Caso Lucas Fernández: se manejaron al menos cuatro teorías del homicidio

Otra entrega de Historias detrás de la historia. Los caminos que guiaron una investigación sin final.

04 Abr 2020 Por Gustavo Rodríguez

La investigación del crimen de Lucas Fernández avanzó rápido. El hecho se produjo el 30 de marzo de 1996 y la víctima falleció el 5 de abril de ese mismo año. Andrés Miguel fue detenido 13 días después y el fiscal Pedro Gallo, que investigó el caso, solicitó su elevación a juicio el 14 de diciembre de 1996, es decir antes de que se cumplieran nueve meses del mortal ataque.

Pero una pesquisa veloz no siempre es sinónimo de éxito. Las investigaciones deben llevar el tiempo necesario, no hay un plazo. El fiscal es el acusador. Es la persona que debe reunir los elementos suficientes para que, primero, un juez de instrucción convalide su trabajo y, después, un tribunal dé la pena a los responsables de cualquier hecho. Si su trabajo no está bien fundamentado, es poco probable que se llegue a una sentencia condenatoria. Y eso es lo que sucedió con este caso.

Juan “Chino” Robles, que defendió a Miguel junto al actual camarista Carlos Caramuti, mostró una cicatriz que le divide el pecho en dos. “Esta operación al corazón y una pancreatitis fueron las consecuencias de este caso”, aseguró a LA GACETA. “El problema es que la investigación estuvo direccionada hacia una sola hipótesis. Y era la que incriminaba a mi defendido y dejaba de lado otras teorías”, explicó.

“¿Cuáles podrían haber sido las razones?”, se le consultó. “Y había que encontrar un culpable que sea poderoso. No fue culpa del fiscal, pero un empleado suyo estaba relacionado con alguien muy poderoso en tribunales y complicaron a Miguel para que no se investigara a otro. Es más, la Policía nunca tuvo la causa en sus manos. Los investigadores no investigaron nada, sólo se dedicaron a recibir órdenes que salían de la fiscalía”, respondió Robles.

Fueron al menos cuatro las hipótesis que se manejaron en torno al homicidio. Vale la pena repasar cada una de ellas:

El fiscal Gallo siempre sostuvo la misma hipótesis. Después de haber ido a bailar al boliche 2044, Luis Battaglia conducía el VW Gol de sus padres le habían prestado para que fuera a bailar con sus amigos. Fernández, de 17 años, se ubicó en el asiento del acompañante. Detrás lo hicieron Francisco Colombres Garmendia, Enrique Zamudio, Bruno Bazzano y Víctor Nassiff. Se dirigieron a una velocidad normal hacia el este de la provincia.

RECUERDO. Infografía sobre el hecho publicada por LA GACETA.

Al llegar a la intersección de avenida Ejército del Norte y Mate de Luna, según declararon, un Fiat 147 de color azul con vidrios polarizados, se detuvo a la par y el conductor los invitó a hacer una picada. Aceptaron y aceleraron y a la altura del parque Avellaneda; el otro vehículo volvió a ponerse al lado y el conductor, rubio de ojos claros y de tez blanca (de acuerdo a la descripción que realizaron los testigos presenciales) sacó el brazo izquierdo y realizó al menos tres disparos con una pistola calibre 22. Los jóvenes avanzaron un par de cuadras y allí descubrieron que Fernández estaba herido en la cabeza.

El fiscal acusó a Miguel del crimen porque los amigos lo reconocieron por una nota que dio en la televisión y una foto que se publicó en LA GACETA para negar su participación en el hecho. No se hizo una rueda de reconocimiento; bastaron las palabras de los jóvenes y Gallo siguió adelante. Esa fue la única prueba que tenía en su contra y los defensores fracasaron en cada uno de los intentos al plantear que era una medida viciada porque el rostro del único imputado ya había sido difundido en los medios de comunicación.

Esta teoría tuvo algunos grises que no se pudieron explicar ni siquiera en el juicio oral. ¿Podía una persona realizar tres disparos con la mano izquierda (Miguel era diestro) cuando manejaba un vehículo a por lo menos 100 kilómetros por hora? ¿Por qué en el interior del VW Gol en el que se trasladaba la víctima no se pudo encontrar varias manchas de sangre a pesar de que Fernández fue herido de dos balazos en la cabeza? ¿Por qué no se tuvo en cuenta los testimonios de allegados del único sospechoso que declararon que la noche del 30 de marzo estuvo en su casa? Estos fueron algunos de los interrogantes que se plantearon en un primer momento, pero después hubo varios más.

La pelea en el parque

Hubo otras hipótesis que no fueron profundizadas por la fiscalía. Una de ellas hablaba que la muerte de Lucas Fernández había ocurrido después de que se produjeran al menos dos peleas entre el grupo de amigos de la víctima y personal de seguridad del boliche que, según algunas versiones, eran coordinadas por Andrés Miguel, el único imputado. Esa posibilidad fue desmentida categóricamente por Juan “Chino” Robles, defensor del único acusado.

Según esa teoría, Lucas y sus compañeros habrían intentado ingresar al boliche 2044 sin pagar. El personal de seguridad los descubrió y se habrían trenzado a golpes de puño en la puerta. Los incidentes podrían haber continuado hasta la vereda de la estación de servicio que aún funciona al frente. “Las peleas eran constantes y la verdad es que no recuerdo que haya habido. Se habló mucho, pero desgraciadamente no recuerdo”, indicó el vecino Juan Carlos Medina.

La versión indicaba que la pelea llegó a su fin cuando un efectivo policial, que trabajaba como “patovica” del boliche, habría realizado al menos un disparo con su arma de fuego para salvar a uno de sus colegas que estaba sufriendo un durísimo castigo por parte de los jóvenes. El incidente habría continuado en el parque Guillermina. En ese paseo público se habría producido una pelea que terminó con un enfrentamiento a tiros entre ambos grupos.

La hipótesis se desvaneció porque los protagonistas -los amigos de Lucas y el personal de seguridad- negaron haberse trenzado en al menos dos violentas peleas. Tampoco se encontró alguna prueba que indicara que Miguel haya sido el coordinador de seguridad del boliche.

Pero sí hubo indicios que despertaron numerosas dudas. Los jóvenes que estuvieron con la víctima nunca supieron explicar por qué tenían toda su ropa mojada y con manchas de barro. En el examen médico que se le hizo a Fernández se descubrió que tenía lesiones en los nudillos y en el rostro. Son heridas características de personas que recibieron y propinaron golpes de puño.

¿Fue una muerte accidental?

A los pocos días de haberse producido el crimen, en la calle comenzó a circular otra teoría que nada tenía que ver con las hipótesis que hablaban de un homicidio. Esas versiones indicaban que Lucas Fernández habría fallecido de manera accidental, porque uno de sus amigos podría haber sido el autor de los disparos.

La versión tenía un solo sustento: a Víctor Nassiff, uno de los amigos de la víctima que se encontraba en el vehículo cuando la víctima fue mortalmente herida, le había dado positivo el test de parafina horas después de que se produjera el ataque. A partir de ese momento, las madres de los jóvenes que acompañaban a Lucas hicieron una cruzada mediática para desmentir esa posibilidad.

SOSPECHAS. Nassiff dijo que vivió avergonzado por la situación.

Años después, se supo que el joven se puso nervioso cuando la Policía se presentó en su domicilio a tomarle declaración. Los padres les avisaron a los investigadores que sólo hablarían ante el fiscal Pedro Gallo. Cumplió con ese paso, pero lo hizo cuando entre todos identificaron en Tribunales a Andrés Miguel como el autor de los disparos.

“Es algo que todavía no me explico. Tenía mucha vergüenza. Sentía que la gente creía que yo había matado a Lucas”, dijo Nassiff años después.

El fiscal Gallo descartó esta posibilidad al analizar las pericias planimétricas del hecho. Según los testimonios de los amigos de Lucas, Nassiff estaba sentado en el lado izquierdo del asiento trasero del VW Gol (detrás del conductor) y Fernández en la butaca del acompañante. Entonces, era muy poco probable que Nassiff hubiese herido a la víctima, puesto que los proyectiles ingresaron por su parietal derecho.

La venganza como móvil

El boliche 2044 tenía una estrategia de marketing: bautizar a cada una de las noches de fiesta. El nombre del bautismo se imprimía en las tarjetas que luego se distribuían entre los jóvenes. La del día que ocurrió el crimen tuvo un nombre extraño. La llamaron “La Vendetta”. Y justamente, la última teoría que se analizó y que nunca se investigó fue la de venganza como móvil. Y el sospechoso era Julio Vergara Altuve, hijo de Ada Altuve, la histórica líder sindical del gremio de los judiciales.

SIMILAR. La Policía secuestró el auto de Julio Vergara Altuve.

Hubo un hecho que vinculó directamente a Vergara Altuve con Lucas Fernández. Según consta en tribunales, Lucas, dos años antes de que se produjera el crimen, llegó al parque 9 de Julio junto a unos amigos donde Enrique, el hermano del sospechoso, estaba jugando al fútbol. Sin que trascendieran los motivos, el joven le propinó un golpe con una manopla en el rostro que le provocó la pérdida de uno de sus ojos.

Por ese hecho, Fernández quedó a disposición de un juez de Menores que le dictó medidas tutelares para que cumpliera, ya que tenía 15 años cuando ocurrió el ataque.

Meses después, la fiscala Teresita Marnero, que estuvo al frente de ese expediente, pidió que fuese sobreseído por ser inimputable. El trámite nunca se completó porque el adolescente fue asesinado antes.

Los amigos dijeron que el atacante se desplazaba en un Fiat 147 azul con vidrios polarizados. A Vergara Altuve le secuestraron un auto de iguales características. Él negó su participación en el hecho y dijo que esa noche había estado con su novia.

Lucas fue ultimado con una pistola calibre 22, y el sospechoso confirmó que tuvo un arma de esas características, pero que la había denunciado como extraviada. Los jóvenes identificaron a Andrés Miguel como el autor del disparo, pero el retrato hablado que confeccionaron los especialistas se parecía mucho al hijo de la sindicalista. ¿Por qué nunca se lo investigó? Es otro de los interrogantes que hasta el día de hoy no tiene respuestas.

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