“Levántate y lucha” *

14 Junio 2020

Por Gary Younge

Fui a Indianápolis en abril de 2014, a la convención anual de la Asociación Nacional del Rifle (NRA), que se celebraba en el centro de convenciones, a 20 minutos de donde habían disparado al chico.

La sensación de miedo e impotencia que revelaban aquellas llamadas al 911 la noche que murió Kenneth —el hombre atemorizado que se sentía incapaz de defender a su familia y que pedía la protección del Estado, las burbujas domésticas perforadas por el caos de la calle, los ciudadanos respetuosos con la ley paralizados por unos salvajes— es la moneda de cambio de la NRA. La operadora del 911 recomendó al hombre que llamaba que se sentara a esperar; el eslogan de la convención de la Asociación ese año era «Levántate y lucha».

Cuando la NRA llega a una ciudad, hace notar su presencia. Una gran pancarta que cubría toda una manzana en pleno centro de la ciudad prometía «nueve acres de armas y material». Y el despliegue en el interior no defraudaba. En una inmensa sala de exposiciones que mostraba las mejores máquinas de matar del sector, docenas de hombres blancos (no había presentes muchos más grupos demográficos) apuntaban armas vacías a media distancia y meditaban sus compras. Todos los grandes nombres estaban allí: Mossberg («Fabricado para ser fuerte. Orgulloso de ser americano»), Smith & Wesson («Avanzado por diseño») y Henry («Hecho en América. O no se hace»).

La relación con las armas de algunos hombres que recorren esas exposiciones es una relación romántica. A veces, casi raya en lo sexual. El tacto, el olor y el poder de un arma de fuego se funden y crean su propia alquimia erótica. «Cuando coges un fusil, una pistola, una escopeta, tienes en tus manos un pedazo de historia de Estados Unidos— escribe Chris Kyle en American Gun—. Coges el arma, y el olor de la pólvora y el nitrato de potasio inundan el aire. Colocas el fusil sobre el hombro y miras a lo lejos. Y lo que ves no es un blanco, sino todo un continente de posibilidades, de grandes cosas que se avecinan, un futuro prometedor… pero también esfuerzos, pruebas y penalidades. El arma de fuego que tienes en las manos es un instrumento que te ayudará a superarlos».

* Fragmento de Un día más en la muerte de Estados Unidos.

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