Ibirá pitá: el árbol que ilumina el verano tucumano

Su presencia en calles y plazas genera microclimas, atrae vida y suma belleza. Cómo se convirtió en un símbolo urbano.

PARQUE EL PROVINCIAL. Las ramas de los ibirá pitá se extienden en ángulos amplios, formando un entramado sólido que sostiene las enormes, frondosas y generosas copas. Vale la pena detenerse a admirar este paisaje. PARQUE EL PROVINCIAL. Las ramas de los ibirá pitá se extienden en ángulos amplios, formando un entramado sólido que sostiene las enormes, frondosas y generosas copas. Vale la pena detenerse a admirar este paisaje.
Ariane Armas
Por Ariane Armas Hace 2 Hs

Cada verano, cuando el calor empieza a sentirse antes de que salga el sol, Tucumán encuentra una manera inmejorable de suavizar la temporada con un protagonista que ilumina desde arriba. Los ibirás pitás, con sus racimos de flores amarillas, parecen encender la ciudad como lámparas naturales justo cuando más falta hace. En avenidas, plazas y esquinas, sus copas vibran con una intensidad que contrasta con el gris del pavimento y el ritmo acelerado del tránsito. Una vereda arde; la de enfrente, donde hay un ibirá pitá, respira.

Uno de los lugares donde esa transformación se vuelve evidente es en avenida Mate de Luna al 4000, una calle que muchos vecinos describen como “otra ciudad dentro de la ciudad”. Allí, una hilera de ibirás pitás forma un corredor verde y dorado que se volvió parte del paisaje emocional del barrio. No se trata solo de sombra, sino más bien una sensación. El aire es distinto. El ruido baja. Las casas parecen más pequeñas y los autos, más lentos. Quienes viven allí aseguran que la calle tiene un “techo propio”, un domo vegetal que filtra la luz y regula la temperatura como si fuera un sistema de aire acondicionado natural.

BARRIO NORTE. En Salta y Marcos Paz el árbol estuvo a punto de ser cortado, pero hoy es un “vecino” más. la gaceta / fotos de analía jaramillo BARRIO NORTE. En Salta y Marcos Paz el árbol estuvo a punto de ser cortado, pero hoy es un “vecino” más. la gaceta / fotos de analía jaramillo

“En los días más bravos del verano, salir a la vereda es soportable gracias a ellos”, contó una vecina. Otro vecino agregó que cuando los árboles están en plena floración, la calle “se pone dorada”, y que los chicos suelen detenerse para mirar cómo los pétalos amarillos se desprenden lentamente y caen sobre el asfalto. En la mente de los más chicos, es como si nevara luz.

Valorizar lo cotidiano

Esa postal, tan familiar para quienes viven allí, recibió en 2022 un reconocimiento formal cuando la Municipalidad de San Miguel de Tucumán y la Sociedad Amigos del Árbol distinguieron a ese conjunto de ibirás pitás como Árboles Notables, una categoría creada para identificar ejemplares o arboledas urbanas de valor ambiental, cultural o paisajístico.

NOTABLE. En avenida Mate de Luna se reconoció su valor patrimonial. NOTABLE. En avenida Mate de Luna se reconoció su valor patrimonial.

La distinción ayudó a poner en palabras que aquel túnel vegetal no era un accidente botánico, sino un verdadero patrimonio urbano. La vicepresidenta de la Sociedad, Nora de Marco, explicaba entonces que no se trataba de un solo ejemplar destacado, sino de “una arboleda completa que, gracias a sus copas amplias, genera un corredor natural único dentro de la ciudad”.

Al respecto, Alba Herrera Pesoa, viverista de árboles nativos, detalló que el Peltophorum dubium es un árbol nativo del noreste argentino, de Brasil y de Uruguay, perfectamente adaptado a la ecorregión del NOA. Puede alcanzar 30 metros de altura, crecer con rapidez y florecer en pocos años.

“Su valor ecológico además va más allá de la estética, ya que atrae polinizadores como abejas, abejorros, mariposas y avispas; sirve de alimento para aves; y ofrece refugio a múltiples especies, promoviendo la biodiversidad en zonas altamente urbanizadas”, describió la especialista, quien realiza los censos de árboles para la Municipalidad capitalina.

COPA. La luz del sol se filtra entre sus hojas y produce sombra y frescura. COPA. La luz del sol se filtra entre sus hojas y produce sombra y frescura.

El calendario floral

El presidente de la Sociedad Amigos del Árbol, Pedro Buiatti, ofreció en declaraciones a LG Play una lectura casi poética del ibirá pitá dentro del paisaje tucumano. “En julio florecen los lapachos -los amarillos, los rosados, los blancos-. Después vienen los tarcos o jacarandás, con ese celeste inconfundible. Luego, las tipas y las patas de cabra. Y cuando ya creemos que lo vimos todo, empiezan los ibirás pitás”, señalaba.

Su explicación funcionó como una especie de calendario natural de la provincia, mostrando una secuencia de colores que marca el paso de las estaciones y convierte a cada especie en una pieza del mosaico urbano. El ibirá pitá llega al final, pero no como un cierre, sino como un clímax amarillo que llena la ciudad de luz.

DELICADEZA. Su follaje está compuesto por hojas finas y bipinnadas. DELICADEZA. Su follaje está compuesto por hojas finas y bipinnadas.

Buiatti también recordó la historia del ejemplar que está en la esquina de Marcos Paz y Salta. Durante la construcción de un edificio el árbol corrió riesgo de ser talado, pero la ordenanza de preservación obligó a mantenerlo en pie.

Los vecinos lo adoptaron, bautizaron el edificio con su nombre y lo integraron como parte de la identidad de la cuadra. “Es un ejemplo de cómo la arquitectura puede convivir con el arbolado si hay voluntad”, afirmó Buiatti.

La necesidad de cuidados

Aunque el ibirá pitá es ideal para parques y plazas, los especialistas coinciden en que no es el mejor árbol para veredas angostas, dado su porte. Pero en lugares como las grandes avenidas, donde hay espacio y altura, su presencia se vuelve un privilegio. Aun así, a los vecinos les preocupa la falta de mantenimiento.

Los veranos tucumanos son intensos y los vientos, a veces, traicioneros. En avenida Mate de Lua y Lucio Mansilla, en más de una ocasión, señalan, gajos grandes se desprendieron y cayeron sobre la calle. Nadie quiere perder la sombra ni la belleza del árbol, pero piden un plan de poda regular que garantice su seguridad y su desarrollo sano. “Los amamos, pero queremos que estén bien cuidados”, resumía un frentista.

BARRIO NORTE. En Salta y Marcos Paz el árbol estuvo a punto de ser cortado, pero hoy es un “vecino” más. la gaceta / fotos de analía jaramillo BARRIO NORTE. En Salta y Marcos Paz el árbol estuvo a punto de ser cortado, pero hoy es un “vecino” más. la gaceta / fotos de analía jaramillo

Así, aunque no tiene la fama del lapacho ni la impronta histórica del jacarandá, el ibirá pitá carga con un simbolismo propio. Para muchos, representa fortaleza, capacidad de adaptación y una forma de hermandad entre Argentina y Uruguay, su región de origen compartida, como mencionó Herrera Pesoa. Y en Tucumán, ese simbolismo además se transforma en identidad barrial cada diciembre con su estallido amarillo, su sombra fresca y su presencia serena.

Hoy, cuando la ciudad vuelve a encenderse con su floración, esos árboles recuerdan que incluso en los entornos urbanos más densos es posible encontrar belleza, refugio y un respiro. Que un árbol, si crece en el lugar correcto y recibe los cuidados necesarios, puede cambiar por completo la vida de una cuadra. Y que a veces basta con mirar hacia arriba para descubrir que la ciudad brilla por algo más que sus luces.

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