Rosita Ávila se fue con el aplauso del público en sus oídos

La artista protagonizó la edad de oro del arte escénico tucumano, fue fundadora de Nuestro Teatro y creadora del célebre personaje La María.

10 Dic 2019 Por Ricardo Reinoso
1

“Recuerdo que empecé a ser actriz en 1950, reemplazando a una amiga en ‘Otra vez el diablo’, de Alejandro Casona y más tarde me dirigió ese titán de la cultura en Tucumán y propulsor de Nuestro Teatro, Guido Parpagnoli. Pero mejor me detengo, porque ya estoy hablando de la ‘prehistoria’ del teatro”, contaba en una entrevista Rosita Ávila. En la charla de la artista -que falleció ayer a los 86 años- siempre asomaba, de alguna manera, el mismo humor desenfadado de “la María”, su personaje emblemático. Lo había creado a partir de su experiencia como maestra en una escuela rural de Simoca.

Rosa Beatriz Ávila nació en San Miguel de Tucumán el 1 de diciembre de 1933. Actriz, directora teatral, maestra normal, egresada de la Escuela y Liceo Vocacional Sarmiento. Fue integrante y fundadora del Teatro de la Peña El Cardón, en 1954, y de Nuestro Teatro, junto a Oscar Quiroga. Actuó también en televisión y en cine.

Premios y homenajes

Rosita recibió distinciones importantes, como el Premio Nacional a la Trayectoria, que otorgó el Instituto Nacional del Teatro, y en 2010 fue reconocida con el título de Ciudadana Ilustre por la Municipalidad de la capital, por su destacada trayectoria, su compromiso con la sociedad y su incansable defensa de los derechos humanos.

Seis años más tarde, la Municipalidad capitalina bautizó con su nombre la sala teatral inaugurada en la zona del ex Abasto. El Teatro Municipal Rosita Ávila, de Las Piedras al 1.500, cuenta con capacidad para 300 personas y un espacio para exposiciones.

Fue protagonista de la época de oro del teatro tucumano. Entre las obras más recordadas de su trayectoria como actriz se destacan “Recordando con ira”, de John Osborne; “El malentendido”, de Albert Camus; las obras de Federico García Lorca “La casa de Bernarda Alba” y “Yerma”; “Madre Coraje”, de Bertolt Brecht; las de Quiroga “El inquilino”, “El guiso caliente” y “La María Súper Chou”, y otras como “Doña Flor y sus dos maridos”, de Jorge Amado; “El cerco de Leningrado”, de José Sanchís Sinisterra, “La cantante calva”, de Eugene Ionesco; “Vestir al desnudo”, de Luigi Pirandello, y más recientemente “Por las hendijas del viento”, de Carlos Alsina, que también tuvo versión cinematográfica. En cine ya había participado décadas atrás en “El rigor del destino”, de Gerardo Vallejo. Entre sus últimos roles se destacan “El jugador”, de Fedor Dostoievsky, y “Var La María”, de Hugo Gramajo, donde regresó a su personaje más querido.

Cómo surge La María

“Nació sin querer. Me gustaba imitar los modos de una chica del interior que viene a trabajar en el servicio doméstico, y jugábamos con diálogos improvisados en rueda de amigos, allá en La Cosechera -relataba-. Entonces a Oscar (Quiroga) se le ocurrió darle forma al personaje y a sus compañeros de aventuras, el Gamuza y el Uñudo. Son nuestros esos personajes, tucumanísimos, como yo. He representado papeles del teatro de Moliére, Cervantes, Ionesco, Casona, de casi todos los ingleses y tantos otros, pero la María es quien me ha hecho llorar y reír al mismo tiempo. Es un retazo de mí. Es difícil encontrar un personaje que pueda resumir las características de su pueblo, de su lenguaje frontal y alegre, y de la sabiduría del tucumano”, recordaba.

A la costumbre que tenía en Nuestro Teatro de recibir al público en la puerta, decía que la tomó de Parpagnoli, cuando fundó el primer cineclub de la provincia, ODEA: “Lo veía parado en la puerta recibiendo a la gente y era algo que me emocionaba, así que cuando tuve mi teatro hacía lo mismo, saludaba a todos los que venían y después corría a cambiarme”.

El arte y la vida

Cuando fue directora de la Escuela de Educación por el Arte, no trataba de formar artistas sino de “mostrarle al alumno algo que tenemos el deber de hacerle conocer, como la plástica, la música, la expresión corporal y el teatro. El niño que aprende a expresarse a través del arte, logra más tarde el equilibrio de su vida emocional, creando espacios para manifestarse libremente”.

Fue responsable en la provincia del movimiento mundial Música Esperanza, creado por su primo Miguel Ángel Estrella, cuyo estandarte es la defensa de los derechos humanos y de la formación de los jóvenes a través de la música. “Intentamos hacer las cosas no para los pobres, sino con los pobres”, sentenciaba.

A pesar de los achaques de la edad, al final sentada y con un texto impreso a mano para ayudar a la memoria, Rosita Ávila continuó actuando casi hasta el fin de sus días y podría decirse que “murió sobre el escenario”.

Comentarios