Corte en la ruta 307: durmieron con los bomberos y conocieron la hospitalidad de Tafí del Valle

Excursionistas de las ciudades del sur habían ido a pasar el domingo y no pudieron regresar. El cuartel recibió a alrededor de 580 pasajeros y nueve colectivos. La solidaridad les ganó al frío, al hambre y al desvelo.

28 Ene 2020 Por Irene Benito

La excursión dominguera se prolongó de una manera impensada para sus casi 580 pasajeros con una noche en el cuartel de bomberos de Tafí del Valle. La clausura temporaria de la ruta 307 obligó a los nueve colectivos con turistas procedentes de ciudades del sur de la provincia a pernoctar en la villa y a la Municipalidad, a improvisar un operativo de contención, que por la mañana incluyó un servicio de enfermería. 

Gracias a la disposición de los hoteleros, comerciantes y lugareños, los refugiados recibieron alimentos, frazadas, colchones y abrigos, y la mayoría de los niños pudo dormir en una cama propiamente dicha. “Estoy contento con la respuesta que dimos, pero nos falta preparación para estas situaciones. Debemos hacer un protocolo”, evaluó Daniel Arnedo, secretario municipal de Desarrollo y Bienestar Social (se informa en la página 2). Alrededor de las 10.30 de ayer, el convoy turístico abandonó la sede de los bomberos e inició el descenso hacia el llano.

La presencia de los excursionistas varados no pasó inadvertida en la bajada o subida del Hospital, como llaman en el pueblo a la avenida San Martín con su arboleda de tilos. Las dependencias modernas del cuartel superaron la prueba: había gente afuera en la zona del estacionamiento, que en un modo relajado y resignado trataba de captar el sol de la primera mañana mientras adentro otros hacían fila para usar los baños; terminaban de despertarse y ayudaban a armar la pila de colchones. 

En la mesa de entradas, las enfermeras tomaban la presión y atendían a algunas pasajeras que no se sentían bien. En el galpón del fondo había ruedas de mate: los más inquietos estiraban las piernas y no dejaban de pasarse las noticias sobre el estado de la ruta 307. Muy compenetradas con su trabajo de asistencia a los visitantes, las bomberas iban y venían con las manos llenas.

“Nosotros somos de Simoca. Algunos tuvimos suerte, y pudimos hospedarnos en casas de familia y hoteles, pero la mayoría pasó la noche aquí, claro que muy cuidados por la gente de Tafí”, explicó una mujer que, pese al contratiempo, pudo descansar con ciertas comodidades. 

Una chica que estaba cerca comentó que ella y otros 11 compañeros de infortunio habían sido alojados en la casa de Carlos Fernández, un médico de Monteros. “Fue una experiencia complicada, pero hubo mucha ayuda. Los tafinistos se movilizaron y no nos faltó nada”, añadió.

COLCHONES PARA LOS “REFUGIADOS”. La gente que durmió en la sede de los bomberos contó que no le faltó nada.

Salto de programa
El grupo había subido con el objetivo de pasar el día. La noche lo sorprendió con el nuevo cierre del camino dispuesto por la Dirección Provincial de Vialidad (DPV) debido a los derrumbes producidos entre los kilómetros 31 y 36, en especial en la zona denominada “Fin del Mundo”. 

En comparación con los desplazamientos de tierra, piedras y árboles del 21 de enero, los del domingo a la noche fueron, quizá, de menor entidad, pero Vialidad no quiso correr riesgos por el mal tiempo, la congestión de la ruta y el pronóstico de precipitaciones (de hecho volvió a llover este lunes y hubo interrupciones intermitentes de la circulación). La DPV también registró cortes en la conexión con Amaicha, Santa María y Cafayate que intensificaron el aislamiento de los Valles.

Estos sucesos tuvieron una incidencia altísima por el hecho de que a esa hora del fin de semana había un tránsito intenso. La típica caravana de motos, autos, camiones y ómnibus que se forma con los que pretendían bajar al término del fin de semana debió dar marcha atrás, entre ellos los excursionistas que terminaron refugiados en las instalaciones de los bomberos. La hilera interminable y “el paso de hombre” permitieron que los colectivos recién estacionaran en el cuartel alrededor de las 22.30 del domingo.

Para que los viajeros pudieran reponer energías, los tafinistos que los asistieron se quedaron despiertos. La actividad no cesó: a eso de las 9 repartían a los excursionistas un desayuno con tajadas de pan y bollo, y jarras de mate cocido. Un hombre manifestó que durante toda la noche llegaron donaciones de comida y abrigos, y que a lo mejor estaban ansiosos por regresar a casa y cargar las baterías de los celulares, pero desde luego no pasaron hambre. “El frío nos sorprendió. Imagínese que habíamos venido con una remera. Había gente congelada”, relataron las “refugiadas” Carolina, Romina y Verónica.

“Quiero destacar mi agradecimiento a la gente y a las autoridades de Tafí. Nunca nos había sucedido algo así y la solidaridad fue impresionante”, manifestó Sara Figueroa, una de las coordinadoras del contingente. La guía insistió: “la directora Andrea Tolaba (Turismo) llegó enseguida y, después, vinieron los demás funcionarios. El equipo del intendente (Francisco Caliva) se portó de diez”. 

Figueroa dijo que ellos hacían los tours con ómnibus alquilados a la Empresa Gutiérrez y a la Cooperativa 9 de Julio, y que en esta gira había alrededor de 70 niños. “Es mucha la responsabilidad. Realmente no sé si después de esto voy a seguir trabajando”, admitió la coordinadora de 31 años, que “durmió” en el ómnibus.

El paseo incluía pasajeros de Alberdi, Aguilares, Graneros, La Cocha, Monteros, Simoca y Concepción, entre otras localidades, y un itinerario con paradas en el monumento de El Indio, en El Cristo Redentor de La Quebradita y en el camping para comer un asado. “El objetivo era conocer un poco de lo mucho que tiene Tafí del Valle”, dijo Figueroa al mismo tiempo que daba indicaciones y controlaba que empezaran a regresar los que se habían alojado afuera del cuartel. 

El salto de programa producido por los derrumbes modificó la intención original y, tal vez, la profundizó porque, además de fotos de las atracciones, la excursión deparó una experiencia difícil de olvidar de las inclemencias de la naturaleza, la fragilidad de la ruta y la calidad humana de los tafinistos.

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