La muerte de Rosita Ávila: la despedida de los colegas

Recuerdos, anécdotas y enseñanzas desde el ejemplo son evocados por quienes compartieron proyectos, momentos artísticos o tardes de mate.

10 Dic 2019

“Era un viernes de función en los primeros años 80, cuando aún existía la sala de Nuestro Teatro en casa de Rosita Ávila. Aquel día llegué con bastante anticipación al lugar. Representábamos esa noche ‘La fiesta’, un texto de Oscar Quiroga, en una puesta en la que yo interpretaba un pequeño papel y actuaba junto a Oscar, a Rosita, a Héctor Marcaida y a otros colegas. La encontré limpiando los baños del teatro, con guantes de goma en las manos. Me dispuse a ayudarla y juntos baldeamos el pequeño hall de espera y luego la entrada, donde estaba la boletería y un mesón que servía de bar. Hicimos el trabajo lo más rápido posible pues no faltaba demasiado para que comenzara el movimiento en el teatro. Cuando terminamos Rosita me dijo: ‘¿Ves, Carlos? Esto es lo que nos hace dignos’. 

ENTRAÑABLES. La actriz fallecida ayer y el mimo Mauricio Semelman nunca trabajaron juntos.

Un teléfono negro, de esos antiguos, sonó y Rosita se convirtió, de inmediato, en boletera. Cuando colgó me dijo con alegría: ‘Una reserva más! Tal vez esta noche...!’ Y la dejó picando, alimentando la esperanza que quienes hacemos teatro solemos profesar: que el público, así sea poco, no nos deje solos. Ese momento, que ahora evoco, me acompaña desde entonces en cada lugar en el que trabajo, sea donde sea, porque Rosita me enseñó, con su humilde actitud, algo que no olvidaré jamás y que, a través de los años, he tratado de resumir en esta frase: primero el ejemplo, después la teoría... si es que esta ‘llega’.

CON LARRY JANTZON. En 1993, protagonizaron “La valija”, del dramaturgo argentino Julio Mauricio.

Fue, es y será un ejemplo, un modelo, una referencia de dignidad, de lucha y de tenacidad. El tiempo, esa conspiración permanente, no conoce excepciones. Pero, de alguna manera, deviene eterno cuando un fulgor ilumina el olvido: ‘Esto nos hace dignos’ me dijiste hace cuatro décadas pero me lo estás diciendo ahora mismo al oído, cada vez que entro en algún lugar en dónde se perpetúa la pasión que compartimos por el teatro. Los ejemplos no mueren, Rosita. Y el público jamás te dejará sola. Siempre habrá alguien sentado en primera fila”.

CARLOS ALSINA (director y dramaturgo, creador de la sala El Pulmón. Dirigió a Rosita Ávila en varias obras)

LA DESPEDIDA. “La mayor mentirosa del mundo” fue la última obra de la teatrista, hecha en su casa.

“’Rosa para usted’, decía Rosita si no le caías bien. Gran compañera y maestra, sincera hasta roerte los huesos, se fue de gira y con ella sus gloriosas anécdotas. Hace unos años tuvo un ACV antes de una función y cuando pudo comenzar a hablar, me dijo:

- ¡Perdón hija por lo que les hice!

- ¿Qué nos hiciste Rosita?

- Los dejé en una función… ¡Dios mío, eso no se hace!

Me invadió una ternura tremenda, la misma que ahora escribiendo estas palabras. No pude contestarle nada, sólo abrazarla y agradecerle por tanto”.

EVELIN BRANDÁN (actriz)

“¡Mi profundo respeto admiración de ser una teatrera de ley! Nunca intimamos, pero me abrió su casa, su cocina y su santuario cuando fui a entrevistarla para el Archivo Mujeres que Hacen Teatro, de la UNT. A finales de los 70, cuando yo tenía unos 15 años, fui por primera vez a Nuestro Teatro o sea a su Casa, que estuvo en la vida de tantas personas. Y feministamente hablando, creo que sin Rosita Ávila realmente Nuestro Teatro no hubiera existido y, por lo tanto, el teatro independiente no hubiera tenido ese momento fundamental. Ella es la Pachamama del Teatro Tucumano”.

LA MARÍA. Rosita siempre reconoció que este fue su personaje más recordado y querido por el público.

VERÓNICA PÉREZ LUNA (directora)

“Es la referencia de que el arte con mayúsculas y la sencillez profunda de los sabios eran compatibles; que la alegría y la seriedad no eran opuestas; que la generosidad y la consideración hacia los jóvenes eran fruto del respeto incondicional a los valores humanos. Hice escenografías para un par de puestas suyas, y sin duda son recuerdos felices por haber disfrutado de su presencia y de su inagotable talento, y por haber sentido el respeto de un gran artista, que es un alimento infinito para el alma. Rosita es una hermosa persona, de las que embellecen nuestra existencia, por siempre”.

DOMINGO BELTRÁN (artista plástico)

“Rosita fue, con su vida consagrada totalmente al teatro y con su obra pertinaz y consecuente ,un pilar fundacional del teatro tucumano. Desde la década del 50 hasta ayer, todas las generaciones posteriores le debemos a ella, junto a Guido Parpagnoli y a Julio Ardiles Gray, la potencia teatral que es hoy Tucumán a nivel nacional”.

ROLO ANDRADA (actor y director)

“Hace un par de meses, en el penal de mujeres y mientras armábamos una muestra, una alumna se acerca y me pregunta:

- Profe, ¿la conoce a la Rosita Ávila?

- Claro que sí. Una gran actriz y bien nuestra.

- La mejor. Ella fue mi profesora.

Y me contó que siendo adolescente tomó clases a ella. Se acordaba de todo: de su sensibilidad, de su forma de transmitir el teatro... Dijo que un día fue a robar al supermercado y un cana la detuvo y mientras se la estaba llevando se cruzó con Rosita y sin dudarlo la agarró de la mano y la acompañó a la Comisaría. Se quedó con ella, sacó un monedero y se hizo cargo de todo y compró las cosas del supermercado. Luego de muchas horas de detención, la liberaron cuando les prometió llevarse a la adolescente para que no vuelva nunca más por esos lados. Quedé emocionada por todo lo que significa trabajar en contexto de encierro, y que una alumna pueda recordar lo bien que le hizo el teatro con Rosita es una conquista. Ella era humanidad. Y la mejor actriz que esta provincia pudo dar. Todos aprendimos un poco de ella. Su grandeza será legado”.

JULIANA GONZÁLEZ (actriz y docente teatral)

“Fue y será el primer estandarte del teatro independiente. Ejemplo de lucha ,constancia y sabiduría del arte teatral, marcó mi vida transmitiendo valores y un profundo respeto al público. Vivirá en la memoria de todos los teatreros tucumanos”.

INDIO ARMANINI (actor)

“No estoy triste...

no puedo estarlo si diste todo...

fuiste fuerte....

hiciste siempre la tuya

Lo amaste y te amó

Luchaste creíste construiste y fuiste ejemplo

Te nos metiste adentro de cada uno para siempre

Que mas se puede pretender en este viaje ???

Por todo esto... no puedo estar triste

Me quedo con tu alegría

tus ganas

tu lucha

tu dignidad

y tu María”

LUCHO HOYOS (músico y compositor)

“Rosita es TEATRO. Se nos fue y estará siempre. Vio ‘El patio’, estuvo con nosotros, le había encantado e hizo sus aportes con calidez, ternura e incisiva mirada. Así la recuerdo: teatrera. Hacedora incansable, compañera, luchadora... Realidad y mito. No compartimos trabajos en escena pero la siento maestra por siempre”.

RAÚL REYES (docente y responsable de la sala Luis Franco)

“Fue una gran luchadora. Tan amante del teatro que ofreció su casa para que allí funcionara la emblemática sala de Nuestro Teatro. Era considerada como la madre artística de muchos compañeros y junto a Oscar Quiroga fueron los más grandes referentes del teatro independiente”.

JAIME MAMANÍ (secretario general de la filial local de la Asociación Argentina de Actores)

“La conocí cuando era chiquita, un día me la encontré en otro teatro y me reconoció al toque pese a que habían pasado varios años (siempre nos miramos a los ojos cómplices), y hace poquito me regaló palabras de aliento y respeto que guardo en mi cofre de tesoros por amor al teatro. Realmente es tan inmensa con esa mirada pícara y cómplice como la de un niño; por eso siempre siguió jugando con esa humildad absoluta de los grandes y dando siempre lecciones de ser persona y artista. ¡Aplauso de pie! ¡Gracias, gracias, gracias y hasta siempre!”

VIKY IBAÑEZ (directora, actriz y docente)

“En 1986, en tiempos en que yo era estudiante, Rosita fue invitada a la Facultad de Artes a mostrar una escena y a conversar con nosotros. A partir de allí siempre se cruzó en mi camino: aparecía en los primeros espectáculos que dirigía, la seguía en el diario, la veía en la tele haciendo sus clásicos personajes o como espectadora en alguna función. Comencé a comprender su dimensión de artista y me sorprendía su genuino interés por seguir el trabajo de los viejos y los nuevos, por acompañar el camino tanto de sus compañeros de rodada como de los jóvenes creadores, que con su irreverencia mostraban los signos que iba a seguir el teatro del que se sentía parte. En 2007 la llamo para ser parte de un espectáculo de Dostoievski: ‘El jugador’. Mi grupo estaba formado por actores de muy poca experiencia. No sabía cómo explicarle ni cómo proponerle a un ícono del teatro trabajar con adolescentes y ella abrevió el camino. Sin pensarlo ni un segundo me respondió que sí, de manera contundente, con una sola condición: que invitara a su gran amigo Alberto Díaz a ser parte del proyecto. Desde entonces trabajé con ella y con Alberto hasta finalizar 2016, en momentos mágicos, intensos, profundamente teatrales y humanos, como con ‘La mayor mentirosa del mundo’, con la que pude despedirme de ella de la mejor manera. Su trampa era seguir manteniendo en vida Nuestro Teatro, continuar el legado de su querido grupo, transmitir el amor por un lenguaje por el que ella invirtió su vida. Rosita mostraba la dignidad de una luchadora del arte, con sus temblores de vieja, sus manos arrugadas, sus dolores articulares y sus olvidos, trayendo a su cuerpo de octogenaria alguna de sus clásicas escenas, el amor por los animales, su profunda empatía con el otro, en una ceremonia que para mí, y seguramente para muchos, fue inolvidable”.

MÁXIMO GÓMEZ (director)

“Nos ha dejado la inmensa Rosita Ávila. Se pueden decir muchas cosas, dar millones de referencias personales, pero hay algo que supera cualquier crónica: quien entrega su vida por amor al arte, al punto de dejarlo todo, hasta su propia casa y su hogar, no puede menos que llevar el mote de heroína. ¡Gracias Rosita, por haberme rozado en tu camino!”

TOPO BEJARANO (músico)

“El teatro tucumano tuvo una gran pérdida con su partida. Una gran referente del teatro independiente, prolífica artista, de una altísima generosidad, amable, solidaria y siempre cercana a las nuevas generaciones. Quedarán para siempre las imágenes de sus memorables actuaciones en personajes como la emblemática Madre Coraje, la María y la Pachamama, sólo por mencionar algunas de las obras teatrales y cinematográficas en las que intervino. En numerosas ocasiones mantuvo charlas con estudiantes de nuestra carrera, para brindar un panorama sobre su trayectoria y sus producciones, siempre con un trato cordial, comunicativo y de mucha enseñanza”.

RICARDO SOBRAL (coordinador de la Licenciatura de Teatro de la Facultad de Artes de la UNT)

“Fundadora, motor y pulmón de la escena teatral tucumana, perteneciente a una estirpe tenaz y virtuosa, emprendedora y colectiva, generosa y polifacética. Militante de la primera hora, a pesar de las persecuciones y las amenazas, Rosita nos deja un registro, un recuerdo y un sentir del arte teatral colectivo y popular que se convirtieron en ADN del teatro tucumano”.

ROBERTO TOLEDO (representante en Tucumán del Instituto Nacional de Teatro)

“¿Cuál es el dominio de la Vida?

Acaso sea un gesto

o la mirada en los ojos de los próximos

es decir, nuestro prójimo

extensos ohos de amor sin horizonte.

¿Dónde está el dominio de la Paz?

Acaso en el diario aprendizaje de dar y recibir,

perdonar y ser perdonado,

caminar de nuevo la vida en otra vida.

En ese prado y esas tablas andarás Rosita.

Señor de vos se predica que eres grande,

que todo lo puedes,

que estás en nosotros, aunque no te veamos.

¿Y si lo que pregonan de vos fuera cierto

y pudiéramos creer nuevamente?

Danos la llave para abrir la puerta

y explorar la dimensión de la vida

en los dominios de la paz,

descubrir el arcano de la fe

en ese eterno afán de perdurar.

(Homenaje a Rosita Ávila, mujer hecha de tablas de teatro)”

AUGUSTO ÁVILA (abogado, ex camarista civil, primo de la actriz fallecida)

“Quiero -y no puedo- sintetizar algo de lo que me pasa por el cuerpo. Solo sé que ya no me dirá: ‘Hey… changuito, ¿cómo andá? Y ahora, ¿qué estás escribiendo?’ El generoso lugar en el que me ponía no era gratuito. Verla o visitarla era tener un tema ‘importante’ para contarle. Me palpitaba el corazón cuando me acercaba a saludarla y esperaba el sablazo de su pregunta. No se podía -con ella- ir con pequeñeces. Simplemente porque los profundos surcos de gestualidad de su rostro -siempre simpático y cariñoso- también podían expresar su desinterés. Tal caso era, para mí, penoso. No era culpa, juro que no era vanidad, solo era responsabilidad transferida, el compromiso ético con ese pedacito del arte que queremos ejercer”.

MAURICIO TOSSI (docente universitario e investigador teatral)

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