La fotografía dominó una década con fuerte presencia femenina

Aniversarios de Timoteo Navarro y del museo que lo evoca. Una bienal que exhibió grandes artistas. Se consolidó el arte contemporáneo.

31 Dic 2019 Por Jorge Figueroa

Hace casi exactamente una década se cumplían 100 años del nacimiento de Timoteo Navarro: más de un centenar de sus obras, entre óleos, dibujos, témperas, carbonillas y grafitos, junto a fotografías del artista y sus contemporáneos, Aurelio Salas, Lobo de la Vega y Ernesto Dumit, se exhibieron en el museo provincial de Bellas Artes, que lleva su nombre.

En el Museo de la UNT se realizaba, en paralelo, el VI Salón de Arte Contemporáneo, cuyos premios parecían un tanto indecisos al momento de caracterizarlos.

Y en lo que podría marcarse como una línea opuesta a la tradicional, Rusia Galería se inauguró en 2009 en Barrio Sur: propuso un trabajo con expresiones en búsqueda de lo experimental, performances al límite, talleres y seminarios y hasta una pequeña librería en una de las salas. Hasta 2016, el grupo de gestión de ese proyecto estuvo integrado por Gustavo Nieto, Alejandra Mizrahi y Hernán Lucero, entre otros. Entonces, el espacio La Punta (creado en una esquina de Villa Alem) se había sumado a la feria de arteBA y, dirigido por Pablo Guiot, Luis Carrizo y Pablo Córdoba, presentó artistas como Javier Soria Vázquez, Marcos Figueroa, Belén Aguirre y Gabriel Chaile.

Estos fueron los datos principales de hace una década: por un lado, el asentamiento de los viejos maestros; por el otro, un cuadro de indecisión transitoria; y, simultáneamente, una acentuada necesidad de contemporaneidad en los grupos independientes. Cabe aclarar que desde estos tres espacios se generaron visitas, clínicas, conversatorios y propuestas que. de uno u otro modo. enriquecieron el conocimiento y la producción artística. El Espacio Tucumán (la casa de la Provincia en Buenos Aires) tuvo un reconocimiento y apoyo especial para las salas y colectivos under, que por estos días han desaparecido casi todas.

Hoy, 10 años después, no hay dudas: la “institución arte” ha establecido en sus propios programas como suyo, lo contemporáneo; han cooptado sus proyectos y luchas. En los salones oficiales, por ejemplo, ya no es suficiente anular las categorías o géneros artísticos (tan resistido por los profesores de talleres de la academia): el MUNT premia seleccionando propuestas para su realización y luego elige un gran premio. 10 años atrás podía debatirse sobre el arte contemporáneo: hoy son pocos los que buscan el clavito que clavó Pablito o que creen que la pintura es una cuestión de colores. Pero el mundo del arte es tan amplio y democrático, que existen espacios para todas las tendencias.

“¿QUIÉN FUE?”. Una intervención pública de Graciela Sacco.

Foros y debates

El Foro de Arte Contemporáneo que llevó adelante un taller de la Facultad de Artes, así como el Manual de Arte Contemporáneo que compiló Carlota Beltrame, fueron interesantes para abrir el debate y postular distintas ideas.

Mientras el MUNT establecía estrechas relaciones con un sector del Fondo Nacional de las Artes que dirigía Andrés Labaké, y servía de base a una orientación política artística, en la segunda mitad de la década la Bienal Sur acercó un ciclo de exposiciones con obras y artistas de gran relevancia.

En 2017 y 2019, fueron dos mujeres, ambas rosarinas, las que más impactaron con sus trabajos: “¿Quién fue?”,de Graciela Sacco, una intervención pública en la zona del MUNT; y “Otra ella”, de Nicola Costantino, en el Museo Timoteo Navarro.

La Bienal Sur, de la mano de su director Aníbal Jozami, no solo consolidó su vínculo con la Secretaría de Extensión de la UNT, sino con el Gobierno de la provincia: así como apostó a una bienal profesional, con una logística no conocida en esta ciudad, también recabó subsidios de varios millones.

Como preparativos de esa bienal en 2016 Néstor García Canclini (uno de los teóricos de arte más importantes) brindó conferencias desde la Casa Histórica.

En 2016 se cumplió el Bicentenario y todo se hizo en nombre de él: “Congreso de Tucumán: mutaciones, rupturas y continuidades de 200 años de arte argentino”, tuvo la curaduría de Andrés Duprat y Jorge Gutiérrez. Entre las 79 obras instaladas en todas las salas del Museo Timoteo Navarro, convivieron tendencias contrapuestas, estilos modernistas y conceptuales, esculturas, grabados, pinturas y videos; y principalmente, obras del llamado núcleo histórico del Museo Nacional de Bellas Artes.

Internet y la tecnología se expresaron en la fotografía, que resultó ser la favorita en las artes visuales durante toda la década. A otros niveles, algo similar ocurrió en las redes sociales. La Bienal Argentina de Fotografía Documental aportó teoría y testimonios, además de los registros: las exposiciones de Marcos López y Res, por ejemplo, y las reflexiones de Pedro Meyer: “todos somos fotógrafos, pero con una cultura visual escasa”, afirmó el mexicano. La era de la postfotografía se consolidó.

En el último par de años, el activismo feminista copó todos los espacios y reclamos. Las intervenciones públicas adquirieron un fuerte carácter político.

Pero a diferencia de otras ciudades, los principales espacios oficiales fueron accesibles. Es más, cuando se habla de la “institución arte” se quiere señalar la institucionalización de prácticas que, en principio, cuestionaban a esas instituciones.

Es una gran ventaja tener apoyo, seguramente, pero también un riesgo importante.

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