Un mar de incertidumbres

28 Nov 2019 Por Marcelo Aguaysol

Un año atrás, el hombre político tomaba una determinación fundamental en su carrera política: se independizaba del poder político de turno y decidía iniciar una empresa con sello personal sin aparatos y sin padrinazgos.

Hace un año, José Alperovich soñaba que su deseo de volver a ser gobernador de Tucumán era posible porque las encuestas que manejaba le daban un triple empate con el que, en definitiva, fue reelecto, Juan Manzur, y con Silvia Elías de Pérez, la candidata del macrismo. Llegó a decir que en la provincia que gobernó el escenario era de un triple empate y que con un 34% de los sufragios se podía llegar a la meta.

Un año atrás, Alperovich se sentía como aquel que ganó en las elecciones de 2003, de 2005, de 2007, de 2009, de 2011, de 2013 y de 2015 (entre comicios generales y de medio turno). Pero en la de hace cuatro años sintió una sensación diferente: lo difícil que era para él dejar el principal sillón de la Casa de Gobierno o el poder de la lapicera.

Hace un año, Alperovich decidió ponerse en la vereda contraria a Manzur, por fuera del Partido Justicialista, sin el aparato del oficialismo, ese mismo que lo catapultó a la máxima conducción de la provincia.

Un año más tarde, aquel dirigente político escribe los últimos renglones de su trayectoria política. Una denuncia por presunto abuso sexual, por parte de su ex secretaria y sobrina segunda, le ha dado una estocada que difícilmente cualquier persona en esa circunstancia pueda reponerse.

Un año después de sentirse fortalecido, Alperovich naufraga entre el abatimiento personal y la necesidad de demostrarle a la sociedad de que aquella denuncia no tiene asidero, de que no cometió el delito del que se lo acusa.

Alperovich obtuvo algo de oxígeno, seis meses. Ese es el tiempo que durará su licencia, sin goce de sueldo, en su banca de la Cámara Alta. Necesita salir de la alta exposición pública. Ayer, en Ezeiza, evitó cualquier tipo de contacto con la prensa al llegar procedente de los Estados Unidos. Es muy probable que se quede unos días en Buenos Aires. Mariano Cúneo Libarona, el abogado que eligió para que ejerza la defensa en el polémico caso, lo esperaba para saber cómo continuar frente a la denuncia. El letrado necesitaba imperiosamente hablar con el senador para saber por dónde encarrilar la defensa. “No dudo de la inocencia del señor por lo que hemos hablado preliminarmente”, le dijo el penalista el sábado pasado a LA GACETA. La realidad necesita de certezas. El único que le puede garantizar ese escenario al abogado es el propio Alperovich.

El senador respiró ayer cuando sus pares de la Cámara Alta votaron, por unanimidad y a mano alzada, el permiso para tomar licencia. Nadie habla. Y los pocos políticos que lo hacen contestan con diplomacia y con conceptos vacíos de contenido. Nadie quiere quedar pegado. Ni siquiera aquellos que acompañan al senador desde su incursión en la política.

Un viejo dirigente señala una definición que es clásica en estas cuestiones. Compara al político con un carbón. Cuando está en el poder, todos quieren estar alrededor de él porque es garantía de un buen asado y porque el calor que conlleva es envolvente. Pero cuando entra en problemas o está alejado de la lapicera, ese carbón mancha o quema. A buen entendedor, pocas palabras…

La denuncia contra Alperovich pone también entre la espada y la pared a la Justicia. La sociedad aguarda gestos de los magistrados y claridad a la hora de definir una denuncia tan fuerte como la que pesa sobre el ex mandatario provincial. No hay lugar a las medias tintas. En ese poder y en los que ejercen la abogacía también hay silencio. Son pocos los que quieren opinar públicamente sobre una cuestión tan ríspida que golpea a uno de los hombres más fuertes que tuvo la política tucumana. Ya no lo es tanto.

Alperovich está desesperado. Trata de ponerle fin a su pesadilla. En el medio de todo esto surgió la versión de que su esposa, Beatriz Rojkés, puede tener como destino Rusia. Curiosa casualidad de que la ex senadora, amiga de la vicepresidenta electa Cristina Fernández, sea una de las elegidas como potencial embajadora en un país ligado al apodo de su esposo.

El ex gobernador quiere que todo se acabe rápido. Hoy tiene fueros; dentro de dos años, ya no los tendrá. Demasiados interrogantes sobre su situación judicial. Nadie arriesga nada; todos callan y esperan que la Justicia sea la que defina qué destino le deparará al senador nacional por Tucumán.

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