Los retratos de la muerte

Natalia Véliz es una artista tucumana que se especializa en la técnica del hiperrealismo. De manera inesperada, en su camino se cruzaron los retratos de personas fallecidas. Hoy ocupa gran parte de su tiempo en esta tarea ¿Por qué los deudos recurren a ella? ¿Qué les generan esos retratos tan minuciosos? Acá, ella habla sobre un vínculo del arte con la muerte, los recuerdos y la esperanza.

16 Nov 2019 Por Álvaro Medina

Natalia Véliz retrata a los muertos, pero hasta hace unos años su vida era diferente. Trabajaba como empleada de comercio y portaba su destreza para el dibujo con la ingenuidad de quien confunde el talento artístico con un pasatiempo. Fue justamente durante el horario laboral de uno de esos rutinarios días de 2014 cuando sintió la efervescencia ineludible que la llevó a tomar la decisión que interceptó su destino: reconocer ese talento y convertirlo en un oficio.

“Terminé escuchándome a mí misma y decidí que quería dedicarme a mi pasión, que era realizar retratos. Comencé realizando retratos de artistas famosos, sobre todo músicos, pero luego comenzaron a llegarme pedidos poco convencionales, me empezaron a llegar propuestas para realizar dibujos de personas que habían fallecido”, cuenta la artista de 27 años.

Era un rumbo inesperado para el camino que había elegido pero decidió encararlo con un compromiso a la altura del desafío: “al principio fue difícil, me consultaban por mis redes sociales pero yo sentía la necesidad de contactarme personalmente. De pronto te encontrás, por ejemplo, con una mamá dolida, para la cual es súper importante el trabajo que estás por hacer. Entonces supe que debía profundizar mi empatía, potenciar mi calidez y brindar más contención que la que requiere otro trabajo”, cuenta Natalia cuando recuerda el momento en que comprendió que sobre su pulso palpitaba la responsabilidad de dibujar un duelo.

Uno de los primeros retratos de este tipo fue el de Matías Meyer, que murió asesinado durante un intento de robo –hoy se cumplen tres años de su fallecimiento-. Su madre, Alejandra Rojas (52 años), vio los trabajos de Natalia y decidió contactarla: “ella me transmitió mucha confianza, eso fue importante para mí porque pedirle la tarea de hacer un cuadro de mi hijo era como entregar un bebé recién nacido a alguien para que lo alce un ratito; te tiene que transmitir seguridad”, cuenta. Mientras avanzaba en el dibujo, Natalia iba mostrándole los avances del proceso. Alejandra no llega a definir con claridad las sensaciones que le causó esto, pero lo resume como un sentimiento positivo: después de tanto charlar y compartir su historia con la artista, sintió que esta oficiaba como una especie de médium que con su trazo lograba rescatar la sonrisa y el espíritu de su hijo.

Natalia suele realizar sus trabajos a partir de una foto de la persona fallecida. Utiliza la técnica del hiperrealismo con lápiz. Este estilo se diferencia de otros tipos de dibujos porque alcanza un nivel de detalle tan minucioso que puede confundirse con una fotografía. Reconoce que no le gustan los retratos en colores; prefiere los blancos, los negros y las escalas de grises. Cuenta que cuando un lápiz se desgasta hasta que ya no puede usarlo, no lo tira; guarda ese fragmento que queda como un tesoro. “Los lápices son una extensión de mí; me gusta conservar esos restos, porque me ayudan a recordar quién era yo cuando estaba haciendo tal obra”, confiesa.

Noelia Sáez (24) también decidió recobrar en un cuadro la figura de su hermano Marcos, quien también fue asesinado en un asalto hace casi un año. “Podría haber hecho un cuadro con una foto, pero no es lo mismo. El dibujo tiene una impronta que lo digital no posee. El cuadro de mi hermano está colgado en el comedor de mi casa y cuando lo veo me produce algo que una foto no generaría”, cuenta Noelia.

La invasión visual, el “embotellamiento” de imágenes digitales al que estamos expuestos todos los días es quizás el motivo que hace que lo análogo, lo creado de manera artesanal cobre un valor distinto. Natalia asegura que, además de la pintura en sí, lo simbólico sobrevuela en la experiencia. “Las personas vienen buscando una forma de homenajear a los seres queridos que han partido y a mí me gusta abrazar a los que han quedado, otorgarles un pequeño parche en el corazón. Transmutar algo que se siente feo en algo que aplaque ese sentimiento negativo. No digo que se pueda tapar una cosa con la otra, pero se puede crear algo positivo a través del arte”.

A veces el arte logra esas cosas: que algo tan frágil como una hoja de papel cargue con un dibujo que contenga la fuerza para ayudar a soportar el peso de una pérdida.

Esta nota fue anteriormente contenido exclusivo, sólo accesible para suscriptores.

 

Comentarios