La camiseta celeste y blanca, otra piel para Hugo Ginel

El histórico defensor de Atlético jugó hace 60 años para la Selección en los JJ.OO. de Roma.

06 May 2020 Por Miguel Eduardo Décima
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POSTALES. Arriba, Ginel jugando para Atlético. Abajo, su carnet de atleta olímpico en Roma 1960.

La historia de Hugo Ginel está marcada por dos colores: el celeste y el blanco. Siendo uno de los mejores jugadores de la historia de Atlético, parece una obviedad decirlo, pero no tanto. El hecho de que fue el primer futbolista tucumano que participó de los Juegos Olímpicos representando al país y flameando la bandera argentina es un argumento más para la primera sentencia. Y si ahondamos en cómo llegó a esa cita, sumaríamos otro. Hoy, a exactamente 60 años de ese logro para todo el fútbol tucumano, es un gran día para recordarlo y develar por qué tiene esos colores grabados a fuego.

Todo comenzó en los inicios de 1960. Con un verdadero equipazo, Atlético consiguió su primer título nacional (aunque aún no esté reconocido por AFA) derrotando por penales a El Quequén, en Tres Arroyos, provincia de Buenos Aires. Ginel formaba parte de la alineación titular, al igual que otros 10 tucumanos, un verdadero hito para la provincia.

“Ese campeonato hizo que los ojos del país miraran hacia el norte, precisamente a nuestro club”, explica Silvio Nava, historiador y estadígrafo “decano”. Los ocho títulos de la vieja Federación consecutivos entre 1957 y 1964 también llamaron la atención de la capital del país. El interior permanecía olvidado hasta que sucedían este tipo de acontecimientos. Los clubes de Buenos Aires entendieron del valor de ese equipo y se llevaron nueve de los 11 titulares del campeón nacional, días después del triunfo.

Uno de los que se quedó fue Ginel. El defensor le había dicho no a varias propuestas de equipos grandes porque no quería abandonar a su familia. “Siempre le temí al desarraigo. Nací, crecí, vivo y quiero morir en el mismo lugar”, le contó a LG Deportiva el oriundo de El Empalme.

Pasaje a Roma

Él se había sacado de encima las ofertas de Buenos Aires pero el interés foráneo por su juego seguía allí. Sin importar cuáles eran sus propias intenciones. Fue así que en julio de ese mismo año, Atlético jugó ante Racing en nuestra provincia. Otra noche pintada de celeste y blanco que lo marcaría para siempre. Ginel enfrentó en su sector de la cancha al gran Omar Orestes Corbatta, ídolo máximo de la “Academia”. Sin embargo, terminó anulándolo y ganando su propio duelo, con tan sólo 22 años.

“Ese partido fue su pasaje a las Olimpíadas que se iban a jugar en unos meses en Roma”, cuenta Nava. Es que luego del partido, el técnico de Racing José Della Torre, impresionado con el juego de Ginel, hablaría con Ernesto Duchini, su par del seleccionado, para que lo convocara. Una recomendación tan fuerte como si en ese entonces hubiese habido una transmisión en directo y, hoy por hoy, Lionel Scaloni la hubiese visto y hubiera terminado convencido.

“Fue uno de los mejores regalos que me dio la vida: integrar una selección de mi país no tiene precio”, recuerda Ginel, que a partir de ahí se hizo de un apodo tan noble como distintivo. “Cuando hablamos de ‘El Olímpico’ en Atlético, todos sabemos que hablamos de Hugo. Grandes y chicos”, explica Nava. Para Atlético, sin dudas fue otro festejo enorme como aquel que el equipo había realizado en Tres Arroyos, meses atrás: un jugador “decano” era convocado para los JJ.OO. “La Selección en ese entonces la integraban sólo jugadores de equipos de Buenos Aires. Para esos Juegos Olímpicos, él era el único de un equipo del interior. Era y fue el emblema de Atlético. Que ese jugador, todo un caballero como persona, y encima nacido en el club, jugara en la Selección en un torneo tan importante fue increíble”, agrega Nava.

Aquel seleccionado tenía como condición para integrarlo el amateurismo. Es decir, lo podían componer sólo jugadores que no habían firmado su primer contrato profesional. La decisión de no irse de Atlético en enero terminó siendo la más sabia de todas. Ginel viajó a Roma con el equipo que, pese a ganar dos partidos, no pudo avanzar de ronda. Tras perder ante Dinamarca 2-3, derrotó a Túnez 2 a 1 y a Polonia 2 a 0, aunque no le alcanzó. Aún así, el recuerdo quedó vigente por siempre.

Sin arrepentimientos

Ginel confesó hace poco que no va a la cancha desde hace 15 años. La tensión suele jugarle malas pasadas y prefiere evitarla, comenta. Sin embargo, sigue vinculado a Atlético: mira los partidos desde casa y puso a disposición del club todo su archivo para la realización del museo “decano” cuando llegue el momento.

Agradecimiento es la primera palabra en su diccionario, si hace un repaso de su vida profesional. “De cada 10 personas que saludo en la calle, ocho son relacionadas al fútbol. Me dejó tantos pero tantos amigos... Siempre digo que no me va a alcanzar la vida entera para agradecerle al fútbol lo que me dio”, explica.

Recibido de bachiller con medalla dorada, su familia esperaba que se convirtiera en un ingeniero desde que tenía 16 años. “Lo ideal para mis padres hubiese sido que en vez de tener tantas fotos del fútbol hubiera tenido un título universitario en la pared. Pero no fue así”, confiesa.

Quizás la misma nostalgia tiene de pensar qué hubiese pasado si aceptaba una de las ofertas de Buenos Aires. Por lo pronto, seguro no hubiese podido ir a los Juegos Olímpicos. Su leyenda celeste y blanca se lo agradece.

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