RABIA. Las estatuas de Churchill y de Colston fueron el blanco de las protestas contra el racismo, en Gran Bretaña.

BRISTOL, Gran Bretaña.- Un día después de marchas multitudinarias en varias partes del mundo, miles de italianos y españoles continuaron protestando en el centro de Roma y de Madrid en solidaridad con la comunidad negra de Estados Unidos, tras el asesinato de George Floyd, en Minneapolis.
Movimientos sociales como el de las “sardinas”, que nació en Italia para contrastar a la ultraderecha, convocaron a sumarse a las expresiones de solidaridad que se vieron en los últimos días en todos los continentes con la minoría negra en Estados Unidos y en contra del racismo institucional.
Al final de la protesta en la Plaza del Pueblo, la multitud, que mantuvo cierta distancia social y utilizó barbijos para evitar contagios en medio de la pandemia de coronavirus, se arrodilló, levantó sus puños al aire y se mantuvo en esa posición durante 8 minutos y 46 segundos, el tiempo que un policía blanco mantuvo su rodilla en el cuello de Floyd hasta que falleció.
Después de esos largos 8 minutos y 46 segundos, los 3.000 manifestantes gritaron en inglés las últimas palabras pronunciadas por Floyd: “No puedo respirar”.
Otras 3.000 personas se concentraron frente a la embajada de Estados Unidos en Madrid, convocados por la Comunidad Negra Africana Afrodescendiente en España.
“Estamos aquí denunciando la muerte de nuestro hermano, pero también denunciando el racismo que estamos viviendo en España; nosotros somos de aquí, vivimos aquí, dormimos aquí, pagamos impuestos, entonces somos de aquí. No queremos ser superiores, queremos luchar por nuestros derechos y por la igualdad”, dijo el vocero de la Cnnae, Thimbo Samb.
El alcalde laborista de Londres, Sadiq Khan apoyó las marchas en solidaridad con el movimiento Las Vidas Negras Importan (Black Lives Matter). “Londinenses de todas las edades, razas y perfiles políticos y sociales se unieron a millones de personas que dijeron de manera pacífica que Las Vidas Negras Importan. Los apoyo y comparto su enojo y dolor”, dijo Khan, de origen paquistaní y musulmán.
Durante la marcha contra el racismo en Richmond, Virginia, los manifestantes derribaron la estatua del general confederado Williams Carter Wickham, hecho similar al ocurrido en Bristol, en el Reino Unido, donde derribaron y tiraron al río Avon la estatua de Edward Colston, un traficante de esclavos del siglo XVII.
Wickham era abogado, dueño de una plantación, político y general de caballería de la Confederación durante la guerra civil de Estados Unidos (1861-1865). Los “confederados” se oponían a la abolición de la esclavitud y la bandera que los identifica es hoy un símbolo que usan los supremacistas blancos.
“La bandera de batalla confederada es usada por extremistas violentos y grupos racistas cuyas creencias no tienen cabida en nuestro Cuerpo”, afirmó el general David H. Berger, al anunciar la retirada de ese símbolo de todo objetos relacionado con los Marines.
Al otro lado del Atlántico, en la ciudad británica de Bristol, la estatua de Colston fue derribada al final de una manifestación en la que participaron 10.000 personas.
Colston, miembro de la Real Compañía Africana, traficó a 80.000 hombres, mujeres y niños como esclavos de África a América.
Dedicó parte de su fortuna a obras benéficas y, en 1721, se le dedicó la estatua. El historiador David Olusoga asegura que la estatua debería haber sido retirada hace mucho. “Las estatuas dicen ‘fue un gran hombre’. No es cierto. Fue un comerciante de esclavos y un asesino”, apuntó. (Télam-Reuters)







