Cumbre del clima: del fondo del abismo nace una esperanza

2019 estará entre los tres años más cálidos jamás registrados. Con ese desahuciante informe anual, se ha puesto en marcha la COP25. Naciones Unidas pide que los países se comprometan a reducir más sus gases.

04 Dic 2019 Por Soledad Nucci
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EN MADRID. Desde el lunes los delegados deliberan en el marco de la Cumbre del Clima. Uno de los primeros informes dio cuenta de que 2019 será el segundo o tercer año más cálido del que se tienen datos. fotos reuters FOTOS REUTERS

Todo apunta a que 2019 será el segundo o tercer año más cálido del que se tienen datos. Además, casi con certeza las temperaturas medias del quinquenio 2015-2019 y de la década 2010-2019 serán las más elevadas, también, de las que se tiene constancia. Así lo ha alertado ayer la Organización Meteorológica Mundial (OMM), después de haber presentado su informe anual en la Cumbre del Clima (COP25). El cónclave se ha puesto en marcha el lunes, en Madrid, y debe sentar las bases para una nueva fase de acción climática.

En la versión provisional de esa declaración, se explica que este año la temperatura media mundial estuvo aproximadamente 1,1° C por encima de los niveles preindustriales. Las concentraciones de dióxido de carbono en la atmósfera alcanzaron un nuevo máximo histórico de 407,8 partes por millón en 2018. Y en 2019 no dejaron de aumentar.

Y como todo tiene que ver con todo, se ha constatado que la subida del nivel del mar se ha acelerado a causa de la fusión de los mantos de hielo de Groenlandia y la Antártida. Los océanos han actuado durante décadas como reguladores del clima al absorber el calor y el dióxido de carbono. Pero ya están pagando un alto precio. La temperatura del agua ha alcanzado niveles récord. Y eso, además de derretimiento, provoca acidificación de los mares.

Tras haber dado a conocer esas mediciones, Petteri Taalas -secretario general de la OMM- ha advertido que los países no están en la senda para lograr que el calentamiento se quede dentro de unos márgenes de seguridad. Esos límites han sido fijados en 2015, cuando se firmó el Acuerdo de París. En aquel entonces, se estableció que el máximo aumento permitido podría rondar entre los 1,5° y los 2° centígrados respecto de los niveles preindustriales.

Con ese telón de fondo, la cumbre de Madrid está llamada a ser una cita de transición: hasta el 13 de este mes, los participantes procurarán que se ponga en marcha el pacto. Pero la intención ocurre en un momento pésimo: Donald Trump ha iniciado el proceso para sacar a Estados Unidos del Tratado de París; China no da indicios de que vaya a extremar sus planes de recorte y Rusia tampoco ha presentado algún plan. Únicamente la Unión Europea pareciera querer asumir el liderazgo.

En síntesis, este encuentro afronta dos retos: uno político y otro técnico. El primero consiste en lograr que los países asuman compromisos serios. Y eso conduce al segundo desafío, que significa medidas puntuales.

En su discurso de apertura, António Guterres, el secretario general de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), ha dicho que sólo queda optar entre la esperanza o la rendición. “Estamos destruyendo los sistemas que nos mantienen con vida”, se le oyó vaticinar.

“Sin dudas, debemos mitigar los efectos del cambio climático. He incluso, adaptarnos”, evalúa, de este lado del mundo, el ecólogo Alejandro Brown, presidente de la Fundación ProYungas, con sede en Yerba Buena. Desde su mirada, la respuesta debiera estar en el crecimiento económico (”la pobreza nos hace más vulnerables”) y en la protección de los servicios ambientales. “Y para eso, es necesario fortalecer el diálogo entre los distintos sectores”, aprecia.

Greta, en barco

Al mismo tiempo que Guterres hablaba en Madrid, Greta Thunberg cumplía con su meta de cruzar el Atlántico para participar de la cumbre sin saltarse sus principios: arribó a Lisboa en barco, tras 21 días de viaje desde un puerto del Estado de Virginia, Estados Unidos. La activista sueca, de 16 años, y líder del movimiento mundial Fridays for Future, no vuela en avión para reducir las emisiones de gases de efecto invernadero.

EN LISBOA. Greta llega a Europa, desde EEUU, en un barco.

Thunberg había zarpado desde el continente americano, en vez de su Estocolmo natal, porque hace unas semanas se había desplazado hasta ahí debido a que la cumbre iba a realizarse inicialmente en Chile. Pero cuando ese país anunció que renunciaba a albergar el cónclave, tuvo que retornar. Fue recibida en la capital de Portugal por medio millar de adolescentes.

Estaba previsto que anoche tomara un tren que une Lisboa con Madrid. Thunberg se hizo famosa hace unos meses, cuando dejó de ir a clases los viernes para protestar por la emergencia climática. Su gesto fue imitado: el 15 de marzo de este año salió a la calle con 1,4 millón de jóvenes de ciudades del mundo entero; entre esas, San Miguel de Tucumán.

Agostina Guillén, referente de la organización local “Salvarnos Salvando”, tiene la certeza de que son la primera generación que sufrirá los efectos del cambio climático. Y la última que puede hacer algo. “Nos hemos movilizado muchísimo este año. Hemos ejercido presión. Hemos dicho basta de cumbres en las que no se avanza. Basta de presidentes, como Mauricio Macri, que no hacen nada en concreto. Y basta de ciudadanos apáticos. Es nuestro futuro el que está en juego”, concluye.

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