MUCHO POR EXPLORAR. El cerebro tiene profundos misterios médicos.

El aumento del flujo sanguíneo en el cerebro después de un ACV microscópico no significa que el cerebro se haya recuperado, al menos en el momento, según una investigación de la Universidad de Rice, en EEUU conducida por la neuroingeniera Rice Lan Luan, y publicada en la revista Science Advances.
El equipo descubrió una desconexión significativa entre cuánto tiempo toma el flujo sanguíneo en volver y la función cerebral en recuperarse. “Se trata de una disociación neurovascular pronunciada que ocurre inmediatamente después de los ACV a pequeña escala, se vuelve más severa unos días después, dura períodos crónicos y varía con el nivel de isquemia”, escriben los investigadores.
El estudio, en modelos de roedores, reveló que la restauración del flujo sanguíneo en el cerebro ocurre primero, y que la recuperación neuronal puede tomar semanas incluso en ACV pequeños, y posiblemente más para los grandes.
El estudio requirió instrumentos diseñados para controlar el flujo sanguíneo y la actividad cerebral simultáneamente antes, durante y después del inicio de los ACV.
“Esto comenzó con el dispositivo -cuenta Luan, quien desarrolló un electrodo neural flexible junto con Chong Xie mientras estaban en la Universidad de Texas, en Austin-. Cuando los tuvimos quise usarlos para comprender funciones y disfunciones cerebrales en un dominio difícil de probar con tecnología anterior. Estos electrodos son muy flexibles y permiten imágenes directas de las regiones del cerebro”. Para lograrlas las combinaron con líneas ópticas capaces de medir el flujo sanguíneo, y los datos reunidos durante ocho semanas permitieron una comparación precisa entre el flujo sanguíneo y la actividad eléctrica. “Los ACV en los que nos enfocamos son tan pequeños que es muy difícil detectarlos con medidas de comportamiento -añade la especialista-. No veríamos un deterioro en la locomoción”.
“Las implicaciones en humanos son similares -asegura-. Los microinfartos pueden ocurrir espontáneamente y como son muy pequeños, no se nota como si tuvieras un derrame cerebral. Pero hace mucho tiempo se hipotetizó que está relacionado con la demencia vascular”.
Luan advierte de que el impacto neurológico de los microinfartos individuales es en gran parte desconocido. “Eso nos motivó a organizar esta serie de experimentos para medir directamente los impactos de esas lesiones a pequeña escala”, explica.







