Quieren exigirles a las guarderías tucumanas que reciban bicicletas

En línea con las tendencias mundiales por la pandemia, un proyecto busca que los ciclistas cuenten con lugares seguros donde dejar sus rodados.

27 May 2020 Por Federico Türpe
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A PEDALEAR. Debido al distanciamiento social, las bicicletas se imponen en decenas de metrópolis y, de a poco, en nuestra ciudad. LA GACETA / FOTO DE DIEGO ARÁOZ

Más de 200 ciudades en el mundo están llevando a cabo transformaciones estructurales debido a la pandemia y a sus posibles secuelas, algunas de las cuales se extenderán por meses o años.

La mayoría apunta a la resignificaciones de los espacios públicos, a la administración de los amontonamientos, a la higiene social y, sobre todo, al transporte urbano.

La bicicleta ya se impuso en decenas de metrópolis del primer mundo, y no tanto, como uno de los medios más usados para distancias cortas y medias, pero con este terremoto silencioso que produjo la pandemia esta alternativa de transporte saludable se está extendiendo rápidamente a otras cientos de metrópolis (“El mundo está volviendo a caminar”, LA GACETA 02/05/20).

Algunos países ya han tomado medidas concretas, como Francia, que anunció subsidios anuales para las personas que vayan a trabajar en bici, otras urbes han empezado a cerrar a los automóviles sectores comerciales, avenidas o parques, para priorizar de este modo la circulación de caminantes y ciclistas.

Oakland, en California, fue una de las pioneras en EEUU en este sentido, y ya reconvirtió más de 100 kilómetros de arterias en “calles lentas”, de forma permanente o por horarios, medida que está siendo imitada por muchas otras ciudades norteamericanas.

En otros casos están ampliando las redes de ciclovías o los trazados de bicicletas de alquiler con estaciones fijas, como funcionan en Rosario o en Buenos Aires, idea que también anunciaron la semana pasada en esta provincia los municipios de Tafí Viejo y de Yerba Buena para conectar esas ciudades.

¿Dónde dejo la bici?

Uno de los principales inconvenientes que encuentran los ciclistas en Tucumán es que no tienen lugares para estacionar sus rodados.

A excepción de la Dirección Provincial de Rentas, en 24 de Septiembre al 900, que tiene en su vereda los clásicos hierros semicirculares para encadenar las bicis, la mayoría de las instituciones públicas, empresas, escuelas y universidades no proveen espacios para aparcar bicicletas de forma segura.

Esto, a causa del temor a los robos, desalienta a los ciclistas a optar por esta opción como medio de transporte urbano.

Hasta las guarderías de autos y motos rechazan el ingreso de bicicletas.

Por esta razón, el concejal radical e interventor de la UCR, José “Lucho” Argañaraz elaboró un proyecto de ordenanza, que se presentó esta mañana, para exigirle a las cocheras de la capital que destinen no menos del 5% de su espacio para guardar bicis.

La norma detalla que las guarderías deberán contar con elementos de amarre seguros, anclados al piso, y que la tarifa para alojar bicicletas no podrá superar el 20% del valor fijado para los automóviles.

Una vez promulgada la norma, los estacioneros tendrán un plazo de tres meses para adecuar los espacios y su incumplimiento acarreará multas. También se dispone de una línea de contacto para que la gente denuncie a quienes no cumplan con esta ordenanza.

Argañaraz adelantó que tiene otros proyectos en carpeta que promuevan el uso de la bicicleta de forma segura y masiva.

Entiende que es el Estado el que debe ofrecer las condiciones y la infraestructura para que los vecinos puedan trasladarse de forma más limpia, barata y saludable.

Las semipeatonales son un ejemplo de lo que se denominan “calles lentas”, y la capital dio un primer paso el año pasado transformando siete cuadras en el microcentro, en línea con las tendencias urbanísticas más avanzadas en el mundo, aunque aún resultan totalmente insuficientes.

Son necesarias muchas más medidas como las que impulsan Argañaráz, o Tafí Viejo y Yerba Buena para descongestionar los centros comerciales, descontaminar las ciudades, silenciarlas y ofrecerles a los vecinos medios de transportes económicos y saludables.

Tucumán cuenta con condiciones únicas para promover que la gente camine más o ande en bici, por sus distancias cortas, pero el Estado debe proveer de más seguridad, corredores menos congestionados, lugares de estacionamiento e incentivos para quienes colaboran con mejorar la calidad de vida de la ciudad.

Cada persona que se sube a una bici es alguien que se baja de un auto, de una moto o de un colectivo, que no quema combustibles fósiles, no hecha humo y no congestiona el tránsito ni hace ruido.

Los cambios culturales suelen ser largos, pero toda travesía comienza con un paso, o también con una pedaleada.

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