El niño de nueve años no podía caminar. Ni siquiera tenía ganas de comer. Cada vez que lo intentaba, vomitaba. Estaba con mucha fiebre y dolor de cabeza. Su mamá, Débora Díaz, tuvo que ir varias veces a una guardia médica. Primero le dijeron que era angina y después, bronquitis. La tercera fue la vencida. Cuando el pequeño empezó a sangrar por la nariz y las encías, la familia fue rápidamente al hospital. Entonces, le dieron el diagnóstico certero: tenía dengue. Estuvo internado varios días. “Sentí que mi mundo se venía abajo”, describe la mujer. En su estadía en la sala de terapia se sorprendió al ver muchos menores con la enfermedad transmitida por el mosquito Aedes aegypti.
La incidencia de dengue en niños y adolescentes que se está viendo en la actual epidemia sorprende a los médicos. En los otros brotes de la enfermedad, la notificación de estos casos fue baja, ya sea porque no se infectaron en gran cantidad o porque en ellos la patología no evidenció síntomas.
Un estudio realizado en 2009 en Aguilares, la ciudad del interior más afectada por el virus ese año, demostró que en chicos de uno a nueve años la patología fue en general asintomática. De acuerdo con el trabajo que hizo Epidemiología del Ministerio de Salud, sólo el 6% de un total de 118 chicos había tenido la enfermedad y no manifestó síntomas.
Preocupación
Pero este año algo cambió. Según los informes epidemiológicos, casi cuatro de cada 10 afectados por el dengue tienen menos de 14 años. Constituyen el 36% del total de los casos sospechosos y confirmados. Tienen entre 15 y 44 años el 29 %; entre 45 y 65, el 23%; y más de 65, el 12%.
El doctor Julio López Mañán, infectólogo pediatra, admite que se han visto muchos casos de chicos afectados por el dengue e incluso más cuadros complicados que los que se puede esperar. Por eso insiste que, ante cualquier sospecha que puedan tener los padres, hay que llevarlos al médico.
Coincide con él Miguel Ferre Contreras, pediatra y coordinador del Gabinete del Siprosa. “A diferencia de lo que puede ocurrir con el coronavirus, con el dengue no es tan sencilla la consulta telefónica. Hay cuestiones fundamentales que el médico debe revisar y que pueden ser señales de que se está complicando un cuadro, como por ejemplo, la deshidratación”, señaló. Además comentó que hay una orden desde la semana pasada para que a todo paciente que llegue al sistema de salud con síntomas de la enfermedad se le practiquen estudios de laboratorio para ver cómo están sus plaquetas. El dengue puede hacer descender a niveles muy bajos las plaquetas y eso causar graves hemorragias. “Por más que estemos en cuarentena, hay que ver a un doctor”, insiste.
Identificación
El bebé o el niño pueden tener dengue cuando manifiestan fiebre alta, irritabilidad y falta de apetito. Sin embargo, en los chicos los síntomas pueden ser difíciles de identificar por parte de los padres y puede confundirse con una gripe u otro virus respiratorio. Llegar tarde a un diagnóstico de dengue no es bueno, aseguran los médicos. El tratamiento a tiempo reduce los riesgos de dengue grave.
“Fiebre alta con escalofríos, cefalea, dolor retroocular, vómitos, diarrea, dolor abdominal, erupción cutánea, molestias en todo el cuerpo. Estos son síntomas del dengue, una enfermedad que no da dolor de garganta ni otros problemas respiratorios. Vemos al niño muy decaído, que se queja y llora. La principal complicación en los chicos puede ser que ellos no quieran comer ni tomar agua y se pueden deshidratar. Por eso la consulta es tan importante”, explicó López Mañán.
“El médico deberá evaluar con análisis de laboratorio las plaquetas del paciente y también que no haya daño hepático, algo que estamos viendo en estos días”, resaltó. “Aunque no es frecuente el dengue grave, con hemorragias severas, puede ocurrir”, alertó, y dijo que el profesional de la salud debe hacer un seguimiento exhaustivo del menor, cada 24 o 48 horas, y puede solicitar internación.








