Nació la primera estación biológica tucumana

Biólogos de la Unidad Ejecutora Lillo (UEL) y pobladores de villa Batiruana; el Conicet y la Hidroeléctrica Tucumán; chicos de escuelas de La Cocha y de Alberdi pusieron el hombro, recursos y creatividad para lograr una casa donde se hará ciencia de la naturaleza y se pondrá al alcance de todos.

22 Dic 2019 Por Claudia Nicolini
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GENTILEZA UNIDAD EJECUTORA LILLO

Durante muchos años Villa Batiruana fue un pueblo fantasma recostado en el río Marapa. Las 32 casas habían sido construidas para quienes trabajaron en la construcción del dique Escaba, y al finalizar la obra quedaron abandonadas hasta hace pocos años, cuando comenzó la recuperación.

A menos de 130 kilómetros de allí, investigadores de la Unidad Ejecutora Lillo (UEL), dependiente del Conicet y de la Fundación Miguel Lillo (FL), durante años soñaron con lograr (al menos) la primera estación biológica tucumana donde hacer buena parte de su trabajo, que consiste en identificar, describir, clasificar, agrupar y nominar la biodiversidad tucumana.

“Nuestro primer laboratorio es el campo -cuenta Claudia Szumik, entomóloga (especialista en insectos y arácnidos) y flamante directora de la UEL-, y el de Batiruana está muy bien conservado y muy poco explorado”. Hay serranías y zonas biogeográficas típicas de la provincia: yunga, bosque chaqueño, pastizales de altura... “Una estación biológica aquí, sabíamos, daría soluciones logísticas para investigadores y becarios, y también la posibilidad de un proyecto común a los que amamos la naturaleza: el estudio de la biodiversidad de nuestra provincia accesible a toda la comunidad”, explica.

Lo hace llena de emoción, rodeada por su “laboratorio a cielo abierto”, mientras oficialmente el sueño se cumple: quedó inaugurada en Batiruana la primera estación biológica tucumana, gracias al esfuerzo de muchos biólogos, con el apoyo y el compromiso de la comunidad de Batiruana, de las autoridades comunales de la zona, de la Fundación Lillo y del Conicet, de la hidroeléctrica que funciona con las aguas del embalse y de mucha, mucha gente.

“Estoy muy orgulloso de estos científicos -dijo durante la breve ceremonia José Frías Silva, presidente de la FL-; de su esfuerzo, su tesón, su perseverancia. Esta estación será la puerta más austral a esa pequeña ‘selva entre cuatro calles’ que tenemos en la ciudad, por el legado de Miguel Lillo, del que estos científicos se hacen cargo. Y quiero agradecer a la comunidad por habernos permitido y habernos ayudado a abrir esta puerta. Que no será la única; queremos armar muchas estaciones más”.

La delegada comunal de Yánima, Graciela Maidana, no podía dejar de sonreír. “Estoy orgullosa de estos chicos biólogos, que ya son como mi familia y un ejemplo para nuestros jóvenes”, aseguró y añadió: “yo también voy aprendiendo con ustedes, y todavía podemos hacer mucho más”.

Un poco de historia

Llegar hasta ese punto no fue sencillo. La idea y las ganas estaban (“nunca escuchamos un ‘no’, o un ‘no se puede’”, asegura Claudia), pero hizo falta un montón de trámites, papeleo y negociaciones hasta que el 9 de setiembre de 2015 se oficializó la cesión durante 20 años de una de las casas. Estaba bastante destruida, así que se la está acondicionando de a poco. Ya hicieron trabajos básicos de albañilería, carpintería e instalación de electricidad y de agua, de modo que dos salones de la flamante estación pueden ser utilizados.

En el más grande se armará un laboratorio-aula; y en el más chico, un dormitorio con baño, que permitirá quedarse allí, y así mejorar el rendimiento de los viajes de campo hacer las colecciones. Los trabajos los hicieron entre todos: “la gente de la hidroeléctirca se hizo cargo de la instalación de luz -cuenta, mientras acompaña en el recorrido, María Laura Jiménez, una de los tantos científicos que pusieron el hombro con entusiasmo- y Samuel Ibáñez , que vive aquí, comandó los trabajos de albañilería”. “Los vecinos nos apoyan mucho, y entre todos pintamos”, agrega.

La naturaleza en los muros

Este no es un dato menor: las paredes de la estación, como una suerte de “huella de identidad” han sido cubiertas con murales. Y ese “entre todos” de María Laura es extenso: a mediados de noviembre, con los muros ya blancos, biólogos de la UEL, estudiantes de la materia Vertebrados de la Facultad, emprendedores de villa Batiruana y personal de la comuna de Yánima, comandados por la “profe” de plástica Pilar Pucheta, dieron los primeros grandes pasos de los murales en los que se representan la flora y la fauna de la zona. Más adelante se sumaron estudiantes de escuelas de Alberdi y la Cocha.

Y el jueves, que fue día de fiesta en Batiruana, los murales llenaron de color y vida la celebración que envolvió a los pobladores y sus niños con los científicos y los suyos. El verano, que en Tucumán siempre se adelanta, regaló un día brillante. Que además haya sido caliente no fue un problema: la alegría por el sueño conjunto cumplido pudo mucho, pero mucho más.

Lo que viene: educación y servicios a la comunidad

Además de facilitar colección, separación y estudio del material in situ, la estación será sede de cursos de grado y posgrado en campo y pasantías, pero también de cursos para la comunidad, tanto sobre la flora y la fauna locales como sobre qué es investigar y por qué es importante. “Podremos formar futuros biólogos”, se permitió soñar la delegada comunal. Se proyecta además un pequeño museo, como referencia para la comunidad y para reforzar la posibilidad del ecoturismo, sumado al desarrollo de senderos de interpretación.

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