PASARON 22 AÑOS. Seinfeld hizo un largo paréntesis. Finalmente, volvió al stand up
BUENO
STAND UP / POR NETFLIX
Antes de criticar la comedia de un verdadero maestro como Jerry Seinfeld (¿somos dignos acaso?) vale subrayar lo bueno que es verlo en un escenario. No porque su anterior programa de Netflix (“Comediantes en auto tomando café”) sea malo, sino porque todos extrañaban sus monólogos. Ese rubro en el que empezó y sobre el que se basó la exitosísima serie “Seinfeld”, en la que se interpretó a sí mismo. Se trata, además, de su primer show de stand up en 22 años.
“23 horas para matar” (dirigido por Joe DeMaio) podría dividirse a la mitad para calificarlo. El propio Seinfeld advierte pasados los 30 minutos (el show dura poco más de una hora) que comenzará a hablar de sus dilemas personales. En la primera media hora pone el foco afuera, siempre con la mirada fresca y ocurrente a la que nos tiene acostumbrados.
Los temas no son novedosos (tampoco deben serlo) pero es el enfoque el que nos hace reír. ¿Cuántos cómicos hablaron de nuestro comportamiento con los celulares? Muchos. Pero Jerry ofrece las sentencias más originales. ¿Cuántos cómicos hablan de la vida en Nueva York? Otra vez, muchos. Y otra vez, vuelve a sorprender, incluso con un comentario que parece adelantado en el tiempo. El show se grabó a fines del año pasado justamente en el teatro Beacon, de Broadway y sin la covid-19 entre nosotros. Aún así, él reflexiona: “nos gusta aglomerarnos en Nueva York. Nos gusta vivir todos juntos, prácticamente uno encima del otro cuando hay tanto lugar libre en las afueras”. Justo la aglomeración, un concepto devenido negativo a partir de la pandemia.
Por más caprichoso y ridículo que suene, es raro ver que por ahora no se haga mención del tema. Para un género que vive tanto del día a día, de las experiencias personales como el stand up, que los comediantes no hablen de lo que sucede en el mundo hace ya más de cinco meses es extraño, desactualizado. Seinfeld hizo un pequeño comentario “premonitorio” y quizás termine siendo suficiente. Luego, sobrarán los monólogos acerca del tema.
La segunda parte es otra historia. Los temas siguen siendo corrientes pero el enfoque también lo es. En realidad es prácticamente un solo tópico: los dramas maritales puertas adentro. Los clásicos chistes de matrimonios que venimos escuchando hace rato. El género en sí no es el más atractivo pues ¿desde hace cuánto nos cuentan que -supuestamente- la mujer escucha todo, tiene memoria de elefante y gana siempre las discusiones? Bastante. Nada nuevo para descubrir allí. Seinfeld se despide hablando de eso. Una media hora que nos tiene menos atentos.
El balance general no es malo. Está claro que Seinfeld no tiene nada que demostrarle a nadie, pero hasta puede vérselo con otro ímpetu en el escenario. De hecho, el show arranca con él tirándose a un río desde un helicóptero. Una especie de metáfora: Seinfeld puede tirarse al vacío cuando quiera, siempre tendrá agua (y aplausos) esperándolo.








