FRUSTRADO. A Raúl (Marcial Tagle) se le viene abajo la estantería.
BUENA
PELÍCULA / GOOGLE PLAY-ITUNES
Con “Cosas de hombres”, la película chilena dirigida por Gabriela Sobarzo que se estrena hoy (disponible en iTunes y Google Play), queda claro -por sí hacía falta decirlo- que no hay cosas de hombres. Ni de mujeres. Sí parece haber “cosas” de directores y directoras chilenas: la preocupación por la perspectiva de género, al menos en esta última década. Difícil olvidar a “Desobediencia” (2017) y a “Una mujer fantástica” (2018, ganadora del Oscar). La primera desafía a la férrea comunidad ortodoxa judía con una relación amorosa entre los personajes de Rachel Weisz y Rachel McAdams. La segunda nos interpela con las vivencias de una mujer transexual y la discriminación de la familia de su novio, recientemente fallecido. Ambas fueron dirigidas por Sebastián Lelio. En 2016, y dirigida por María José San Martín, “Rara” cuenta la historia de una niña y sus dos madres lesbianas.
Quizás alejada de la profundidad de esas historias, “Cosas de hombres” retoma la temática (muy sensible por estos tiempos en la comunidad trasandina) con un abordaje desde el humor. Y lo hace bien.
Se trata de una comedia romántica adaptada de la mexicana “Hazlo como hombre” (2017, de Nicolás López). Plantea un escenario clásico inicial y hasta corriente: un grupo de amigos que gustan del fútbol (jugarlo y verlo), juntarse a tomar cervezas y hablar de mujeres. Pero ese ámbito queda trastornado rápidamente por la confesión de Santiago. A los 50 años, le cuenta al resto que se dio cuenta de que es gay.
A partir de ahí comienzan a derribarse mitos en la persona de Santiago y en la de Eduardo, otro de los amigos, que toma la noticia con naturalidad y felicidad. Incluso cuando significa romper un matrimonio. Sin embargo, en el tercer integrante del grupo los prejuicios comienzan a solidificarse con la noticia. Desde pensar que se trata de una “fase” o hasta una enfermedad hasta querer “convertirlo”, es un proceso en el que se acumulan negación, rechazo, frustración e incluso ira. Su nombre no parece ser casualidad: Raúl. Al menos en nuestro país, el nombre Raúl es el que se utiliza para ridiculizar al típico misógino. El Raúl de la película no es la excepción.
Lo difícil que se hace admitir una orientación sexual distinta a la heterosexualidad en un pequeño club de fútbol sirve como escala de lo que sucede a nivel profesional. Aún así, resulta gracioso cómo Raúl atraviesa todas esas fases.
La película, más allá de ser una remake, gana puntos por originalidad. ¿Cuantas veces vimos representada la típica escena de la ducha entre hombres y la “tensión” generada por la caída del jabón? La veremos acá también, pero con una resolución muy distinta.
Otro concepto fresco en este tipo de comedias románticas pasa por el personaje no definido sexualmente. La necesidad por rotular está desde siempre, pero en Eduardo, el otro amigo del protagonista, su orientación no aparece sino hasta casi el final. No se preocupa por ocupar los lugares comunes de ningún sexo ni por despejarle la duda a nadie. Es el que menos “cosas de hombres” hace junto con Santiago. Sin dejar de serlo, claro.
Las discusiones, las problemáticas y las charlas de “Cosas de hombres” son lo que, justamente, la perspectiva de género intenta enseñarnos hace tiempo. Una cuestión en la que el cine chileno luce muy interesado. Y si puede haber humor -ademas de reflexión-, mucho mejor.








