En un mar de dudas

13 Feb 2020 Por Marcelo Aguaysol

La realidad condiciona. La de un país golpeado por la crisis económica, de una Argentina observada con más desconfianza por los capitales propios y foráneos, porque sus autoridades reperfilan sus compromisos. A esos inversores no les importa que el presidente sea Mauricio Macri o Alberto Fernández. Que uno arrastre la pesada herencia o lleve sobre sus espaldas una mochila de necesidades fiscales crecientes.

Los capitales quieren cobrar al vencimiento de los cupones que adquirieron y no que les cambien, permanentemente, las reglas de juego.

Puertas adentro, el Gobierno no le encuentra la vuelta a la inflación. Recibió un índice de precios al consumidor que, solo el año pasado, se expandió 53,8% uno de los registros más altos en tres décadas. Y para este período se proyecta una inflación del 41,7%, según el Relevamiento de Expectativas de Mercado, elaborado por el Banco Central en base a cálculos de consultoras y analistas privados.

Tal es la preocupación que nueve de cada 10 argentinos consideran que es el principal problema a resolver y siete de cada 10 consultados por Berensztein y D’ Alessio IROL creen que la incertidumbre económica es lo que más les preocupa.

Más allá, en tercer lugar de las preocupaciones de los argentinos está la inseguridad.

Por esa razón, Alberto Fernández quería estar hoy en Tucumán, para presentar en sociedad un plan federal de seguridad interior, como una manera de poner a su gestión en el centro del ring. También para recuperar la iniciativa, luego de una semana de roces con la provincia de Buenos Aires por el manejo de la seguridad.

La incursión tucumana, además, tenía un gesto de política interna. Era una manera de salir de la atmósfera kirchnerista que le hacía sentir como un preso de decisiones políticas y de opiniones ajenas. El Presidente se plantó, pero en la retina social ha quedado la imagen de que la interna de un oficialismo, que llegó al poder de la mano de 16 fuerzas políticas, que crujen por ganar protagonismo.

Juan Manzur no sale ileso de esa puja. En los días previos sintió la necesidad de extenderle una mano al golpeado jefe de Estado para oxigenarlo.

Los informes que llegaban a la Casa Rosada advertían acerca de tensiones en el reino manzurista. Desde posibles movilizaciones estatales que reclaman el pago de la cláusula gatillo (Fernández, y Manzur, naturalmente, cerró las puertas a una idexación salarial) hasta demandas para los inundados de siempre. Algunos se atreven a mencionar cierta vacuna de kirchneristas tucumanos que magnifican el cuadro de situación.

En medio una misión del Fondo Monetario Internacional (FMI), que quiere saber dónde está parada la Argentina y si podrá generar la capacidad de pago con crecimiento económico sostenible, un ritmo de actividad que, por el momento, asoma como improbable en el país recesivo.

Manzur vislumbra problemas económicos porque Tucumán dejó de ser aquella isla argentina que sostenía sus cuentas en base al uso de reservas. Esos ahorros ya no están. Cambió el signo político en la Argentina, pero no el panorama que esperaba el gobernador para su segundo mandato.

En gran parte de la campaña proselitista del año pasado -e incluso antes de la compulsa electoral- el gobernador dijo que Macri castigó a la provincia y no le brindó ayudas como a otros distritos. Hoy, son varios los dirigentes del oficialismo que se preguntan por qué razón el milagro no prospera, con una provincia de igual signo político que el nacional. El manzurismo sigue respondiendo que es cuestión de tiempo.

La realidad encuentra al gobernador recorriendo oficinas del histórico edificio porteño de Balcarce 50 y de sus alrededores (el Palacio de Hacienda está justo al frente) en busca de fondos para llegar a fines de mes.

Esta semana, Manzur pudo destrabar los $ 1.500 millones de anticipo de coparticipación para cerrar el cronograma salarial de enero. Pero no obtuvo aún respuesta acerca de un crédito más flexible, de hasta $ 8.000 millones para que se termine la procesión por la Rosada y se asegure salud fiscal hasta el cierre del primer semestre. Tendrá que esperar que pasen las tormentas económicas y aguzar el ingenio financiero para captar más ingresos.

Se avecina marzo. El gobernador tendrá que dar su mensaje de apertura de sesiones ordinarias en la Legislatura. Tal vez esa sea la oportunidad de establecer cuáles serán las bases de su segundo mandato y el destino que le depara a un Tucumán lleno de necesidades fiscales.

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