EL DOLOR DE UNA MADRE. Mercedes Saldaño y sus hijos cuando buscaban su cuerpo en el cementerio. LA GACETA / JORGE OLMOS SGROSSO
Pamela Laime había desaparecido en octubre de 2000. En 2014, por una producción periodística de LA GACETA, el ex comisario Marcial Escobar sospechó que un cuerpo hallado dos días después de que se la viera por última vez en la zona de El Cadillal, podría ser el de esa chica. Se presentó en la Justicia y transmitió sus dudas. La fiscala Adriana Giannoni, que asumió en su cargo en 2004, quedó al frente de la pesquisa. Al hacerse cargo del expediente, se dio con dos duras realidades: detectó varias irregularidades y se dio cuenta que tenía poco más de un año para resolver lo que no se hizo durante 14 años para evitar la prescripción. “El crimen quedó impune por la enorme cantidad de negligencias que se cometieron”, señaló la investigadora con tono firme.
En este caso quedó demostrado una vez más que el paso del tiempo es el principal enemigo de cualquier investigación. Y si a esa falla se le agregan los errores cometidos en la etapa de instrucción, la posibilidad de que se esclarezca cualquier tipo de hecho es prácticamente nula. Alberto Lebbos, que siempre acompañó a la familia de la víctima, fue categórico en unas declaraciones que realizó cuando habló de este hecho: “lo que se compra con plata tiene poca duración, pero lo que se gesta con la dignidad, verdad, lucha y justicia será eterno”.
Pamela dejó su casa de Garmendia el 15 de octubre por la tarde. Viajó con destino a la capital donde se desempeñaba como empleada doméstica en la casa de unos médicos que trabajaban en la localidad del este de la provincia. Se descubrió su desaparición al día siguiente, cuando la joven no se encontró con su madre, Mercedes Saldaño, como habían convenido para ir al centro y comprar el cotillón que utilizarían en la fiesta del segundo cumpleaños de su hija Solange.
El 17 de octubre de 2000, en el camino que une Ticucho con El Cadillal, se encontró el cuerpo de una joven que fue enterrada como NN cuatro días después de ser hallada en el Cementerio del Norte. Nadie relacionó que ese cadáver pertenecía a Pamela porque nunca se había comunicado oficialmente sobre su desaparición. La Policía, oficialmente, no sabía que Pamela estaba desaparecida. Por eso tampoco se llamó a la madre de la joven para que la identificara.
La mujer denunció su desaparición en la Seccional 5ª y en la ex división Rapto, Secuestro y Prostitución de Menores de la Policía, y además expuso el caso oralmente en la comisaría de Garmendia y en la ex Brigada. Pero nunca se informó a la Justicia sobre el caso, pese a que están obligados por Ley a notificar sobre todas las novedades que se producen diariamente. Recién se inició una causa en 2006, cuando Carlos Garmendia, representante legal de la familia y abogado de la Fundación Verón descubrió que nadie la había buscado en seis años.
Supuestamente, la joven falleció por las heridas que le provocaron tres golpes realizados con un machete o un cuchillo de grandes dimensiones. En un principio no fue abusada sexualmente y se supone que fue asesinada el mismo día que se la vio por última vez. Y fueron indicios porque la causa original desapareció de la comisaría de Yerba Buena en 2002. Después de que deambulara por varias dependencias policiales, un efectivo la retiró y nunca más se supo de ella.
Con la causa, se perdió un informe clave: la autopsia y las primeras averiguaciones que realizó la Policía sobre el hallazgo. Giannoni sólo pudo analizar el hecho con el trabajo que realizó el personal de Criminalística Norte. Tampoco se pudo establecer cómo fue arrojada allí, ni confirmar si le habían cambiado la ropa, ya que no era la misma que tenía puesta la última vez que fue vista con vida por su madre. Además, las prendas que tenía el cuerpo también desaparecieron misteriosamente de la Morgue Judicial.
“No fue sencillo reconstruir todo 14 años después de que se produjeron los hechos. Hubo que comenzar desde cero todo, pero todo. Además de haber sido un esfuerzo enorme encontrar indicios, cada vez que encontrábamos un hilo, nos topábamos que por el paso del tiempo no se podía seguir avanzando. La prueba más categórica es que no se pudieron realizar pruebas genéticas porque el material encontrado estaba en mal estado”, explicó Marcelo Sallas, jefe de la División Homicidios que investigó el caso a partir de 2014.
Escobar, el comisario que ayudó a encontrar el cuerpo de Pamela, presentó otra mirada sobre el caso. “En principio no debería haber existido problemas para resolver el caso. Había que indagar el mundo de Pamela, que no era muy grande. Su familia, aunque a muchos no les guste, siempre se debe analizar si tenía algún problema; al padre de su hija; analizar el trayecto que hacía para llegar a su puesto de trabajo y analizar la vida de sus empleadores. Pero desgraciadamente nada de eso se pudo hacer por las negligencias que se cometieron”, señaló en una entrevista con LA GACETA.










