¿Por qué durante la pandemia de 2009 no se tomaron medidas tan extremas como ahora?

Tres especialistas de Tucumán ofrecen respuestas. La disponibilidad de un antiviral y la tasa de contagios, entre las diferencias clave con la experiencia de la gripe A.

30 Mar 2020 Por Juan Martín de Chazal
1

.

Era jueves 11 de junio de 2009. La Organización Mundial de la Salud (OMS) acababa de declarar la pandemia por la extensión geográfica de la gripe A (H1N1), cuya nueva cepa de origen porcino había surgido en México, en enero. El virus ya estaba en la Argentina desde el 7 de mayo, pero Tucumán debía esperar aún hasta el 17 de junio para confirmar sus primeros tres casos. Un día antes, Buenos Aires registraba la primera muerte en el país por la influenza pandémica.

Es marzo de 2020. Las noticias mundiales -y locales- sobre el nuevo coronavirus avanzan y el recuerdo de 2009 se hace cada vez mayor. Casi como si de un déjà vu se tratara, las preguntas que estuvieron presentes hace 11 años se han replicado con fuerza.

¿Se restringen actividades? ¿Se cierran las fronteras? ¿Se suspenden las clases? ¿Hay una curva de contagios por achatar? La diferencia es que las respuestas de la sociedad y de los gobiernos han sido diferentes entre una pandemia y la otra. Y en una escala monumental.

La situación que vive el mundo es inédita. Ninguna enfermedad en el último siglo había forzado a un tercio de la población mundial a confinarse ni a paralizar la economía global. En 2009, la que en un inicio fuera bautizada como “gripe porcina” causó al menos 20.000 decesos en un año en todo el mundo, según la OMS. En contraste, hasta hoy el covid-19 ha causado unos 30.000 fallecimientos en menos de tres meses.

Los números de 2009

Con 626 víctimas fatales entre junio de 2009 y febrero de 2010, la Argentina fue uno de los países más afectados por la gripe H1N1. En ese periodo, se confirmaron al menos 12.000 infectados en el país y se notificaron casi 1,5 millón de casos de enfermedad tipo influenza (ETI).

En agosto 2009, el entonces ministro de Salud de la Nación, el hoy gobernador Juan Manzur, declaraba que “lo peor ya había pasado”. Para aquel mes, Tucumán contaba 5 fallecimientos entre 50 casos registrados de la influenza pandémica.

Los números oficiales arrojaban un panorama bastante “calmo” para la provincia y apenas se habían suspendido las clases durante dos semanas en julio (unidas al receso invernal, todo ese mes no hubo actividad escolar). La medida había sido tomada en consonancia con las directivas nacionales de fines de junio de 2009, cuando la OMS ubicaba a la Argentina en el cuarto lugar de muertes por gripe A.

Las elecciones legislativas del 28 de junio transcurrieron con normalidad, no hubo grandes prohibiciones de encuentros y ni se asomaba la posibilidad de declarar, como ahora con el coronavirus, un aislamiento social preventivo y obligatorio.

Apenas los ministros de Salud de las provincias (en Tucumán, su titular era Pablo Yedlin) habían pedido, por esa fecha, que se declarara la emergencia sanitaria nacional. Excepto por una suspensión de vuelos con México, las fronteras nunca se cerraron.

Qué dicen los expertos

La OMS determinó que la pandemia de la influenza H1N1 finalizó en agosto de 2010. Por tratarse también de un virus que produce males respiratorios, las recomendaciones preventivas fueron similares a las de ahora frente al covid-19: una buena higiene de manos y objetos, la disminución de los contactos y la ventilación de espacios cerrados, entre otras.

Pero como la evidencia demuestra, las medidas en 2009 no fueron -ni de cerca- tan extremas como las adoptadas ahora. LA GACETA consultó a tres especialistas en enfermedades infecciosas en busca de respuestas que pudieran explicar las diferencias entre ambas pandemias.

Hace 11 años, hubo un periodo de un mes y 10 días entre la llegada de la gripe A al país y su desembarco en Tucumán. Ahora, el primer registro de coronavirus en la provincia se produjo 16 días después del primer caso en la Argentina, que fue el 3 de marzo. La pandemia fue declarada el 11 de marzo, tan sólo tres meses después del brote inicial en China (en 2009, ese lapso de tiempo fue de medio año).

¿Existe en este caso una mayor transmisibilidad? Viviana Crivelli, epidemióloga y titular de cátedra de Salud Pública de la Facultad de Medicina de la Universidad Nacional de Tucumán (UNT), considera que sí.

“Con el coronavirus, existe un periodo de transmisibilidad entre 5 y 12 días. Es más veloz y eso permite que se multipliquen los casos más rápidamente. He ahí la importancia del aislamiento social”, destaca la especialista. “La curva de contagios es más alta en los países que no hicieron la cuarentena desde un principio, como Estados Unidos”, agrega.

Para Crivelli, no existen recuerdos recientes que se asemejen a esta pandemia. “La gran comunicación global ha contribuido con la gran propagación del covid-19. Aún no hay certezas absolutas, los estudios son muy recientes. Algunos papers indican que puede haber contagios durante el período asintomático y hasta 15 días luego de la recuperación. Todo eso justifica medidas tan extremas; hace 11 años se aislaba a las personas enfermas y ahora a todo el mundo”, indica la médica.

Ana María Zamora, bioquímica e integrante de la división de Virología del Laboratorio de Salud Pública del Siprosa (será donde se hagan los testeos en Tucumán), coincide con la idea de la alta contagiosidad del coronavirus, pero tamiza la comparación. “Todavía no se sabe con certeza si es más o menos transmisible (que la gripe A); aún queda mucho por aprender”, expone la especialista.

Aún así, Zamora cree que el ritmo de contagios justifica las medidas extremas como el aislamiento total obligatorio. “Todo el mundo es susceptible de contraer el virus. Los jóvenes quizá puedan pasarla mejor, pero no están exentos. Por cada contagiado hay de tres a cuatro personas que pueden enfermarse”, cuantifica. Y coteja: “uno conoce en cierta medida el comportamiento de una influenza. Fue el caso de 2009; esto, en cambio, es muy nuevo”.

Un antiviral, la clave

Crivelli y Zamora atribuyen también -y especialmente- las diferencias entre esta pandemia y la de 2009 a la ausencia de un antiviral con efectos importantes sobre la virosis.

Por aquel entonces, el Oseltamivir (mejor conocido por su nombre comercial, Tamiflú) era recetado a los pacientes que padecían la influenza. No exenta de polémicas, la administración de esa medicación había sido monopolizada por el Estado nacional dada su gran trascendencia.

El subdirector del Centro de Salud, el infectólogo Mario Raya, cree, justamente, que la falta de un antiviral similar frente al covid-19 justifica las medidas extremas más que su transmisibilidad. De hecho, relativiza esta última: “ambas enfermedades comparten la misma franja de contagios y mantienen una similar mortalidad. Las cuarentenas son porque no hay un tratamiento específico y se busca evitar la saturación de los sistemas de salud”.

Al explayarse sobre la influenza H1N1 de 2009, tanto Raya como Zamora hacen una referencia a la pandemia de la gripe española de 1918, que en un solo año causó la muerte de entre 20 y 40 millones de personas. “En aquel entonces (hace 11 años), se pensó que podía ser tan patogénico y letal como en 1918. Pero pronto hubo una vacuna y existía el antiviral”, señala el infectólogo.

“Entre 2009 y ahora hubo mucho aprendizaje. Por ejemplo, en aquel año se suspendieron las clases unas semanas en julio pero la curva no se mesetaba porque la gente seguía aglomerándose en otros lugares. Ahora es diferente”, compara Raya.

Así, la cuarentena total se justifica principalmente -según su criterio- porque aún no existe una medicación eficaz. “El coronavirus presenta un tropismo (es decir, tiene una “preferencia”) sobre los bronquios y los alvéolos. Es un virus respiratorio distinto. Entonces, el aislamiento social aparece como una prevacuna para crear una meseta en la curva de contagios”, analiza el subdirector del Centro de Salud.

Los diagnósticos

Al igual que ahora, hace 11 años el Instituto Malbrán fue protagonista nacional para diagnosticar la gripe A. Pese a que gran parte de las muestras debían ser enviadas a Buenos Aires, Tucumán sí contaba con equipamientos para realizar los exámenes.

“En 2009, procesábamos muestras pero con una técnica de menor sensibilidad. Confirmábamos los casos que podíamos y enviábamos lo que no al Malbrán”, rememora Zamora, que en aquel entonces ya participaba de los diagnósticos de enfermedades infecciosas. “Con el coronavirus no podemos hasta que se envíen los reactivos porque requiere otra técnica molecular”, distingue.

Ahora que la provincia podrá diagnosticar el covid-19, los tres expertos coinciden en que los tiempos de espera para tratar la virosis se verán reducidos. “Esto nos posibilitará distribuir mejor las camas para quienes lo lleguen a necesitar”, grafica Raya.

Comentarios