Se deben prevenir riesgos con las rastras cañeras

Por LA GACETA 10 Junio 2020

Al iniciarse la zafra las rastras cañeras comienzan a poblar el paisaje vial de la provincia y alcanzan un protagonismo desdichado cuando forman parte de episodios trágicos. Se estima que unos 7.000 vehículos transitan a diario solamente por la ex ruta 38; durante el período otoño-invierno-primavera se suman los transportes cañeros: rastras tiradas por camiones, tractores y hasta por caballos. La crónica policial de LA GACETA da cuenta a menudo de las tragedias viales.

Una de las causas es la falta de mantenimiento y de infraestructura adecuada en las redes provinciales y nacionales, así como la falta de señalización y demarcación de las rutas. Hace unos días, el presidente del Centro de Defensa Comercial del Sur dijo que cuando llueve las redes secundarias y terciarias quedan intransitables y tanto las cosechas del limón como la de caña de azúcar no pueden extraerse. “Somos la única provincia del país que no registra mejoras en los últimos años en las redes viales. Con un 5% del presupuesto destinado a Vialidad, poco o nada se puede hacer. Y hay muchas vidas que se pierden. Sería interesante saber cuánto le cuesta al Estado cada accidente”, dijo el dirigente.

Un legislador afirmó que el estado de la infraestructura de las rutas es “dramático”, lo cual se refleja en los índices siniestralidad. Propuso que los transportes de carga y de pasajeros llevaran cintas refractarias a lo largo de su perímetro, con el objetivo de que se advirtiera su porte cuando salen de un camino vecinal, ingresan o circulan por las rutas troncales. Otra de sus inquietudes es el deseo de que se iluminen los derivadores o bajadas de la traza nueva de la ruta 38 en los distintos municipios por los que atraviesa. Indicó que en la actualidad, solamente el descenso hacia el microcentro de Aguilares está iluminado, mientras que en el resto de los municipios, por la noche, las dársenas quedan sumergidas en la oscuridad, lo cual representa no solo un enorme peligro para el tránsito sino que se convierten en lugares de acecho de los delincuentes.

Desde hace muchos años, las rastras cañeras son un peligro mortal en las rutas. En alguna ocasión hemos señalado que si se efectuara un censo de estos vehículos que circulan por la provincia, así como de sus propietarios, se podría dar un paso importante. Antes de comenzar la zafra, deberían pasar por una inspección obligatoria. Si bien el conductor es el que participa del accidente, el corresponsable es el dueño que permite que su vehículo circule sin cumplir con las normativas. Se podrían instalar controles en las entradas de los 15 ingenios para verificar que estos cumplan con la reglamentación establecida; con cierta frecuencia se observan camiones que transportan caña de azúcar y tractores que carros helvéticos circulan con escasas luces o sin cintas refractarias, con exceso de carga.

La desgracia circula por varias rutas tucumanas, entre mayo y noviembre. Si el Estado mira para otro lado y no hace cumplir con rigor la ley, se transforma en cómplice de estas violaciones a la normativa y de la inseguridad vial, en especial en la vieja 38, por donde circula la mayor cantidad de los vehículos cañeros.

La educación y la prevención son el punto de partida para cuidar la vida y la salud de la población. Si a ello se le suma la aplicación de las penalidades que prescribe la ley, el índice de siniestros seguramente descendería notablemente.

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