofóbicos que fueron capaces de arremeter contra la Constitución Nacional y arrasar con todas las convenciones de Derechos Humanos del mundo. Hoy la Cámara Nacional de Casación Penal ha dicho que la causa fue una formidable mezcla de prejuicios y homofobia. Yo fui un preso político, un preso social. No era Justicia. Y hoy fue”, señaló.

Se inspiró en mayo de 2012, casi ocho años después de haber sido detenido por primera vez y tres años de ser condenado. La Justicia había señalado que habían sido ilegales las escuchas telefónicas que había ordenado el juez Jorge Parache en 2003. Y al haber sido la única prueba utilizada en su contra, debieron anular la sentencia en su contra.

Lo curioso del caso es que en la instrucción y durante el debate, los defensores de todos los imputados realizaron el mismo planteo, pero nadie los escuchó. El fallo reparador, incluso, se conoció cuando los imputados ya habían cumplido con toda la condena que se les había dado durante el juicio. Pero todavía faltaba; esta historia no había terminado de cerrarse.

El último paso

El fiscal Terraf apeló el fallo y llevó el caso hasta la Corte Suprema de Justicia. En 2014 el máximo tribunal del país resolvió que la causa debería volver a ser analizada, por lo que regresó a la Cámara de Casación. En 2016, en otra polémica sentencia, se resolvió que un nuevo tribunal debería realizar otro juicio, medida que se concretó en agosto de 2018, a más de 15 años de haberse iniciado la pesquisa; a nueve años del primer fallo; a seis años de la absolución de los condenados y a dos años de que se ordenara la realización de un nuevo debate.

El juicio fue un mero formalismo. Los acusados se presentaron y les explicaron a los magistrados Juan Carlos Reynaga, José Camilo Quiroga Uriburu y Adolfo Guzmán (fueron convocados especialmente para la ocasión) qué hacían de sus vidas. Farías, por ejemplo, se definió como comerciante que había impulsado un importante emprendimiento en barrio Sur; Epelbaum, como entrenador de gimnasios; Diéguez (h), empleado de una empresa de sonido de Santiago del Estero; Aquines Wartski, titular de una PyME en La Rioja; y Silva se desempeña como farmacéutico en la localidad bonaerense de Quilmes.

El fiscal federal Pablo Camuña, durante la audiencia, indicó que el fallo de casación no dejaba mucho margen y que el tribunal debería modificar las penas que se habían impuesto en 2009. “Mi defendido, al igual que los otros acusados, vienen soportando un proceso de más de 14 años sin tener una resolución cierta. Se le está impidiendo que pueda seguir adelante con su vida. Ya se han vencido todos los plazos razonables para que se resuelva su situación. No reincidió, se recuperó de sus adicciones, se recibió y cada vez que pretendía ocupar un cargo o un mejor trabajo, la falta de resolución de esta causa se lo impedía”, explicó José Luis Salas Correa, defensor de Silva.

Los defensores de los otros imputados hicieron planteos similares. Carolina Epelbaum, hermana y defensora de Gerardo, destacó que el expediente había pasado por las manos de 23 jueces y que, a 14 años de haberse iniciado, ninguno había resuelto. El tribunal, después de deliberar por más de una hora, les dio la razón y los absolvió por segunda vez. Y el caso se terminó de cerrar, pero no así todo el daño que generó.

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