
Una larga vida de hombre de prensa y cultor de pasado tucumano.

El fallecimiento de Ventura Murga, ocurrido ayer a los 90 años, constituye una muy sensible pérdida para el periodismo y para el estudio del pasado histórico de Tucumán. Fueron terrenos donde lo destacaron tanto sus conocimientos como su capacidad, todo en el marco de una hombría de bien que fue su más notoria característica personal.
Había nacido en esta ciudad el 7 de octubre de 1929, en una familia de antigua tradición. Se educó en el Colegio Nacional e ingresó luego a la Facultad de Ciencias Exactas de la UNT, donde cursaría varios años de Ingeniería. De pronto, lo atrapó el periodismo. Entró a formar parte de la redacción de LA GACETA en 1958, y dedicó su vida, en adelante, a la profesión de hombre de prensa. Sus condiciones lo llevarían pronto a cargos de responsabilidad en el diario. Fue sucesivamente cronista, redactor, jefe de noticias, secretario de redacción y finalmente secretario general de redacción, máxima jerarquía que desempeñó hasta su jubilación, luego de 35 años de servicios.
Fue distinguido con el Primer Premio Nacional de Periodismo Siam Di Tella-Círculo de la Prensa de Buenos Aires, en 1966, y el Segundo Premio Nacional de Adepa, en 1967. Estuvo becado en Alemania y en Francia, y luego hizo cursos de Nueva York y Nueva Jersey sobre periodismo con computadoras, cuando LA GACETA incorporaba ese sistema.
Obsesivo con su trabajo, estaba presente en la redacción por las mañanas hasta el mediodía, y regresaba a primera hora de la tarde para permanecer al pie del cañón hasta la madrugada, cuando el diario entraba en prensa. Ninguna información le era ajena. Sus decisiones responsables y sensatas le permitieron superar épocas difíciles, a la vez que le granjeaban el unánime respeto de sus colegas y sus superiores.
Pero, simultáneamente con la pasión periodística, Murga se las arreglaba para atender otra, que era la historia de Tucumán y la genealogía de sus antiguas familias. Era un incansable investigador en el Archivo Histórico de la Provincia y en los repositorios parroquiales. Demostró su versación y sus hallazgos en múltiples artículos y monografías, así como en varios libros de los que fue coautor, como “Municipalidad de Tucumán”; “Las calles de San Miguel de Tucumán”, “Historia de la Justicia y la Abogacía en Tucumán”, “Los López” para dar sólo algunos ejemplos. Era considerado uno de los grandes genealogistas argentinos y sus trabajos eran de cita obligada para los estudiosos de esa disciplina en todo el país.
Fue miembro fundador de número del Centro de Estudios Genealógicos de Tucumán, que presidió, y de la Junta de Estudios Históricos de Tucumán, así como director de su revista, además de haber presidido la Federación Argentina de Genealogía. En 1991, por ley del Congreso, presidió la Comisión Nacional del traslado de los restos de Juan Bautista Alberdi.
Era Ventura Murga una persona de alta calidad. Tenía un modo sobrio y caballeresco para conducirse en la vida. Lo expresaba cabalmente en su lenguaje, en la distinción de sus modales, en su conversación y hasta en su sobria y cuidada vestimenta. Era naturalmente bondadoso y tenía como rasgo notorio una gran capacidad de comprensión hacia sus semejantes. A quienes lo trataron tantos años en LA GACETA, les será difícil olvidarlo.







