Pese al malestar, los adolescentes aprueban la cuarentena

Una encuesta a 1.200 jóvenes arrojó que la falta de interacción física y diálogo provoca ansiedad. No obstante, prima la conciencia social.

03 Jun 2020
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EN SILENCIO. El 35% de los encuestados siente que en su casa no hay nadie a quien expresarle su malestar.

En el marco de la emergencia sanitaria actual, la asociación civil FUSA AC realizó una encuesta a 1.200 jóvenes argentinos para averiguar cuál era su opinión sobre la extensa cuarentena y la forma en que manejaban sus vínculos y emociones.

Cómo resultado, la institución (dedicada a la atención integral de salud en adolescentes) reveló que el 88% de los encuestados estaba “de acuerdo o muy de acuerdo” con la medida del aislamiento social.

En lo que respecta a la comunicación, el 46% de los encuestados (entre 10 y 21 años) afirmó que recibir noticias sobre el contexto actual les ayudó a sobrellevar la situación. Aunque eso no evitó que la incertidumbre se apodere de sus rutinas. El dato es que 66% de los adolescentes afirmó que su salud física, mental y emocional se vio afectadas por el encierro y la merma de actividades grupales.

Otro de los valores en que hizo foco el formulario fue la posibilidad de conversar sobre sus estados de ánimo con algún familiar. La respuesta fue que el 40% tenía una vía de charla libre con sus madres y que, en más del 90% de los casos, la convivencia familiar era muy buena o buena.

No obstante el porcentaje restante es sinónimo de una necesidad de mejoría en los diálogos que fluyen dentro del hogar. “Esto resulta llamativo porque sabemos que la posibilidad de hablar acerca de nuestros sentimientos y percepciones hace posible la tramitación psíquica de los miedos y de las ansiedades propias de un contexto disruptivo como el actual”, comentó Daniela Giacomazzo, coordinadora del área de expansión comunitaria de Fusa AC, en una entrevista con la agencia de noticias Télam.

Además, la psicóloga destacó que el uso exclusivo de la virtualidad sirve como aligerante, pero no como una solución para llenar baches sociales. “Si bien se siguen vinculando en forma virtual, la mayoría de los adolescentes remarcan un impacto en la salud por no poder relacionarse en espacios físicos con sus pares. La ausencia del contacto cotidiano en el ámbito físico tiene un impacto en los sentimientos de tristeza, ansiedad y frustración”, detalló.

En este punto, la sociología Florencia Maffeo destacó que lo más interesante fue relevar algunas cuestiones referidas a la convivencia, la organización rutinaria y las tareas del hogar. Sobre todo al tener en cuenta que las políticas públicas de prevención no los contemplan en profundidad por no pertenecer al grupo de riesgo.

“Nos interesaba conocer la mirada de los adolescentes desde ellos mismos porque habitualmente escuchamos mucho hablar sobre la adolescencia pero desde una mirada adulta. Si bien reconocen que tienen gran aceptación de la medida de aislamiento, también ven afectada su salud por tener que interrumpir actividades habituales”, explicó la profesional.

Ser responsable

Adaptarse a los cambios fue complicado e involucró críticas, quejas y portazos. Una vez superada esa etapa inicial -afirmó Maffeo-, los encuestados son completamente conscientes del esfuerzo que debe hacerse dadas las circunstancias actuales.

“Es interesante pensar que los adolescentes aceptan -en términos de una salud- el cuidado colectivo. Y lo apoyan”, enfatizó. Lo que a su vez implica ser capaces de informarse por su cuenta y movidos por la propia necesidad de colaborar.

“El formulario demostró que los jóvenes se informan con contenidos oficiales y científicos. No solamente por las redes sociales. Ellos ven la televisión y usan los contenidos del Ministerio de Salud de la Nación y las tareas escolares como medios para acceder a un conocimiento verídico”, acotó la socióloga.

La parte difícil

En estas instancias, son varios los académicos que cotejan una nueva “normalidad” una vez que la cuarentena acabe. El problema es que hay experiencias sociales y psicológicas que para muchas personas quedaron irresueltas. Este es el caso de los últimos pasos por la secundaria y las proyecciones sobre el futuro universitario.

“Muchos adolescentes recibieron el impacto que tenía la imposibilidad de poder transitar, por ejemplo, el último año o la imposibilidad de no participar en los clubes, los boliches o las actividades físicas. Las consecuencias de estas faltas también tienen su reflejo en la salud mental”, enfatizó Giacomazzo.

El último dato es que adolescentes y jóvenes aprendieron a organizar su vida con cierta rutina. “Para algunos esto implicó una planificación de los ejercicios escolares virtuales. Mientras que para otros se reflejó en sus intereses y sus necesidades. Contra el prejuicio general, la encuesta reveló que en esa franja etaria hay una capacidad de autoorganizarse importante. Aún en condiciones de excepcionalidad”, resaltó la psicóloga.

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