¿Por qué hay parejas que evitan dormir juntas?

La búsqueda de espacios propios se agudizó durante estos meses. Sexólogos y terapeutas de parejas enfatizan que tener cuartos diferentes no es sinónimo de malestar en la relación.

07 Jun 2020 Por Guadalupe Norte
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LEJOS PERO CERCA. El amor incluye respetar las decisiones del otro y encontrar alternativas que mejoren la vida en común de las parejas y sus familias.

“La cucharita”, mítica posición anclada en el concepto del amor romántico y el manual de arrumacos. Una amena proyección de cercanía, hasta que sentís el zumbido de una locomotora vibrar en los oídos o los sacudones del colchón para cambiar de posición.

Durante la cuarentena, las vivencias hogareñas nos llevaron a necesitar una ración extra de momentos de soledad y a plantearnos nuevas logísticas de convivencia. Entre ellas, está privilegiar el descanso individual y resignar la clásica cama matrimonial. Una práctica que se volvió frecuente no sólo en parejas de larga data, sino también en jóvenes que recién inician la convivencia.

Quienes profesan este “amor compartido, pero almohadas separadas” atribuyen la decisión a la falta de concordancia en los rituales nocturnos. Foco de micropeleas son las patadas voladoras, el insomnio, los ronquidos, el uso del televisor y la luz.

“La decisión no significa de ninguna manera que falte comunicación, haya problemas o tendamos al aislamiento. Al contrario, implica respetar al otro y tomar decisiones que promuevan el bienestar mutuo”, explica la sexóloga Amelia Iris del Sueldo Padilla.

Claudia y Alberto Zamorano están casados desde hace 10 años, tienen dos hijos pequeños y trabajan en un estudio de arquitectura. Las diferencias aparecen recién cuando da la medianoche. “Nuestro principal conflicto era la temperatura. Él se quejaba de sentirse acalorado por la cantidad de frazadas que ponía. Y a mí el aire acondicionado en verano me resultaba molesto”, comenta la diseñadora de interiores.

El segundo tema de discordia competía a las mascotas. “Tenemos dos perros y un gato, y todos acaban en algún momento despatarrados entre las sábanas. Lo detestaba porque creo que es poco higiénico y le dificulta al cuerpo hallar una posición ergonómica. El día en que uno de los caniches orinó encima de mis pies dije basta”, recuerda Alberto. Desde entonces, transita felizmente sus noches en un sofá cama doble, en la antigua habitación de manualidades.

¿Cómo dar el paso del “divorcio de sueño”? “Hay quienes deciden separarse en la semana e igual dormir a la par los sábados. Lo importante es ser claros sobre nuestras necesidades”, detalla la terapeuta Maira Lencina.

Y agrega: “muchas personas interpretan el distanciamiento físico como una crisis o un rechazo, cuando en realidad el displacer surge por presenciar a diario escenas irritantes. El mal descanso lleva a la frustración y el agotamiento. Dos cosas que afectan en la cadena de circunstancias a las relaciones afectivas”.

La alerta

Aparte de la falta de consensos sobre la luz de la lámpara o los horarios, Del Sueldo Padilla resalta que en muchos vínculos existe otro asunto que requiere tratamiento.

“La noción de tener a la pareja al lado no implica disponibilidad permanente. Hay hechos que derivan en situaciones de violencia sexual por querer satisfacer las erecciones nocturnas. Sólo por existir un cuerpo a la mano se fuerza el encuentro cuando la mujer está semidormida o no se dan las condiciones receptivas adecuadas”, sostiene.

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De noche taxista, de día habitué de las cortinas black out, Rubén fue el que trajo (indirectamente) la incordia a la pieza de la familia Pistoni. Los cargos presentados contra él son la somniloquia y el desorden excesivo.

“Cuando vuelve a casa, a mí me toca arrancar a trabajar. Tengo el sueño ligero y hasta que se dormía, daba muchísimas vueltas. Además, comía en la cama y la ropa siempre terminaba en el piso. Al despertar y ver ese contexto, la mañana se hacía insoportable”, narra Patricia, su esposa. Tras hartarse de levantar medias enrolladas fue que tomó la decisión de ambientar la sala de huéspedes a su agrado y colocar un sillón cama.

“Nuestros conocidos se sorprenden bastante cuando lo comentamos. Y el tema deriva en preguntas sobre el sexo. La verdad es que lo pasamos mejor que antes”, acota Rubén.

La creencia general es que la separación mata la espontaneidad sexual. “De buscarlo, nunca faltará el erotismo e instancias de contacto amoroso. El juego de seducción puede renovarse al evitar lidiar con las despedidas diarias. A mis pacientes les recomiendo insinuaciones sencillas, al estilo de ¿puedo visitarte?, el sexting o los encuentros en la mañana y en otras áreas del hogar”, dice el psicólogo Gabriel Callejas. “Rechazamos compartir la cama, pero seguimos compartiendo una vida”, sintetiza.

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