Las secuelas emocionales en los ancianos

La seguridad sanitaria no debe ser el único norte en los geriátricos. “Si no se usa la creatividad en el aislamiento, no van a morir del virus, pero sí de pena”, dice una experta.

UNA MANO AMIGA. Muchos ancianos necesitan ayuda. UNA MANO AMIGA. Muchos ancianos necesitan ayuda.
13 Junio 2020

MADRID, España.- Si no se utiliza la creatividad para flexibilizar el aislamiento en las residencias de larga estadía (conocidas como geriátricos), sin descuidar los protocolos de seguridad, las personas mayores no van a morir por coronavirus pero sí de pena, afirma la gerontóloga española Lourdes Bermejo,

Actual vicepresidenta de Gerontología de la Sociedad Española de Geriatría y Gerontología, y referente mundial de la temática, Bermejo fue invitada a un conversatorio virtual organizado por PAMI por el Día Mundial de Toma de Conciencia Contra el Abuso y Maltrato en la Vejez, que se conmemora cada 15 de junio.

“Un asistente social de mucha experiencia y muy reconocido, me contaba que su tarea más importante de estos días era ir al supermercado y preparar una bolsa con los chuches (dulces o snacks) favoritos de cada residente”, relató Bermejo.

Desde su casa en España, Bermejo describió que en ese país han visto la etapa pre-covid, el pico de la pandemia y ahora están viendo los efectos post-covid, “con muchas personas con secuelas emocionales, psicológicas y cognitivas graves”.

La especialista apuntó ejes clave para mejorar la situación. “La información es muy importante. Si una persona no tiene información no tiene control sobre su vida, y sin eso no hay dignidad. No se puede ocultar información sobre lo que pasa en la residencia ni sobre lo que sucede afuera, por supuesto que a cada uno hay que contarle de forma que lo pueda comprender”, sostuvo.

“El cuidado del personal es fundamental, cuidar al que cuida, preguntarle cómo está, y aunque uno no pueda resolver todo hay que acompañar”, continuó.

La especialista llamó a no olvidar “la ayuda mutua” que las personas mayores se dan entre sí, y a fomentar esas redes de apoyo entre los propios residentes.

“Si no se flexibiliza el aislamiento con creatividad, si sólo se trabaja en función de la rigidez del protocolo, se deshumaniza la existencia de los residentes, y la del personal también; esto no implica que se vote si se aplica el protocolo o no, eso está fuera de toda discusión”, concluyó.

Desde que comenzó la pandemia y hasta el 10 de junio, se registraron 189 casos de coronavirus confirmados en residencias de la Ciudad de Buenos Aires, la provincia de Buenos Aires, Córdoba, Mendoza, Chaco y Entre Ríos, y 53 personas fallecidas, con un promedio de 82 años.

Los países más golpeados por la pandemia, como España, Italia y Reino Unido, revelan que tragedia en los geriátricos es enorme. Según la television española, murieron 19.485 adultos mayores por coronavirus en la 5.457 residencias de ancianos españolas. Los fallecidos en residencias de ancianos equivalen así al 71,8 % del total reportado. En Italia, -de acuerdo con una investigación del diario “La Repubblica”- miles de ancianos murieron en las peores condiciones. Más de las mitad de los 26.422 mayores de 70 años que fallecieron por la pandemia (de un total de 33.000) lo hicieron aislados, sin familiares, en las Residencias Sanitarias Asistidas o en casas para ancianos, muchas veces atados a la cama.

Datos publicados por la Escuela de Economía de Londres muestran que más de la mitad de las muertes por coronavirus en países como Bélgica, Francia, Irlanda, Canadá y Noruega ocurrieron en asilos de ancianos o entre residentes de centros asistenciales en todos los entornos. (Télam)

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