Política internacional de la pandemia

20 Marzo 2020

Por Luiz Naclerio Torres, experto en Relaciones Internacionales y docente de la Universidad San Pablo-T.-

La pandemia del Covid-19 está paralizando el mundo. Ni los más pesimistas, cuando aún el brote epidémico se concentraba en la China continetal, tenía pronósticos tan sombríos como los que se vienen registrando en las últimas semanas.

Actualmente, según datos de la Unesco 105 países han cerrado escuelas e instituciones educativas afectando a más de 800 millones de niños y jóvenes en todo el mundo. Las bolsas de valores de las principales económias mundiales registran caídas pronunciadas. Los gobiernos establecen cuarentenas, aislamientos o distanciamientos sociales como consecuencia la disminución de las actividades económicas y sociales. Los grupos de riesgo tienen que aislarse de sus pares y familiares ocasionando impactos psicosociales que todavía no son posibles de dimensionar.

Décadas de economías neoliberales de diferentes formatos tejieron una complejidad en materia socioeconómicas que indican que los sistemas de salud, aún en economías desarrolladas, están precarizados y un conjunto inmenso de contingentes poblacionales, sobre todo en los países de menor desarrollo, tienen relaciones laborales precarizadas o directamente subsumidos en la informalidad. Un cocktail explosivo que acota los instrumentos y las capacidades de los gobiernos para hacer frente a la crisis sanitaria y sus amplias consecuencias sociales.

Las retóricas de los grandes lideres mundiales oscilaron entre la negación, la subestimación o la burla. Donald Trump llegó a tipificar el nuevo coronavirus como “virus chino”, dando el tono de como los Estados Unidos de Trump trataría la pandemia, en un momento en que los casos se diseminaban de forma exponencial. El primer ministro inglés, Boris Johonson, subestimó la problemática y hasta recomendó que las personas se fuesen acostumbrado a perder sus seres queridos mayores. La irresponsabilidad de Jair Bolsonaro fue peor. Rompió el aislamiento para arengar a sus seguidores, en una manifestación que pedía el cierre de la Suprema Corte y del Congreso Nacional brasileños. Desafiando al contagio, tuvo contacto con miembros de su comitiva en viaje a Estados Unidos, que dieron positivo al covid-19. Lo mínimo que se espararía de un mandatario ante estas situaciones son señales claras, tranquilizadoras y precisas. Al contrario, Bolsonaro no sólo salió a la calle contrariando recomendaciones de su ministro de salud, sino que dijo que el virus era sobredimensionado y que la epidemia era una fantasia.

Lo que se observa de algunos lideres mundiales es que no delinearon una política clara para hacer frente a la crisis generalizada por la emergencia sanitaria. Al contrario, siguieron tratando el virus como un instrumento político al sabor de sus estrategias de corto alcance y de visión limitada de las realidades nacionales e internacional. Sin embargo, la realidad fue más dura y obligó a retractarse en muchos casos. No obstante, tampoco hubo acciones efectivas, hasta el momento, que señale un rumbo coordinado para afrontar la pandemia a nivel internacional

Independiente de las retóricas, como mínimo poco felices emprendidas por algunos gobernantes, lo que queda de manifiesto es que la arquitectura de la política internacional en la actualidad resiente de una organización de alcance multilateral que coordine acciones en el orden político para hacer frente a estas situaciones.

Es de esperar que en un mundo interconectado, en pocas semanas una epidemia surgida en un determinado país se esparce globalmente o que los nuevos hábitos de consumo, como el turismo masivo internacional, facilite la circulación a escala mundial de los patógenos, por ende debe de tener mayor coordinación de política internacional frente a esta situación.

En el plano interno lo que emerge es la necesidad de reforzar las estructuras públicas estatales para afrontar situaciones complejas como una pandemia y pone en entredicho argumentos falaces de que el mercado es la panacea para todos los males.

En la arquitectura internacional, la pandemia coloca de manifiesto, que las medidas de repliegue hacia las fronteras nacionales y la declaración de guerra a un virus invisible, son medidas desesperadas frente a la ruína del sistema internacional actual. De situaciones de crisis sanitaria de esta magnitud se sale con acciones coordinadas, ordenadas y sin dobles mensajes, caso contrario lo que se instala es el pánico, el caos y el sálvase quien pueda.

Esta nota es de acceso libre.
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