13 razones... para no perder el tiempo

Serie: "13 reasons why 4".

MÁS DE LO MISMO. Clay Jensen (Dylan Minnette) no puede zafar de la paranoia ni de los ataques de pánico. MÁS DE LO MISMO. Clay Jensen (Dylan Minnette) no puede zafar de la paranoia ni de los ataques de pánico.

Mala

Por Netflix

Ya no había 13 razones para embarcarse en una tercera temporada, aunque el éxito devenido de la primera y la masa de fans llevaron a que Netflix le encontrara la vuelta. ¿Qué quedaba para la cuarta temporada? No sólo no había razones sino que ni siquiera alcanzan los 13 episodios (cuenta con 10). Conclusión: el desenlace de “13 reasons why” se explaya en toda clase de razones sin razón alguna.  

La serie explotó en 2017; fue una de las más controvertidas y comentadas ese año. El drama adolescente tocaba temas tabúes como la violencia sexual, el bullying, el consumo de drogas y el suicidio y conquistó una audiencia mundial que le valió la continuidad durante tres años más. Sin embargo, la historia producido por Selena Gómez fue perdiendo fuerza y sentido con el paso del tiempo.

La primera entrega está basada en la novela de 2007 “Por trece razones”, de Jay Asher, y trata de la muerte de Hannah Baker (Katherine Langford). Ella deja grabados siete audios dirigidos a quienes la llevaron a quitarse la vida. La adolecente es la narradora omnipresente y Clay Jensen (Dylan Minnette) quien escucha el relato y va desentrañando la intriga.

En su segunda temporada, con el movimiento #MeToo en agenda, la serie exploró en profundidad la violencia de género y la impunidad de los agresores en el juicio contra Bryce Walker (Justin Prentice). Sin embargo, con el misterio principal resuelto, debió rebuscarse con otros narradores y estirar una estructura que perdía ritmo y levantaba bostezos. En la tercera parte, el asesinato del violador buscó levantar de nuevo la controversia, sacudiendo a los personajes en sus dilemas morales y “humanizando” al antes demonizado líder de los bullys del Liberty High School. Aunque la narración volvió a sentirse forzada, como el preámbulo eterno de un slasher de adolescentes en un campamento.

Casi nada para agregar

En su despedida, la serie se alarga sin nada para aportar. Comienza con el anuncio de una nueva muerte pero no despierta nunca la intriga del espectador. Los protagonistas están en el último año y  deben ocultar el secreto del crimen de Bryce Walker mientras sospechan que uno de ellos los traicionó. Muchos de los conflictos más interesantes ya están resueltos: Jessica (Alisha Boe) rompió hace mucho el silencio y ahora es una mujer empoderada, Justin (Brandon Flynn) superó la adicción a las drogas y Tyler (Devin Druid) recibió ayuda para superar su trauma y ya no intenta entrar con armas en la escuela. Sólo Clay cae más en la paranoia y los ataques de pánico. Su historia no alcanza ni convence.

Cada capítulo transcurre desde un escenario adolescente a otro: bailes escolares, campus, campamentos, fiestas clandestinas. Sólo un simulacro de tiroteo en la escuela vuelve a despertarnos, quizás más atraídos por ese terrible drama que atraviesa los Estados Unidos que por la ficción en sí.

A lo largo de toda la última temporada cuesta mantener la atención y aburre llegar al final de cada capítulo de una hora. Sin mencionar que las acciones de los personajes parecen arbitrarias y sin sentido. ¿Hay 13 razones para mirar el final? No, las razones se diluyen antes de arrancar.

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