Más 700.000 niños caerán en la pobreza: la historia de una familia del barrio 11 de Marzo

En el comedor “Lazos y Comunidad” se duplicaron la cantidad de viandas desde que empezó la pandemia.

05 Jun 2020 Por Martín Dzienczarski
1

HEROÍNAS. En plena crisis por la pandemia, Pachilla y las cocineras atienden al doble de familias en el comedor. la gaceta / foto de Ines Quinteros Orio (archivo)

Con la llegada de los días fríos, la preocupación central de Rubén Cáceres volvió a ser el dinero. “Tuve dengue y estuve de cama dos semanas, le tocó a mi esposa y también a dos chiquitos. Es horrible porque si el dolor para mí era insufrible, imaginate saber que ese dolor de cuerpo lo tuvo que atravesar una criatura. Estos días no tuvimos mosquitos en la casa, ya no hay que estar tan encerrados por el coronavirus porque abrió el comercio, lo que me preocupa es tener plata porque la estamos pasando bastante mal”, contó.

Cáceres vive en el barrio 11 de Marzo, al sur de la ciudad. Trabajaba de peón de taxi, alquilaba un auto por turno y además, cuando podía, hacía reparaciones como albañil, electricista y plomero. De todo un poco. También salía con una desmalezadora para cortar el pasto los fines de semana. Pero desde que comenzó el aislamiento social, preventivo y obligatorio, la actividad se resintió, como para casi todos los rubros. El taxi se acabó hace más de un mes: otro chofer agarró un agujero donde debía haber una tapa de claoca y el auto quedó en el taller. “El arreglo parece que sale más de lo que puede pagar el dueño, entonces ese taxi quedó tirado en el fondo de su casa, ni siquiera en el taller. Alquilar un auto por turno sale $ 1.500, hay más baratos pero a esos autos no se quiere subir nadie, y esa igual es plata que ya no tengo por día. Los laburitos de albañil o de electricista hace mucho que no tengo, ahora lo único que tengo es cortar el pasto, salgo con barbijo y la bicicleta ofreciendo en los barrios”, explica el muchacho. En su casa viven dos adultos y seis niñas y niños: Rubén, su esposa Florencia, y sus hijos de 5, 7 y 9 años. Se suman los hijos de la hermana de Florencia, de 3, 7 y 13 años. Ella falleció víctima de un femicidio. Rubén y Florencia se están haciendo cargo de los niños. Se preservan los datos para preservar a las víctimas.

“La verdad es que andábamos ajustados con la plata pero nos alcanzaba. Estos meses fueron difíciles, me agarró un bajón fuerte. Nos salvó un poco el Ingreso Familiar de Emergencia, la tarjeta Alimentar y la AUH (por Asignación Universal por Hijo) de mis hijos, pero bueno. Tuvimos que ir al comedor de la avenida, de doña Mary porque...”, Rubén deja de hablar. Se le acercó la más chica de la casa para mostrarle cómo pintó una botella de plástico que hace las veces de auto de carreras. Él sonríe. Se emociona. Alaba el juguete mirándolo a través de sus lágrimas.

“Mi marido se puso mal y fui a preguntar al comedor si tenían comida para nosotros. No me da vergüenza porque la verdad que no teníamos para comer. Estamos preocupados porque las boletas de la luz vienen muy altas, hay algunas por $ 4.000 que no pudimos pagar. La verdad que entendemos que la cuarentena era fundamental para que no nos enfermemos todos, pero después de la crisis del año pasado y del anterior, esto nos hundió. Nos preocupa las tarjetas de crédito, porque nos endeudamos para el comienzo de las clases y sabemos que esa ‘pelota’ la tendremos que pagar en algún momento”, cerró Florencia.

Las niñas y niños de la casa de Cáceres forman parte de lo que el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (Unicef, por sus siglas en inglés United Nations Children’s Fund) denominó en Argentina “pobres Covid”, tras un reporte que alerta por un potencial incremento de la pobreza infantil en niñas, niños y adolescentes a raíz de la crisis económica aparejada a la pandemia: 700.000 niñas, niños y adolescentes junto a sus familias en todo el país caerán bajo la línea de la pobreza en la próxima medición estadística del Estado. Se suman a los 7 millones de chicas y chicos que ya midió bajo la línea de la pobreza el Indec a finales de 2019.

Comedor infantil

La familia Cáceres también es una de las que se ha sumado, desde marzo, para comer en el comedor Lazos de Comunidad -en Olleros y Colón-. “Hace 24 años que sostenemos el comedor. Empezamos con 35 niños y hoy damos 410 porciones por día. La gente hace cola en el comedor para recibir las viandas, la mayoría son porciones para niños”, relató a este diario María Pachilla, coordinadora del espacio.

“Tenemos muchas más personas, muchísimas más familias desde que comenzó esto. Teníamos para 200 porciones por día en marzo, antes de la pandemia, y ahora aumentamos un montón. Muchas familias vienen a comer y me da tristeza: desde las 12 hacen fila para recibir viandas y a veces a las 13 ya no queda más”, comentó. “Al lugar lo mantengo con mucha fortaleza. Qué voy a hacer, la situación que se vive es muy fuerte. Recibimos partidas del Estado pero como a veces se atrasan, recibimos ayuda de personas que donan, hacemos colectas, buscamos la manera de que nunca haya gente que se quede sin comer. Mi idea es que ningún niño, anciano o discapacitado se quede sin comer. Me rompe el alma ver que no alcance un plato de comida, así que de donde sea hacemos cualquier comida para que no se queden sin llevar. No llegamos a cubrir la necesidad (de alimento) con lo que nos dan. Sigo acá porque estos niños me necesitan”, finalizó.

Temas

Coronavirus
Comentarios