Edificio público: el hospital apunta a recuperar el sello de Sacriste

19 Oct 2019 Por Hernán Miranda

La arquitecta Virginia Jairala trabaja en la restauración del Hospital del Niño Jesús desde hace cuatro años. “Cuando empecé el edificio estaba cuidado, pero el diseño de Sacriste y Caminos hacía tiempo había dejado de tenerse en cuenta. En realidad se lo desconocía”, recuerda.

El hospital está ubicado sobre el pasaje Hungría 750; ocupa media manzana y enfrenta a la plaza Rivadavia, primero, y la San Martín después. Así cumple con una de las máximas de Sacriste, que sostenía que las casas y los edificios deben estar rodeados por espacios verdes y abiertos. “La naturaleza -escribe- debe asegurar en la ciudad un espacio de atmósfera sana”.

La terraza jardín del Hospital, hoy en plena restauración. Fue una de las técnicas favoritas de Sacriste: reduce el calor, uno de los grandes problemas que debía afrontar en Tucumán. Además, este ambiente exterior ofrece un lugar de descanso y le presta al hospital continuidad con relación a las plazas exteriores.

El planteo formal es un bloque muy moderno de 150 metros de largo y 30 de ancho, y el enfoque racionalista de los autores se evidencia sobre todo en las fachadas. Sacriste y Caminos buscaron aprovechar las bondades de una orientación y minimizar las desventajas de la otra: el frente sur es más cerrado para protegerlo de la lluvia, mientras que una generosa galería recorre el frente norte. Por ella ingresa el sol en las tardes de invierno y la sombra en las calurosas siestas del verano.

Las escaleras que permiten acceder a las plantas superiores del hospital. La posición de las ventanas permite la iluminación natural del edificio, un rasgo propio del movimiento moderno

“Hoy no queda ni una tercera parte de la galería original porque se hicieron muchas oficinas, aunque la idea es ampliarla al menos a 50 metros”, lamenta Jairala. Una de las desinteligencias que han ocurrido consiste en las salas de espera innecesariamente cerradas, porque la galería es de por sí una sala de espera.

Las escaleras que permiten acceder a las plantas superiores del hospital. La posición de las ventanas permite la iluminación natural del edificio, un rasgo propio del movimiento moderno

Antes de empezar a trabajar en la puesta en valor del Hospital, Jairala se zambulló en el Departamento de Historia de la Facultad de Arquitectura. “Encontré la memoria de la obra -cuenta- y empecé a rescatar los colores. El color que había elegido Sacriste era el blanco, pero después pintaron las paredes de marrón para que no se notaran la suciedad y el moho. Pero la verdad es que era deprimente. Entonces hoy tenés los colores originales: del lado de la calle Rondeau es blanco y en el pasaje hay verdes y amarillos”. Con estos colores Sacriste había mimetizado la fachada y los naranjos de la plaza, de acuerdo con su idea de que los edificios deben parecer surgidos del paisaje.

Además, el Hospital del Niño Jesús posee una terraza jardín cuyos beneficios los médicos no ven. “Creen que por eso entra agua en el hospital. Es un edificio de 50 años y las losas están muy dañadas por el peso y las vibraciones de las máquinas y los aires acondicionados. En realidad, no se inunda gracias a la terraza jardín, que protege la losa y las impermeabilizaciones”, explica Jairala.

Virginia Jairala.

Esta terraza vegetal se encuentra hoy en plena restauración. Tiene un montón de beneficios arquitectónicos: entre otras cosas, es aislante acústico y térmico. “El hormigón conserva el calor -expone Jairala-, mientras que la terraza jardín absorbe la energía solar y puede disminuir la temperatura del edificio ¡hasta ocho grados!”.

Pero el techo verde cumple sobre todo el requisito arquitectónico que Sacriste consideraba más importante: es el espacio donde los niños, las enfermeras y los médicos pueden respirar en paz.

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