Cómo viven la pandemia los tucumanos que quedaron lejos de casa

Desde cuatro países diferentes, siete tucumanos comparten sus sentimientos y vivencias de la pandemia con LG PLAY.

23 May 2020

Algunos están radicados en el exterior por razones de trabajo y dos se fueron de vacaciones y todavía no pueden volver. Están dispersos por Milán (Italia), Nueva Zelanda, Israel y las ciudades de Barcelona, Madrid y Valencia, España. Te contamos cómo viven la pandemia los tucumanos desparramados por el planeta. 

Wellington

“Vivimos día a día, con la esperanza de que mañana sea el vuelo de repatriación”

La odontóloga Elisa Bruno, de 63 años, en febrero se fue de vacaciones a Nueva Zelanda con una amiga. “Fuimos escuchando que había un virus en China. Jamás me imaginamos que se desataría una pandemia”, dijo. Como en ese país no hay circulación de covid-19 y ellas estaban de paseo, explicó que no dimensionaron la gravedad de la situación hasta que les cancelaron un vuelo. Contó que la hija de una amiga las acogió desde entonces en su casa, pero que la situación económica se tornó difícil. “Todo es valor dólar; es desesperante. Nos quedan salditos, pero lo más importante es volver a ver a nuestras familias, estamos desesperadas por volver”, afirmó. Confesó también que mantener el ánimo en alto el ánimo en difícil. “Son mis hijos los que me están haciendo el soporte emocional, porque he caído muchas veces en el pozo depresivo por no sabe cuándo voy a volver, es muy angustiante; vivimos día a día con la esperanza de que mañana será el vuelo de repatriación”, aseguró. Como reflexión, opinó que la humanidad debe modificar su conducta. “La naturaleza ha resurgido sin la presencia del humano”, expresó.


Yotvata

“Si hay una palabra con la que yo me quedo por la pandemia es solidaridad”

La tucumana Gabriela Waisman vive hace casi 18 años en Israel. Trabaja en la administración del Kibbutz Yotvata, en el sur del país. Señaló que al principio las medidas parecían exageradas, pero que funcionaron. Destacó el rol de la sociedad para achatar la curva y reveló que vivir en una zona rural fue una ventaja en el confinamiento. Contó que allá la gente es tan afectuosa como en Argentina, pero que va tomando consciencia de que es importante la distancia. “Hay como una paradoja entre el distanciamiento físico y el acercamiento virtual”, reflexionó. Respecto a lo que le dejó la pandemia, ponderó los gestos humanitarios por sobre todo. “Si hay una palabra con la que yo me quedo es solidaridad”, afirmó.


Madrid

“Mi monoambiente era espectacular hasta que me dijeron que tenía que estar dos meses acá”

María Paz Perinotti tiene 25 años y es profesora de inglés. Hace un año que vive en Madrid, donde ejerce su profesión. Contó que todo era incertidumbre cuando los mandaron a hacer cuarentena, porque la situación ya se había desbordado. “Gente enferma si conozco, pero sólo tuvo una fiebre. En la calle hubo mucha psicosis. Creo que es porque lo agarraron tarde, porque pasó de nada a todo”, indicó. Afirmó que el confinamiento pasó ya que estaba todo el día afuera. “Mi monoambiente era espectacular hasta que me dijeron que me tenía que quedar acá dos meses”, confesó. La joven dijo que no es demostrativa con sus afectos, pero que en el confinamiento notó lo mucho que extraña a sus perros. Respecto a su profesión, dijo que no fue fácil. “Me considero una beneficiada, pero me costó mucho adaptarme. Explicar todo en una pantalla chica ha sido difícil”, reconoció.


Auckland

“Somos muchos los que queremos volver a pesar de que allá la situación es complicada”

También desde Nueva Zelanda, pero en Auckland, Lucía Zelaya contó que a principios de marzo fue a visitar a su hermana, que reside allí. Tenía previsto volver a Tucumán el 12 de abril, pero que ahora es toda una incertidumbre saber cuándo volverá a reunirse con su familia. “Hace dos meses que estoy esperando volver; que no nos olviden. Nueva Zelanda es país modelo (en combate contra el virus) pero somos muchos los que queremos volver a pesar de que allá la situación es complicada”, dijo. La joven, que trabaja en una empresa familiar, dijo que comparte grupo de Whatsapp con 270 argentinos varados en ese país, pero que en la Embajada le aseguraron que son 360 los que solicitaron retornar a la Argentina, lo cual sería una complicación porque los vuelos tienen menos de 300 asientos. “En estos días de cuarentena, se valora a la distancia a la familia, que se entraña mucho”, expresó.


Valencia

“Debemos dedicar más tiempo a lo que nos hace felices”

Marcos Silvetti, tiene 25 años, es licenciado en Administración de Empresas y hoy cumple 10 meses en la ciudad de Valencia, España, donde está estudiando un máster en Finanzas. Tenía pensado volver en abril a visitar su familia pero no pudo ser posible. Tampoco sabe lo que le depara el destino, dice. Reconoce que la Argentina “se tomó una decisión a tiempo para aplanar la curva” y que eso ayudó mucho a frenar los contagios. Pero “lógicamente hay países que tienen una estructura más sólida que otros”. Entiende que las medidas de aislamiento social puedan impactar de manera “chocante en la sociedad” aunque tiene “la esperanza de que la gente pueda tomar conciencia” y para ello tiene la “experiencia de todo el mundo como para darse cuenta  de que los países que lo pudieron hacer (frenar el virus) son los que más rápido están saliendo adelante”.  Marcos además estaba jugando al rugby en España y los últimos partidos tuvieron que ser suspendidos. A pesar de todo cree que la pandemia deja muchas enseñanzas. Este tiempo “nos ayuda a enfocarnos en nuestros proyectos y nos ayuda a darnos cuenta de que debemos dedicarle más a lo que nos hace felices”, reflexiona. Para Marcos todo este período fue de “continuo aprendizaje para conocerse a uno mismo y para conocer sus límites.


Milán  

“Desde hace dos semanas nos permiten volver a entrenar”

Gustavo Spector (foto) vive en Milán, Italia, desde noviembre de 2001. Cuando llegó a ese país instaló una escuela de tenis y logró llevar el pádel a Milán, construyendo sus propias canchas. En 2014 la federación italiana lo nombró coach de la selección italiana y director de la capacitación en pádel en toda la península. El año pasado fue ganador del campeonato europeo.  “Italia, principalmente Lombardía, la región de Milán, después de Wuhan fue la zona donde el virus comenzó a expandirse. Desde la última semana de febrero empezaron a cerrar primeros los clubes deportivos y luego todas las actividades. Fueron tres meses realmente largos. Pero al principio nadie pensaba que era tan grave como después resultó. Así que al principio todos pensamos que estaban exagerando, que era una gripe normal porque había muy poca información y veíamos que el resto del país estaba todo bien. La primera reacción fue no creer, subestimar”, reconoce. “Hace dos semanas permitieron a las federaciones volver a entrenar a los atletas profesionales y semi profesionales. Hicieron un protocolo sanitario para  prevenir contagios. Yo, como dirijo la selección italiana, ya empecé hace dos semanas y media. Pero lo más interesante que escuché de todo esto, fue decir a varios médicos que tenemos que aprender a convivir con el virus”, opina.  


Barcelona

“Como con mi familia que está en Tucumán por Zoom”

Martín Manso (foto) vive en Barcelona, España, desde el 25 de diciembre de 2014. Juega el rugby y después de desempeñarse en varios empleos ahora trabaja para una empresa de venta de empanadas cuyos dueños son tucumanos. Cuenta que nunca dejó de trabajar porque lo hizo con el sistema de homeoffice hasta que se abrió la cuarentena. “Siempre me sentí seguro en Barcelona. Con las medidas de prevención (el uso de mascarillas y el alcohol en gel) en los súper, que al principio era lo único que estaba abierto, y ver como la gente las respetaba me hacía sentir seguro dentro de todo. No tenías que tomar medidas más extremas como sacarte la ropa cuando llegabas a tu casa. En la calle ves que la gente que te atiende está protegida y que se respetan todas las medidas de prevención en los locales a medida que van abriendo”, cuenta.

A pesar de lo trágico que puede tener una pandemia Martín rescata muchas cosas positivas. Además del tiempo que la cuarentena le  ha dado a cada uno para reflexionar sobre sí mismo, Martín destaca la solidaridad con los que la están pasando mal. Pero sobre todo, la cuarentena lo hizo valorar más los afectos. Por suerte pudo estar en enero en Tucumán para visitar a su familia y a sus amigos. “Pero estoy solo acá”, dice.  Como para sentir la cercanía los fines de semana hace almuerzos por Zoom con su familia.

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