La cuarentena truncó el medio de vida de un grupo de madres en San Cayetano

Un taller de cerámica está parado y las alfareras que viven de él buscan opciones para subsistir.

CON CERÁMICA. De lunes a viernes, en las cercanías del Mercofrut, cuatro madres producían varios objetos.  la gaceta / foto de Analía Jaramillo (archivo) CON CERÁMICA. De lunes a viernes, en las cercanías del Mercofrut, cuatro madres producían varios objetos. la gaceta / foto de Analía Jaramillo (archivo)

Un silencio forzoso reemplazó al sonido del moldeado con yeso cocido que caracterizaba al taller de cerámica “El Alfar”. En el corazón del barrio San Cayetano, la cuarentena ha dejado sin trabajo a cuatro madres que hicieron de esa actividad su modo de vida. Ahora, mientras las puertas del espacio que las contuvo por años permanecen cerradas, cada una siguió caminos diferentes en busca de sostener sus hogares.

Antes del aislamiento obligatorio, el emprendimiento solidario que coordina Pedro Lizondo funcionaba de lunes a viernes. Ubicado en un aula de la parroquia Inmaculada Concepción, el taller nació con el objetivo de dar trabajo a las mujeres del barrio que presentan dificultades para acceder a un empleo tradicional.

“Nos duele muchísimo no poder continuar ahora por esta situación extraordinaria. Este año íbamos hacia la formalización legal del proyecto y ahora se verá retrasada”, se lamenta el joven voluntario. Según expone, antes de la pandemia “El Alfar” también tenía previsto incorporar a más madres de San Cayetano en situación vulnerable.

Todas las ganancias del emprendimiento son dirigidas hacia las alfareras o son reinvertidas en el taller. Por la parálisis, el jornal que percibían ya no es una fuente de ingresos para ellas. “Intentamos que sigan trabajando desde sus casas, pero no resultó posible porque la alfarería necesita mucho espacio y no contaban con él”, afirma Lizondo.

Ahora, los coordinadores del proyecto intentan vender las últimas piezas de cerámica que fueron producidas antes de la cuarentena. También analizan la posibilidad de solicitar fuentes de financiamiento oficiales para sostener el taller, cuyos productos eran comercializados en ferias y negocios que tampoco funcionan por la parálisis.

La voz de las alfareras

“Íbamos muy bien y todo se frenó”, resume el director de la empresa social. Según indica, él y su equipo han seguido acompañando a las madres y las han ayudado a gestionar las ayudas del Gobierno, como el Ingreso Familiar de Emergencia (IFE).

Una de ellas es Eliana Ruiz, una madre soltera de dos niñas de 7 y 2 años. “Con lo que cobré compré pollos para vender. Vengo de una familia de vendedores ambulantes y ahora ofrecemos lo que podemos desde la vereda de mi casa”, le cuenta a este diario. “Con eso nos alcanza por lo menos para comer. Vivimos del día a día; extraño mucho el taller”, agrega con tristeza.

Además de la alfarería, Ruiz se dedicaba a la atención de un kiosco -que está cerrado- en una escuela cercana al Mercofrut. En otro establecimiento de la zona trabajaba como conserje Vilma Luna, que también hizo del taller uno de sus principales medios de vida. Ella tiene cinco hijos y la falta de ingresos -dice- la ha forzado a vivir “con lo justo”.

“Mi marido está desocupado y yo atiendo el comedor de la escuela una vez cada dos semanas. Estamos parados”, denuncia Luna. Según señala, otra de sus compañeras del taller -“Gabi”- tuvo que irse a trabajar en la cosecha del limón para subsistir mientras “El Alfar” no funciona.

Las madres de San Cayetano, un barrio que entre otros flagelos ahora también padece el del dengue, se niegan a perder el futuro que la cerámica les alumbró. “Queremos volver”, resumen.

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