“En Tucumán se le está perdiendo el miedo al virus y eso preocupa”

Los médicos Centinelas tienen a su cargo el hisopado en los casos sospechosos y hacer el seguimiento en los positivos.

28 May 2020 Por Juan Manuel Montero

¿Cuánto tarda Superman en ponerse el traje dentro de esas viejas cabinas telefónicas? O Batman, que debe bajar a la Baticueva y cambiarse minuciosamente. A Ironman se le hace un poco más fácil. Es todo mecánico y él solo debe quedarse quieto. Imaginemos el caso de la Mujer Maravilla, que muchas veces lleva su uniforme debajo del vestido. O de Black Widow que hasta que no le dicen que hay que salir, se pasea de jeans y remeras. Pero todos ellos, a lo sumo, se cambian una vez al día. Salen, salvan al mundo y vuelven. Una misión diaria como mucho. Paola Saavedra puede tardar hasta 10 minutos en ponerse el uniforme. Y otros 10 en sacárselo. A José María Mansilla le lleva casi el mismo tiempo. Gonzalo Wilke, o Salvador Sal también insumen la misma cantidad ponerse el traje de héroes. Pero no una vez por día. Pueden ser seis, o siete veces en un turno. Ponerse el traje, entrar en acción, y sacarse el traje. Y partir a una nueva misión. Y así todos los días. Todos los días, siete días a la semana, todo el mes…

Ni Mansilla, ni Saavedra, o Wilke, o Sal, ni sus otros compañeros, Franco Fagetti, Andrés Torres, Gerardo Dip o Carlos Medina usan capa. Tampoco vuelan, ni tiene visión de rayos x, ni pueden levantar autos para evitar una tragedia. Y lo peor es que su enemigo, ese contra el que luchan todos los días, es invisible y tiene un poder devastador, mortal. Y hasta aquí no hay arma que lo detenga. Sólo hay que estar aislados. Mantenerse lejos. Y controlar. Ahí es donde los Centinelas hacen su aparición. Y se ponen el traje de héroes.

“Quién iba a pensar a principio de año que estaríamos en esta situación? Imposible preverlo. Pero pasó, y aquí estamos”, dice el cirujano José María Mansilla. Él es el jefe del equipo. Y llegó a ello casi sin proponérselo. Trabajaba en un Caps y antes de la pandemia le propusieron ser parte de los Médicos Centinelas. “Tomé el cargo por el alejamiento de una compañera, pero no sabía lo que se me venía por delante”, recuerda. Y por delante apareció el Coronavirus.

Este grupo de profesionales del Siprosa trabaja desde hace años justamente en la detección y prevención de enfermedades desconocidas, sobre todo respiratorias virales, como sucedió la última epidemia de H1N1 (gripe A). Pero su preponderancia tomó mayor dimensión cuando apareció el nuevo virus. “Los que trabajan aquí son voluntarios. Ellos saben a qué se enfrentan”, advierte Mansilla. Y Sal reconoce que un poco locos están por hacer lo que hacen, pero que desarrollan su trabajo con todo profesionalismo, y que además le suman una cuota de humor. “Si no, sería imposible”, reflexiona.

Mansilla cargó con la mayor responsabilidad las primeras semanas. Hasta que todos fueron aprendiendo, fue él quien diseñó el protocolo junto y quien tuvo a su cargo la mayor cantidad de toma de muestras hasta el momento. Basta un dato: de los 47 enfermos que tiene la provincia, él detectó 18 de esos casos.

Saavedra es consciente de que su trabajo es peligroso. “Pero alguien tiene que hacerlo”, reconoce. Y dice que al principio sentía temor, pero que con el paso de los días fue tomando confianza. “Es un trabajo como el de todos. Como si estuviera en el hospital, o en un consultorio. Hay que tomar muchas precauciones y ser un poco psicólogo. A veces es complicado tomar las muestras. Las personas tienen miedo por todo lo que está pasando, pero hay que hacerlo. La única forma de prevenir el contagio es haciendo los hisopados y aislando a quienes están contagiados. Ahí es donde entramos nosotros”, explica. “Cuando dije que si a la propuesta de venir a trabajar aquí todo el mundo me retó, se asustó”, dice con una sonrisa.

FICHA MÉDICA. La kinesióloga Paola Saavedra anota todos los datos.

Tanto Mansilla como Saavedra rechazan el mote de héroes. “Somos profesionales de la salud a los que les tocó este trabajo”, analiza el coordinador. “Tenemos el apoyo de nuestras familias, y decimos bueno, lo vamos a hacer”, agrega. “Es lindo que te reconozcan, pero no somos héroes. Somos los que estamos en la trinchera. Creo que tenemos que tener un carácter especial, pero no somos especiales”, afirma Saavedra, siempre detrás de su barbijo y sus antiparras. “Los primeros días ninguno dormía. Estábamos nerviosos, pero eso fue pasando. Hoy ya tengo un par de positivos conmigo, y estoy bien. Todo lo hacemos con responsabilidad y seguridad”, afirma sin perder el ningún momento el buen humor.

Trabajo en equipo

Dos áreas esenciales se complementan con los Centinelas: el Laboratorio de Salud Pública que funciona en el Hospital Néstor Kirchner, y quienes atienden en el 0800-5558478, de Vigilancia Epidemiológica. Cuando los médicos llegan a su trabajo, todos los días a las 7, ya tienen una hoja de ruta marcada por los llamados al 0800. Y son dos los trabajos cruciales que hacen: concretan nuevos hisopados, ante casos sospechosos, y hacen el seguimiento de quienes ya tienen confirmado el diagnóstico. Son ellos los que deben ir casa por casa, sea donde sea, para testear a las personas. La ambulancia está especialmente preparada para estos casos. Y en todo momento prima lo que para ellos ya es irrebatible: seguir hasta el cansancio las normas de bioseguridad. Cofias, antiparras, barbijo N95 y de cirugía, ambo, camisolín, protección para el calzado y guantes. Un verdadero traje contra el enemigo.

PROTOCOLOS. El equipo desechable se tira luego de tomar muestras.

“Hay un acto que es primordial, que es el hisopado. Y cuando llegan los resultados y alguno es positivo, cada uno de nosotros sabe quién lo hizo. Y comienzan los temores. Hasta que, por ejemplo en mi caso, llega el remanso de la voz de tu hijo de 14 años que te dice ‘papá si vos no lo hacés no lo va a hacer nadie más que vos’ y eso es reconfortante”, explica Mansilla.

No todos los pacientes son iguales. “Hay quienes efectivamente quieren saber si están contagiados, y hay otros que no quieren saber nada del procedimiento ya que no les cabe la posibilidad de ser Covid positivo”, advierte el jefe de los Centinelas.

Tanto Mansilla como Saavedra sabe que esto no es algo que vaya a desaparecer con la misma velocidad con la que irrumpió. “Lo que más me preocupa es saber que hay como una desesperación para que demos un paso más en la fase de control. Independientemente de que no se levante la cuarentena la gente está en la calle. Van con el tapaboca, pero hay mucha gente en la calle”, advierte Mansilla. “Se le está perdiendo el miedo al virus, y eso me preocupa”, remarca.

Cuando llega la noche, los Centinelas planifican entre todos el trabajo del día posterior. “Siempre nos vamos a descansar con la satisfacción del deber cumplido. Este es nuestro trabajo, el que nosotros aceptamos Y estamos listos para seguir luchando”, coinciden. Ya lo dijo Ben, el tío del Hombre Araña, parafraseando a Franklin D. Roosevelt: “Un gran poder conlleva una gran responsabilidad”. Y los Centinelas siguen al pie de la letra esa máxima.

La comunicación es clave

Se pueden comunicar casos sospechosos por teléfono, Whatsapp y mail

Desde que se desató la pandemia, el centro de monitoreo del Sistema Provincial de Salud (Siprosa) recibió más de 27.000 consultas telefónicas, y casi 50.000 mensajes de texto vía WhatsApp. Son alrededor de 700 consultas diarias. Los números de teléfono para poder enviar mensajes son el 381-6346779 y el 381-6346784. Además se pueden comunicar al 0800 - 555 - 8478. También hay un teléfono fijo, que es el 0381 - 4302228, al cual se puede llamar de lunes a viernes de 7 a 17 horas. Y finalmente se habilitó el mail [email protected] al cual también se pueden enviar consultas. A partir de la información que llega mediante esas vías de comunicación, los Centinelas planifican su trabajo y pueden dirigirse a los domicilios en los que se denuncian casos sospechosos, o bien hacer el seguimiento a quienes ya dieron resultado positivo.

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