LA FOTO DEL PODER. Fernández y Macri, tras las elecciones de octubre. Reuters

Rosendo Fraga, director del Centro de Estudios Unión para la Nueva Mayoría.-
A dos semanas de la asunción del nuevo gobierno, liderar el “progresismo” latinoamericano es la prioridad del presidente electo. La liberación de Inácio “Lula” Da Silva, la caída de Evo Morales en Bolivia y la Cumbre del Grupo de Puebla en Buenos Aires han generado un punto de inflexión en su política, que lo ha llevado a dejar en segundo plano las dos prioridades que se había fijado tras la victoria en primera vuelta: la relación con la Casa Blanca y la recomposición de relaciones con Brasil. Pero el riesgo del presidente electo Alberto Fernández es quedar liderando un espacio “populista”, al que adscribirán sólo Venezuela en América del Sur, Nicaragua en América Central y Cuba en el Caribe. México mantendrá una posición propia sin involucramiento. Mientras algunos asesores de Fernández piensan que la situación difícil por la cual atraviesa América Latina, hará a Argentina una relación necesaria para Estados Unidos y ello flexibilizará la posición de Washington respecto a la deuda, hay quienes opinan lo contrario, que las críticas directas de Fernández al estadounidense Donald Trump endurecerán la postura de la Casa Blanca respecto de la Argentina.
Mientras esto sucede, el actual presidente Mauricio Macri intenta mantener intacto su liderazgo en Cambiemos, con vistas a encabezar la oposición desde el mismo 10 de diciembre. El Presidente que finaliza convocó a una marcha y concentración en la Plaza de Mayo para el 7 de diciembre, tres días antes de dejar la Presidencia, con la intención de revitalizar a sus partidarios y tenerlos en estado de movilización desde el primer día. Al mismo tiempo, para evitar que surjan intentos de disputarle el liderazgo, los que ya se han hecho evidentes, como suele ser inevitable en este tipo de circunstancias. La actitud asumida por el Congreso frente a la caída de Evo Morales en Bolivia, lo puso en evidencia. Gran parte de los legisladores de la UCR y una minoría del PRO, coincidió con la posición del Peronismo, en calificar como “golpe de Estado”, a la renuncia de Morales, contradiciendo la posición que había tomado el Ejecutivo. El Presidente se vio obligado a flexibilizar su posición. El conflicto con el radicalismo por el protocolo sobre el aborto, mostró que no será fácil mantener la unidad de la futura oposición.
En cuanto a la “transición” en si misma, hasta el momento es más declamada que real. Fernández designó un equipo de cuatro personas para conducirla, al frente de 40 técnicos y especialistas. La realidad es que en casi ningún área de gobierno se ha hecho efectivo el trabajo en común entre los dos equipos.
Sin viento de cola
El Presidente electo ha decidido explicitar la crítica situación en que recibe el país y así lo está anticipando con definiciones públicas como “toda la política de seguridad es una mentira” y sus afirmaciones de que “no tendrá viento de cola”. También ha dicho que no está siendo consultado sobre las medidas que está adoptando diariamente el gobierno que termina.
Fernández, por su parte, reunió al Consejo para combatir el hambre -integrado por dirigentes y personalidades de distintos ámbitos- para enfrentar el problema; anticipó la intención de darle carácter permanente al Pacto Social, con la creación del Consejo Económico Social.
Además, adelantó la intención de aumentar impuestos al agro, la minería y la energía. Dijo que enviará al Congreso un proyecto para despenalizar el aborto, que ya ha generado diferencias con la Iglesia. Ha indicado que el 10 de diciembre, sus partidarios deben llenar la Plaza de Mayo, para neutralizar el efecto de la previa que convoca Macri. Pero hay algunas medidas que muestran coincidencias. La decisión de la comisión bicameral que limita las excarcelaciones fue adoptada de común acuerdo, en la Comisión Bicameral que regula la aplicación del nuevo Código de Procedimientos.
En la misma la media sanción en la Cámara de Diputados de la sanción de los proyectos de góndolas y alquileres. Al mismo tiempo se va produciendo el giro de la justicia y en la semana que finalizó declarará en una causa el primer ex ministro de Macri: Juan Aranguren, habiendo pedido postergar su declaración la titular de la Oficina Anticorrupción (Laura Alonso).
En cuanto al acto de transmisión, el Kirchnerismo buscará que primero la Asamblea Legislativa (senadores y diputados sumados) elija a la vicepresidenta, Cristina Fernández de Kirchner, como su titular y que ésta tome juramento a Alberto Fernández. Un hecho simbólico pero que quizás refleja una situación política.









