Marcelo Aguaysol
Por Marcelo Aguaysol 19 Marzo 2020

¡Qué tiempos difíciles y cambiantes! Hoy sí hay necesidad y también urgencia. La pandemia de coronavirus ha cambiado la vida de todos. La población sigue asustada. La realidad aumentada se apoderó de todos. El celular se mira más que siempre. Hay una necesidad imperiosa para saber qué está sucediendo a nuestro alrededor. Todo parece indicar que la cuarentena se extenderá. Al menos ese es el planteo que hoy formularán la mayoría de los gobernadores (entre ellos el tucumano Juan Manzur) al presidente Alberto Fernández. Pero no es el único: las provincias están necesitando un auxilio financiero extraordinario, de muchos millones de pesos, de esos que obligan a imprimirle mayor velocidad a la máquina de hacer dinero.

El tiempo apremia. Ese es el principal argumento para pedir que la Argentina se paralice durante 10 días. Aprovechar el fin de semana largo es la mejor excusa, pero también es una recomendación que los infectólogos realizaron, en varios encuentros con funcionarios nacionales y provinciales, con el fin de que intentar frenar el ingreso del coronavirus al interior más profundo de la Argentina; allí donde la pobreza duele y golpea a un 40% de la población urbana. Esos pobres son la primera línea de fuego en esta batalla infectológica. Los otros son los cuentapropistas que en el país totalizan la misma cantidad de habitantes que tiene Tucumán: 1,7 millón de personas. Los autónomos son unos 400.000 casos y casi la misma cifra corresponde a los monotributistas sociales, que pueden llegar a tener un ingreso. Ese ejército de trabajadores, que dependen de lo que ganan durante el día, está demasiado expuesto a una pandemia sin precedentes. Para ellos no hubo tantos anuncios. Diez días son una eternidad. Sin ingresos, la gran depresión.

Los argentinos son expertos en crisis. La de 2002 ha sido, quizás, la materia más dura que le tocó rendir. En esa oportunidad había cura: una inyección monumental de dinero para salir hacia a superficie. La economía se revitalizó por algunos años. Luego, las malas conductas volvieron a aparecer y, así, la recesión volvió a teñir al país. En esta oportunidad, las cosas son muy distintas: el coronavirus no tiene aún una vacuna para que la población salga a flote. Y, por si esto fuera poco, la crisis financiera y económica será más profunda.

En medio de los problemas, Manzur se sentó ayer reiteradas veces con sus colaboradores. De un lado recibía el informe epidemiológico por parte del Ministerio de Salud y respiraba: una jornada más sin casos de coronavirus en Tucumán. Del otro, el gobernador miraba las planillas de ingresos: las transferencias federales por coparticipación son casi $ 50 millones menos de lo presupuestado para lo que va del mes. Además, los ingresos de la Dirección General de Rentas no contribuyen a compensar la pérdida. Ingresos Brutos ha dejado de ser la gallina de los huevos de oro por efecto mismo de la recesión económica. En los comercios, cada vez se vende menos. La moratoria vino con la intención de recuperar, en el mediano plazo, unos $ 400 millones. Sin embargo, las restricciones financieras de los contribuyentes y las ambulatorias conspiran contra ese plan de facilidades de pago que recientemente se ha puesto en vigencia, luego de que la Legislatura lo avalara en sesión.

El gobernador ha asumido un nuevo compromiso: el decreto por el que se establece el pago de la cláusula de revisión de diciembre, más la actualización de las ayudas escolares y las asignaciones familiares y un adicional de $ 1.800 por agente. Son unos $ 900 millones que la Provincia requerirá a fines de mes para sumarse a los $ 6.500 millones que corresponden a la planilla salarial mensual. Con el déficit creciendo, no hay demasiados recursos para cubrir esas obligaciones financieras.

¿Cuál es la salida? Un bendito fondo anticíclico, el mismo que se ideó en 1992 cuando las provincias asumieron el compromiso de avanzar en un pacto fiscal; el que resurgió cuando a fines de la década de 1990 en medio de una crisis global; el que resurgió con la crisis de fines de 2001 y el que desapareció en los años de vacas gordas, a mediados de la década de 2000. En la cumbre de hoy con el Presidente, varios gobernadores lo reclamarán, luego de que la Nación anunciara que está dispuesto a motorizar la actividad económica y cubrir con algunas ayudas a la población más vulnerable. La Casa Rosada estimó que, para alcanzar esas metas, está dispuesta a poner alrededor de $ 700.000 millones. Con un 20% de esa cifra, las provincias creen que pueden salir del paso hasta tanto aclare un panorama sombrío que cubre al planeta.

Manzur no sabe aún qué le deparará el futuro. Esta semana recibió insistentes llamados de Alberto Fernández, del ministro del Interior, Eduardo “Wado” de Pedro y hasta de Gustavo Beliz, el secretario de Asuntos Estratégicos de la Presidencia. El sanitarista está contribuyendo a la discusión de algunas medidas que se adoptan a nivel nacional, por su experiencia como ministro de Salud en tiempos de Cristina Fernández de Kirchner. Hoy volverá a Buenos Aires, de la mano del santiagueño Gerardo Zamora (Tucumán sigue sin avión oficial). Manzur dice que, tras la reunión, retornará a la provincia. Su tono no tiene convicción. Por las dudas, su vicegobernador Osvaldo Jaldo le recuerda que no es el momento de alejarse. El argumento es el mismo del principio: la necesidad y la urgencia de solucionar los problemas que se presentan en Tucumán.

Tamaño texto
Comentarios
Comentarios