A la fuerza, los tucumanos se acostumbran al café para llevar

Para algunos, es un afortunado descubrimiento. Otros, extrañan el ritual del café, la pausa y la charla.

28 May 2020 Por Julio Marengo

“Un café de 60”, dice don “Tito”, nada convencido, pero es lo que hay. Está parado en la esquina de 25 de Mayo y Santiago del Estero, en el bar que nunca cierra (o que nunca cerraba), el más elegido para terminar las noches que no terminan más. Pero esta vez es de tarde, son alrededor de las 18, y “Tito” -un hombre de bien entrados los 60 años- ha bajado por cuarta vez de su departamento, ha caminado unos cuantos metros, y ha pedido un café para llevar.

Se lo sirven en un vaso de telgopor. En una mesita instalada en la puerta del bar le ofrecen endulzantes y el infaltable vasito de soda. “Tito” le pone onda, pero no es lo suyo. “Yo vendo autos, estoy más tiempo en este café que en mi oficina. Pero bueno, estoy acostumbrado a tomar café así que vengo a buscarlo y lo llevo, aunque no sea lo que más me guste”, confiesa el cliente y se va con su café.

Luis Dulor, encargado de ese bar, da fe: así como “Tito”, hay varios clientes que están desconcertados de ver las sillas apiladas sobre las mesas, las luces semiapagadas y los mozos sin bandejas. “Nosotros no teníamos ni delivery ni café para llevar, no teníamos descartables, pero ahora no hay opción. Es un aprendizaje para todos”, dice el empleado.

EN LA PLAZA. Carina y Facundo extrañan los bares, pero no tanto.

Desde que se declaró la pandemia de coronavirus, los bares y cafés de prácticamente todo el mundo cerraron sus puertas. Algunos, los que ya tenían aceitada la modalidad del café “take away” (para llevar), pudieron a los pocos días volver a abrir. Otros tuvieron que adaptarse tras estar más de dos meses sin atender al público. Y los clientes, se vieron forzados a adoptar esta forma de consumir el café “al paso”, una costumbre que no terminaba de arraigarse en Tucumán.

Adaptarse o morir

“Abrimos más que nada para mantener la cabeza en actividad, pero el consumo no es el mismo. Cada uno de los clientes que pasan por acá nos dicen lo mismo: que no ven las horas de sentarse a tomar un café como lo hicieron siempre, de tener esa pausa, de charlar con su gente”, asegura Marcela Gerónimo, encargada de uno de los bares de la calle Santa Fe, frente a la plaza Urquiza.

Ellos comenzaron la semana pasada con esta manera de atender, a la que no estaban habituados. Ni sus clientes frecuentes tampoco. “Por supuesto, nadie -o muy pocos- se llevan un desayuno. Sí un café y una medialuna, o una tortilla, como mucho. Pero mucho más tranqui”, describe. Adaptarse al contexto o morir, sería la disyuntiva a la que se enfrentaron algunos negocios.

AL PASO. Con el bar cerrado, don “Tito” se quedó sin “oficina”.

Al lado de ese bar con nombre irlandés, otro negocio está en su salsa: desde 2017 venden solamente café para llevar. Y antes, desde 2011, lo mismo pero en la Terminal de Ómnibus. “Es lo que se llama ‘cabina de café’, coffee cabin en inglés. Tenemos nuestros clientes, pero ahora vemos que se incrementó la demanda”, dice Rosario Yiyi, su propietaria, a quien la pandemia le dio un espaldarazo para cumplir un sueño pendiente: convertir su cabina de café en una franquicia.

El amor por el café -o más bien la costumbre de sentarse a tomar uno en un bar- no ha cedido con la cuarentena. Hay dos escenas comunes por estos días, que se repiten en las calles tucumanas: una, las personas caminando con su vasito descartable, cambiando la charla sentados por un paseo a pie. Y la otra, que ya ha traído problemas a algunos negocios, los clientes que encuentran cualquier sitio de apoyo para hacer la pausa y tomarse un “feca”.

Un descubrimiento; si no fuera por la pandemia, Carlos no hubiese probado el café para llevar

“Suelo tomar café seguido por esta zona, pero siempre me senté en los bares”, cuenta Carlos Boullhesen. El martes, aprovechó una salida al centro para hacer su pausa de café, pero desde hace algunos días que “descubrió” las ventajas de que sea para llevar. “Me parece que está bueno, porque lo puedo tomar en la plaza, al aire libre, mientras mi hijo juega. Es algo que no había hecho antes y la verdad, me parece un buen cambio. Es un descubrimiento de la cuarentena, porque creo que de otro modo nunca hubiese pedido un café para llevar”, le contó a LA GACETA.

Pasadita, café y pucho: "No veo las horas de que vuelvan los cafés"

María Eugenia Seleme tiene sus rituales: cada vez que pasa por uno de los bares de frente a la plaza Urquiza, se sienta a tomar un café “de pasadita”, como dice ella, acompañado siempre por un “pucho”. Lo hace cada vez que sale de su casa o vuelve del trabajo. Y el martes, más que nunca, necesitaba esa “pasadita, café y pucho”, porque salía de terapia. “No veo las horas de que abran los cafés, es una costumbre. Jamás compré café para llevar, porque justamente lo que quiero es la pausa, no tomarlo caminando”, sostiene.

Comentarios